domingo, 26 de diciembre de 2010

EL MEJOR REGALO DE NAVIDAD

Un día en casa revolviendo mis cosas vi una caja, encontré en ella miles de objetos pero hubo uno en especial que me hizo retroceder en el tiempo con nostalgia tremenda… un pequeño muñeco roto.

Era la navidad del 87, por aquellas épocas ya se respiraba el profundo pero grato olor a pólvora quemada, indudable señal de vísperas de Navidad.
En casa, recuerdo muy bien, todo era un loquerio. Mi madre cocinaba, mi padre preparaba su famosísimo relleno para el pavo, mientras que nosotros ordenábamos nuestros cuartos.

Esteban y yo, nos escapábamos para salir y jugar con nuestros amigos de la cuadra antes que nos lleven a misa, Bernardo temeroso en casa no quería salir, aunque se moría de las ganas, sí, Bernardo, el Benjamín de nuestro hogar, le temía a los ruidosos cohetes, así es, durante varios años Bernardo no paso de la famosa pero ridícula chispita mariposa.

Ropa nueva, emociones a flor de piel, corría, sudaba, ansioso por oír las doce campanadas de aquel viejo reloj de casa, cenar en familia y quienes cayeran, hacer el brindis, tomar a regañadientes el chocolate ennatado, comer el pavo lo más rápido que se pueda e ir corriendo a abrir los regalos.
A decir verdad ese año fue uno de los mejores, los regalos que nos entregaron, los cuales obviamente no estaban dentro de la interminable lista que escribíamos a papa Noel, ya que aquella vez esperaba que me compraran juguetes jamás creados por el hombre, pero elaborados y construidos por mi enorme imaginación.

En casa, Esteban, mi hermano mayor, con tranquilidad, y hasta podríamos decir indiferente ante aquel enorme paquete que con su nombre debajo del árbol se encontraba, observaba la televisión; Bernardo, de cabello ondeado, de mirada asustadiza, muy delgado, bastante silente, con un rostro que más que emoción era de miedo por la venida de las doce y pensando en el pánico que sentiría por evitar oír los ruidosos petardos, hacían que olvidara aquel pequeño y discreto paquete envuelto en papel de regalo rojo, siendo lo mas saltante la tarjeta en donde se encontraba su nombre.
Por mi parte, reconocer y aceptar que fui un niño tranquilo y obediente seria mentir, mi curiosidad era enorme, tanto como las ganas de querer saber que llevaba dentro aquella caja, no más grande que una de zapatos, forrada con papel de regalo color verde cuyo diseño era un árbol de navidad lleno de bolas doradas y un largo lazo color rojo.
Tres sensaciones y posturas distintas, tres hermanos criados bajo el mismo techo con las mismas reglas…pero a la vez tan distintos hasta el día de hoy.

Fue durante la tarde del 24 que mi curiosidad trato de interponerse a la tradición…con la osadía y picardía que me caracterizaba, intente ver qué era lo que contenía mi regalo.
Llegaba de jugar fulbito del parque, entraba deteniéndome en la cocina para tomar grandes sorbos de agua, observando que nadie había alrededor fui a llamar a Bernardo.

-¡¡Bernardo, Bernardo!!- eran los susurros dirigidos a mi hermano menor que aún estaba en la calle.

-Ven, vamos a ver que nos han comprado- instantáneamente Bernardo entro corriendo a casa despidiéndose de la gente llegando a la sala y observando con impaciencia, curiosidad e intriga aquellos regalos.

Bernardo miraba su regalo con cierta decepción, ya que era el más pequeño en comparación a los otros, cabe resaltar que siempre los regalos de Esteban eran los más grandes, siempre fue así y así se mantuvo hasta nuestra última navidad antes de dejar de ser niños.
En casa las jerarquías tenían que respetarse, siendo Esteban el mayor de todos pues tenía derecho absoluto y mayor privilegio en recibir el regalo más caro y mas grande, a diferencia de Bernardo y yo.
Diría que en esta ocasión el regalo de Bernardo era demasiado pequeño, en cambio yo miraba el mío con ansias enormes que cuando menos lo esperé ya estaba entre mis manos, intentando despegar el papel de regalo sin romperlo para que no lo noten.
Fue en ese momento de sigilosa y delicada operación cuando llegó Esteban.

-¡¡Hey!! , ¿Qué hacen?- yo mirándolo le dije.

-Ven, y no hagas bulla para que veas tu regalo- error, Esteban era la persona más moralista, correcta e ingenua que a mis cortos 8 años había conocido.

-¡¡Dejen eso o le digo a mi mamá!!- fue su imperativa respuesta.

Con mirada de pocos amigos pero a la vez algo preocupado en que Esteban diga algo, pues deje todo y me fui a mi cuarto inmediatamente, no había llegado a ver nada, pero ya llegaría el momento de saberlo.
Aquel año solo éramos nosotros, mis padres y hermanos, no cayó nadie de visita, a comparación de otras navidades como solía ser la costumbre.
Terminamos de cenar, mi padre hacia el brindis del cual todos participábamos con el champagne, previo a ello mi madre con sus características oraciones de agradecimiento a Dios bastante prolongadas en donde se los juro, miraba al pavo y creía que resucitaría de tanta plegaria.

Recuerdo que como una clásica noche de 25, las estrellas en el cielo eran reemplazadas por los pomposos cohetes, no se observaba absolutamente nada, el humo opacaba el cielo, el inicio del verano ya se sentía, el calor no era insoportable pero si se percibía ligeros bochornos, a pesar de ello, mi madre nos servía el chocolate caliente, el cual odiaba y nunca lo terminaba… ¿qué hacer contra las viejas tradiciones a tus 8 años?… les aseguro que no mucho.

Llego el momento esperado, las campanas sonaron, el ruido ensordecedor de los petarnos, Bernardo abrazando a mi mamá muy asustado él, mi padre aún comiendo, Esteban abrazando a mi mamá deseándole una Feliz Navidad y luego saliendo a saludar a los vecinos.
Por mi parte con dos sensaciones encontradas, por un lado el querer salir a jugar y ver la magia, el brillo de los fuegos artificiales y divertirme con mis amigos y por otro el querer quedarme para ver mi regalo y el de mis hermanos, pero antes tenía que terminar de cenar y sentía que no lo haría nunca.

Tuve que decidir, opte por quedarme y ver mi regalo y el de mis hermanos, presuroso fui el primer en abrirlos.
Les aseguro que sentía interminable el momento, parecía una de aquellas películas en donde una escena se prolonga indefinidamente.
Llegue a la caja matriz en donde con plástico transparente, cual ventana, se podía observar el contenido, un pequeño muñeco, color verde, de tan solo articulaciones en los codos y rodillas, con un cinturón en donde colgaba de el una pistola láser. Un muñeco completamente sencillo pero de buen diseño y poco común en el medio.

Lo abrí, quite con sumo cuidado los sujetadores que lo mantenían unido a la caja, muy despacio lo cogí y colocándolo entre mis manos, con la mirada pegada en el, fui a darle las gracias a papá y mamá. No me importo saber cuál fue el regalo de Esteban ni de Bernardo, fuese cual fuese y cueste lo que cueste, para mí era el mejor de todos…mi mejor regalo.
Aquella noche dormí con mi regalo entre mis manos, nunca antes lo había hecho, nunca antes había sentido un apego tan especial y particular como con dicho muñeco, aquella Navidad soñé, sí, soñé como nunca antes había soñado, soñaba que peleaba al lado de mi muñeco, que liberábamos personas y que yo a pesar de estar herido continuaba peleando hasta que de pronto, un fuerte jalón en mi dedo del pie me despertó.

-Au, ¿Qué cosa?- dije.

Era mi padre, él tenía la mala manía de levantarme siempre de la misma forma, forma que obviamente detestaba.

- ¡Ya levántate!, ¡Baja a tomar desayuno! – fueron sus imponentes palabras.

Eran las 8:00AM, desayuno de navidad, comeríamos lo mismo que lo de la noche anterior, pavo que duraría por lo menos todo un mes.
Movía mis dedos sintiendo entre ellos al nuevo regalo, a mi nuevo muñeco, lo sujetaba con fuerza, yo aún sin abrir los ojos, esbozaba ya una sonrisa, una sonrisa de placer, alegría vespertina, con los ligeros rayos del sol dándome en la cara y a pesar del jalón de pie me levante feliz.

En la sala teníamos el televisor, frente de este un mueble con capacidad para tres personas, obviamente sentadas, y en cada extremo un mueble individual.
Llego a la sala, veían dibujos, los famosos pitufos, en dicho mueble se encontraba Esteban y Bernardo, cada uno recostados a lo largo, yo, aún con mi muñeco entre mi mano busco sentarme con ellos, inicialmente impidiéndomelo Esteban, yo algo fastidiado intento sentarme nuevamente e increpándole.

-Oye, ya pues, siéntate bien- con un ligero empujón a sus pies.

Esteban fastidiado al ver que buscaba a como de lugar sentarme en dicho sitio, no vio mejor manera de evitarlo que colocando su enorme pie en mi pecho y empujándome con fuerza.
En ese momento al sentir que caía pues por acto reflejo coloco mis manos para amortizar la caída.
Al levantarme, yo furioso, quería arremeter contra Esteban, sin darme cuenta aún de lo ocurrido. Bernardo se levanto, recogió del suelo algo mientras yo intentaba arremeter contra Esteban, jaloneo mi polo y así entregando lo que fue para mí el momento más difícil, ver mi mejor regalo roto.

La caída había hecho que todo mi peso reposara en mis manos, en ellas se encontraba mi muñeco el cual perdió una pierna… perdió una pierna en batalla.
No llore, tan solo con furia reprimida intente ver la forma de darle solución, bueno, el resto ya es simple deducción…quedo como lo volví a encontrar, nunca olvidaré a ese muñeco…Un Bioman.


...Los recuerdos aparecían de manera abrupta y fulminante, continuaba viendo escenas de mi vida, no sabía realmente cuanto tiempo había pasado, solo oía ruidos de sirenas, olor a gasolina, sentía como si sudor resbalara por mi frente, pero dudo mucho que lo fuera, aún dentro del auto las escenas iban y venían…

miércoles, 22 de septiembre de 2010

RECUERDO QUE SE CONVIRTIO EN HISTORIA Y NO EN GEOGRAFIA

Aquella mañana de resaca, me propuse desechar todo aquello que ya no me servía, comencé tirando al suelo todo lo que estaba sobre mi escritorio. Encontré miles de papeles, recibos, voucher y un sin números de cosas que en realidad no le veía el sentido de continuar teniéndolos.

Me senté al borde de la cama y empecé a hacer terapia…rompiendo papeles.
-Sirve, no sirve, sirve, sirve, no sirve…- eran las palabras que decía mientras eliminaba cada uno de ellos, de pronto…en una hoja cuadriculada doblada en mil encontré lo que menos esperé…un poema que le había escrito a Daniela cuando se presento nuestra primera rencilla y breve distanciamiento.

Un cielo vacio y oscuro
¿Acaso habla de la no existencia de estrellas?
Pues no...Ellas ahí se encuentran
Poco o nada visibles...pero ahí están.


EL EMBRUJO DE UN BESO

Si uno mirara directo a tus ojos
cuenta se daría de lo bello y expresivo que son,
pues mirada como la tuya no se encuentra.

Sonrisa contagiante...
de solo mirar tus labios
provoca acercarse lentamente
y robarte un beso... deseo
eso es lo que ahora quiero.

Que desdichado el hombre que lo haga
pues perdido quedará,
porque cruel hechizo llevan aquellos labios,
que con el simple roce ya otros no querrás,
ya otros no recordarás,
ya en otros dejarás de pensar
y solo con aquellos anhelante vivirás…

Por favor, rompe aquel embrujo
Pues me mata y resquebraja
Porque soñando en ellos duermo…
Pensando en ellos me levanto
Sin dejar de olvidar
ni por un segundo de cuanto te extraño
porque no estás a mi lado.


Terminando de leer aquel sencillo, recordaba todos los locos momentos que pase con ella en su viejo auto, la madrugada, cómplice de nuestros encuentros, las calles solitarias testigo de sus locos gritos de amor, nuestras eternas conversas, nuestras interminables despedidas, canciones dedicadas que tocaron lo más profundo de mi corazón…sí, eso y máS pero que ahora sólo eran recuerdos, no muy lejos se convertirían en historias…sí, eso…sólo eso, historias de amor…un efímero amor.

Mirando aquel poema me dije:

-No….no sirve- y lo rompí.

Al rasgarlo llego a mi mente la sonrisa de Sandrita, a mis casi 18 años aún no olvidaba a aquella chica que de la manera más inesperada, ingeniosa y tierna se acerco a mí. Pero no era el momento adecuado de buscarla, ya que había un capitulo de mi vida por cerrar.

Las campanas de una boda sonaban en mi mente, los aplausos, las sonrisas, los flashes de las fotos serian para ellos, había una cierta desazón pero a la vez tranquilidad, porque sabía que ella no era para mí, se casaría, se quedaría con él y sería feliz.

Ya habían pasado más de diez años…todo había quedado como experiencia, muchos gratos recuerdos, que por cierto hasta olvidados creía.
Fue una tarde haciendo compras en un supermercado donde escucho aquella chillona pero graciosa voz…sí era Daniela, de la mano de dos niños, iban cantando… sonreían.

Estoy seguro que me vio, tan seguro de cómo yo haberla visto a ella…fue en ese instante que sentía que tiraban de mi saco, volviendo mi mirada hacia abajo escuché la voz más tierna de este mundo que preguntaba.

-¿Quiénes son? ¿Los conoces?- Con una enorme sonrisa le respondí.
-No mi amor, no se quienes son- mirándola fijamente a los ojos le dije.
-Pero lo que sí sé es que Papá te ama.-

lunes, 24 de mayo de 2010

UN RADICAL Y APRESURADO ADIOS

Disimular mi desconcierto es posible, lo que no comprendía y a lo que no podía ser indiferente es como en unos minutos toda una serie de sensaciones y expectativas se vinieron abajo cual castillo de naipes.
El conocer a alguien en un lugar, como un bar, y volverse a topar con ella es poco probable, pero volverse a topar con la misma persona y que esta esté comprometida y con uno que fue en algún tiempo tu mejor amigo pues déjenme decirles que…. suena imposible.

-Hey… Mateo ¿no vas a felicitarme? – me dijo Pepe, yo con sonrisa congelada me acerco y le doy la mano chocando solo un ladro de nuestros hombros.
-Felicitaciones maricón, ya era hora, por fin dejaremos de cuestionar tu virilidad… ¿eso espero?- diciendo esta última frase con una sonrisa la cual fue directa a Daniela, ella sonrió también.
En ese momento los veía y para mí no eran la pareja perfecta, pero quizás solo era mi idea o un deseo muy personal.

Daniela, chica complaciente, inteligente, emprendedora, de mente positiva, ceñida a las normas, idealista y soñadora, de objetivos claros, ambiciosa, con no mucho tino para decir las cosas siendo este su punto más flaco, de ojos pequeños, con unas piernas espectaculares… me encantaban, de test clara y mediana estatura, voz chillona, escandalosa como ella sola, emocionalmente estable, con una gran capacidad para relacionarse con las personas pero celosa en extremo y engreída como nadie, esas eran algunas de sus características más saltantes.

Después de ese evento la frecuencia con la que nos cruzábamos era mayor, considero que era una casualidad casi forzada… ¿Porqué? me gustaba verla.
Definitivamente después de la presentación que Pepe nos hizo pues mi actitud cambio, el mantener la distancia hacía más compleja mi postura, la evitaba, no la miraba a los ojos, muchas veces hasta me sentía incomodo tenerla cerca, no sé si ella lo notaría.
Pepe llevaba poco tiempo con Daniela, pero para él era suficiente como para pedir su mano, se sentían seguros de ello al parecer o al menos eran lo que reflejaban.
Ella ya era parte del grupo, Daniela iba a las reuniones por su cuenta y en muchas de ellas la vi sola, sin compañía de Pepe, era algo que me sorprendía de sobremanera.

Fue en una de esas reuniones en la que todo empezó, fue en uno de esos momentos en los que todos salen a bailar y de pronto nos vimos solos… ella y yo, sentados uno frente al otro.
Ese día hablamos toda la noche, yo la pase muy bien, comentando de todo un poco, riéndonos de anécdotas que cada uno pasó en situaciones y con personas distintas, en realidad fue el inicio de algo que se veía venir.
Esa fue la primera de un sin número de noches que vinieron después…sin darme cuenta ya estaba involucrándome con ella, todo fue tan rápido, tan sutil pero no sorpresivo porque quizás también era lo que yo quería, sí, una cosa lleva a la otra, el primer beso robado en una de nuestras tantas salidas…un beso mágico, que despertó mi imaginación, hablando mi mente y mi corazón, olvidé que estaba comprometida, olvidé que era novia de mi mejor amigo, olvidé que no debía porque realmente yo quería.
Todo era muy extraño, al conocerla era como si ella fuera la mujer de mi vida, la que debía estar a mi lado, mi complemento perfecto, el engranaje que calzaba en mí.

Ella solía mirarme, sonreía, me abrazaba, me decía que yo ere el hombre que también tanto buscó, que era muy importante para ella, que me necesitaba, que dejaría todo atrás porque realmente quería ser feliz...no por mí, por ella. Yo la miraba, la oía, pero dentro de mi aún la incertidumbre me embargaba.
Muchas cosas giraban en mi cabeza, yo sabía lo que quería y se lo decía con frecuencia, pero ella ¿lo sabría?, ¿sabría lo que realmente ella buscaba?, eran las preguntas que siempre aparecían en los momentos más complicados, momentos que no estaba conmigo pero si con Pepe.

Con Daniela había ya pasado momentos maravillosos, nuestras citas clandestinas eran siempre espectaculares, a pesar que con frecuencia terminaban llenas de cuestionamientos, siempre la pasábamos muy bien. Recordaba, y claro cómo olvidar, la primera noche juntos, el miedo la inundaba, veía reflejado en su rostro por la tarde la seguridad y firmeza de un roble cuando confirmo nuestra primera noche especial, pero llegado el momento temblaba como una hoja a merced del viento. Fue una noche que no olvidaré, que me hizo soñar, que me hizo llegar a pensar en un futuro no muy lejano con ella…fue la noche que un miedo se rompió y se abrió paso a una nueva etapa…una etapa de buscar amar...un amar de verdad, lleno de esperanzas y sueños…expectativas, sí, así fue.

Recostados en la cama, ella sobre mi pecho el cual pareciera que buscaba oír mi latir...como si tratara de saber si ella se encontraba dentro de mí. Fue una de esas noches donde me dijo.

-¿Sabes que es lo que quiero?- mientras lo decía se paró de la cama y se dirigió hacia su bolso, mientras yo miraba su maravilloso cuerpo, su gracioso andar, su cabello siempre sujeto para que no interrumpa el recorrido de mis labios por aquellas partes que la hacían estremecer y erizar su piel, para que no oculte lo bello de su rostro, para que no rompa o corte el momento…nuestro momento.
La vi volver con un pequeño cuadro entre manos, se volvió a sentar a mi lado y dijo:

-¡Esto es lo que quiero! ¡Este es mi sueño! Es lo que visualizo- yo veía una imagen dentro de aquel cuadro, veía a una pareja feliz, una casa al fondo con grandes palmeras, que eran iguales a los condominios de Miami, en la puerta de la misma un carro si no me equivoco era un Jaguar, un perro y niños jugando.
-Esto es lo que quiero, a esto quiero llegar, lo enmarque hoy y lo pondré en mi escritorio, así será nuestra vida- yo miraba el cuadro, la miraba a ella y volvía a mirar el cuadro, un cuadro donde era una pareja que no era ni ella ni yo, un sueño que podría visualizarlo con cualquiera, que lo compartía conmigo sí, que me lo proponía a mí, pero ahí no estábamos los dos, si no otros.
-Bonita foto, si me parece bien- fue lo único que dije, no dije más nada, pero si lo pensaba.

Ideas invadían mi mente, giraban como un huracán, ahora pensaba y veía como los días pasaban y una boda se aproximaba... y ella no decía nada.
No quería presionarla, quería que ella maneje todo, me dijo que se alejaría que lo haría, que acabaría con toda esa farsa, porque lo de ella era costumbre e ilusión.

Para mí todo seguía igual, no le preguntaba nada al respecto, esas eran sus cosas, cosas que tenía que solucionar ella sola, pero yo ya estaba en medio y de por si era complicado, lo único que me quedaba era sólo esperar el momento, que hiciera lo que para ella era lo mejor.

Habían pasado ya algunas semanas cuando se aparece Pepe en mi casa muy tarde, toco la puerta y lo hice pasar, no sabía lo que quería, no sabía a qué venía, lo veía algo tenso, su ingreso fue muy raudo y veloz, estaba parado en mi sala, tomo aliento y dijo.
-Mateo, disculpa la hora, pero quería hablar contigo, esto es muy importante y no es cualquier huevada- lo veía que caminaba por toda la sala, no comprendía aún que era lo que me iba a decir, por un minuto pensé que lo sabía, que se había enterado de todo, que venía a arreglar las cosas como hombres. Yo preocupado pues no quería ningún escándalo dentro de mi casa, me pare delante de él y le dije.
-¿Puedes hablar de una vez? o ¿prefieres que vayamos afuera?- mi mirada era seria, pero la de él era evasiva, muy esquiva. Yo parado frente a él con los brazos cruzados observando todo sus movimientos cuando entonces hablo.
-Mateo, quiero que seas mi padrino de Bodas- me quede helado, lo miraba, yo, totalmente confundido sin saber que decir me senté en el mueble, lo peor vino después.
-Vengo de la casa de Daniela y justo le comente la idea-
-¿Ella que te dijo?- fue mi inmediata pregunta.
-Nada que sí, estaba de acuerdo.-

No sabía que decir en ese momento, no sabía que pensar, Daniela continuaba siendo parte de una boda que supuestamente cancelaria y lo peor de todo quería que estuviera presente.
Daniela, para mí, no era cualquiera, yo estaba enganchado, si enganchado con ella, mi corazón latía al ritmo de su respiración, en mi mente y sueños la veía a ella.
Pepe muy pronto saco de su casaca un sobre…era la tarjeta de su boda, todo seguía en pie y yo en medio de los dos, extendió su mano y me dio la tarjeta.

Aquel día muy sutil y diplomáticamente le dije a Pepe que no podía aceptar tamaña responsabilidad, que no me sentía digno y que estaba muy agradecido por su propuesta que nunca la olvidaría, tuve que decirle eso, porque la verdad era que me sentía como un hijo de puta y como un huevón, pero eso no tenía que saberlo él, me bastaba con saberlo yo.

Aquella noche, después que se fue Pepe, de seguro pensando en quien pedir que sea su padrino, rompí la tarjeta, prendí un pucho y me chupe media botella de whisky, un chivas, que mi viejo tenia ahí guardado para eventos especiales, este era uno, el destierro de Daniela de mi vida. Sí, me iría sin despedirme, me borraría del mapa y los dejaría ser felices.

Pero la verdad es que Pepe no me había contado la historia completa, historia que sólo supe años después y que el tiempo se encargaría de esclarecer.

viernes, 23 de abril de 2010

LA NOVIA DE MI MEJOR AMIGO

Al día siguiente, me preparo para ir a la reu que en realidad no me motivaba mucho, aún algo cansado y sin muchas ganas de salir fui.

Llego y comienzo a caminar entre toda la gente que estaba ahí…iba saludando a quienes recordaba, a sus respectivas y allegados, fue ahí que me reencontré con el gordo Carlos, la fuerza de choque en cuanto problema se presentaba , el pelao Renzo, el tío Javier y su eterna enamorada, estaba también la loca Silvia, a la cual temía que se me acerque, a veces sentía que me miraba extraño, y así una serie de amigos que venian estudiado conmigo, cuando de pronto desde el fondo de la casa se escucho el sonido de una voz ronca y estrepitosa, era Pepe, como siempre, él todo escandaloso.

Pepe, un buen amigo de viejos tiempos, pero que por cuestiones de desarrollo profesional nuestros caminos se separan y como consecuencia el distanciamiento.
-¿Maestrito…eres tú?...compare que ha sido de tu vida- acercándose y dándome un fuerte abrazo emocionado por el encuentro con su viejo amigo.
-Hola Pepe, ¿como estas?- yo siempre tranquilo, con no más de una palmada en el hombro y acomodándome la camisa después de aquel apretujón que me dio.
-Ya era hora de volvernos a ver y motivo para unos tragos- Pepe siempre en una fiesta esta de grupo en grupo, nunca lo encontrarás en un solo lugar, va de aquí para allá, Pepe…un amigo de todos.
-Sí, ya era hora, oye voy a seguir saludando a la gente, te veo en un toque- con salida diplomática porque si seguía ahí, pues era ahí donde quedaría, quería ver a quien mas encontraba.

Salgo al patio sin encontrar nada bueno y me propongo a fumar un pucho, mientras trataba de encender mi cigarrillo escucho un susurro detrás de mi oído
-Hola, ¿como estas?, que guapo, bueno, como siempre- ese era el saludo característico de Silvia, frases que según decía, le permitiría lograr su objetivo, ella, siempre de cacería y dentro de sus víctimas inmediatas me encontraba yo, una vez que la loca Silvia se le prendía a alguien era su objetivo hasta el final de la fiesta.

Al sentir sus labios casi rosando mi oído, empecé a pensar en cómo salirme de esa…cuando de pronto.
-¿Me prestas tu encendedor?- sí, era ella, no podía creerlo, era ella, no la vi igual…la vi mejor.
-Pero claro, lo que quieras- le dije, ella sonriendo me lo devuelve y me dijo.
-¡¡¡ay!!! Pero que poco caballero, ¿me lo podrías encender?- ¿encender? -me decía- te lo prendo, te lo apago y si quieres contigo hasta la luna…eran mis locas ideas por la sorpresa de verla ahí y tenerala ante mis ojos nuevamente....estaba convencido que no la perdería esta vez.

Cojo el encendedor y cumplo con lo solicitado, la miraba, miraba sus labios que tocaban la colilla del cigarro...la envidia me embargaba, sentía que me consumía...como aquella primera pitada.

Ella había observado de lejos todo, sabía que estaba en una situación algo complicada y me saco del apuro.
-Gracias- me dijo.
En aquel momento ponen una salsa que la recuerdo muy bien y que me encantaba…una del gran combo.
-¿Me lo prestas? me encanta esa canción- No le dio tiempo de responder siquiera a la loca Silvia, cogió mi mano y me saco de ahí llevándome lejos.

-Mínimo gracias ¿no?- me dijo mientras íbamos camino a la sala donde todos se encontraban.
-Bueno, gracias…Daniela- en ese instante ella algo sorprendida soltó mi mano volteando a verme inmediatamente con una enorme sonrisa.

Era un momento mágico para mí, en ese instante me decía a mi mismo -las casualidades no existen- pero todo se vio interrumpido cuando veo que Pepe por detrás la coge de la cintura y le da un beso en la mejilla. Yo miraba y no entendía.

-Brother te presento a mi novia Daniela, nos casamos en unos meses, Daniela te presento a uno de mis mejores amigos...Mateo.

lunes, 12 de abril de 2010

UNA CHICA LLAMADA DANIELA

Eran los tiempos más tranquilos de mi vida, yo, hombre suelto en el ruedo, sí, no tenía enamorada y en consecuencia no tenía que rendir cuentas a nadie.
Hacía algún tiempo que me había dado un break con Sandrita; mi trabajo y mis estudios me absorbían y ella no lo entendía, mi paciencia tuvo un límite y decidí dar un paso al costado de forma temporal hasta que las aguas se calmen, ella, aún sin comprenderme acepto mi requerimiento…se alejo.
Por aquel entonces no salía de forma frecuente con nadie, creo que ese fue un detalle importante, me encontraba con la guardia baja, mi corazón no estaba dentro de aquella caja de acero en donde con frecuencia lo suelo colocar y así evitar sucumbir al aflore de sentimientos que puedan enternecer mi alma y ablandar mi cerebro.

No buscaba enamorarme, ya eran años, durante los cuales, fui perfeccionando una técnica muy eficaz, la cual me había permitido salir bien librado de todo enredo sentimental del que me podía encontrar, técnica que fue madurando con el paso de los años y que había sido ya parte de mi.

Era verano, el sol arreciante y por momentos casi asfixiantes, en aquella época jamás pensé encontrarme en una situación como la que viví, de la cual no me arrepiento y si he de reconocer algo pues sería que “Me enganche”.
Sí, el hueso duro de roer sucumbió en brazos de quien menos esperó, no porque sea considerada una mujer inalcanzable o algo por el estilo, si no porque era una mujer prohibida.

Yo muy distanciado de diversos círculos de amistades, advocado a mis estudios y nuevo trabajo, vivía tranquilo y contento. Fue que por aquellos días me llega una invitación, un correo masivo de aquellos que busca reunir a la gente y así aprovechar para pegarse la bomba por la ocasión.

Un día, antes de la reunión, se me ocurrió salir a un bar con unos amigos, ahí hablando y contando nuestras hazañas y conquistas temporales, en uno que otro momento regresionando a etapas ya olvidadas, entretenidos en nuestros enredos anecdóticos y hablando de expectativas a corto y largo plazo.
No muy lejos de nuestra mesa, un grupo de chicas bailaban, de entre todas había una que atrajo mi mirada, ella de encantadora sonrisa, cabello lacio suelto, no muy alta…no muy baja…su tamaño era perfecto para mi, llevaba puesto una blusa de color celeste con un ligero nudo a la altura de la cintura, de ojos pequeños pero vivaces, pero era su sonrisa la que me mataba. Sin intención de perderla de vista fui a comprar una jarra más, esperaba en la barra cuando a unos metros ella se acerca a pedir un cigarrillo al barman, yo la observaba y fue un segundo en que nuestras miradas se cruzan, un segundo que para mí se volvió eterno y no quería que terminase, en aquel momento le entregan el cigarrillo que solicitó rompiendo ahí la conexión visual…ella me encantó. No pude evitarlo y la volví a ver, fue ahí cuando me vio y yo sonreí…eso fue todo. De pronto una de sus amigas la llamo y dijo:
-¡Daniela!... apúrate… ya vamos- haciéndole señas e indicándole que ya estaban de salida.

De ella solo me quedo una hermosa imagen y un nombre… Daniela.

sábado, 3 de abril de 2010

LA PROFE DE INGLES

Viviendo mi nueva etapa académica, rodeado de otro grupo de gente, mi vida a trotes presurosos avanza.
Por cosas del destino llego a conocer a Milagros.

Milagros una muy joven y guapa profesora del curso de ingles del turno noche, de ojos verdes, cabello castaño, de aparente seriedad, del tipo intransigente y estricta, de voz suave pero segura, con un buen señorío de si misma, hacía y deshacía a su antojo lo que mejor le parecía, con notorio poder dentro de la institución educativa, Milagros mantenía una relación muy discreta, pero a todas voces conocida, con quien en aquella época era el Jefe del Departamento Académico, he ahí donde radicaba su derecho auto otorgado de encargada en aquella área.

Por mi parte hacía lo imposible por continuar con los entrenamiento de Judo, acomodando mis horarios, evitando que se crucen y así no verme afectado en ningún aspecto. Mis padres en notoría oposición ante mis deseos de desarrollarme en los deportes de contacto, pues tratan de mantenerme al margen de los mismos, yo no permitiría que eso suceda, es así que me las ingenio para que no se enteren de mis entrenamientos clandestinos y así poder continuar con una de mis pasiones.
De hecho fue difícil mantenerlo oculto en un inicio, pues los golpes y lesiones tanto en el rostro como en extremidades, quemaduras por fricción en piernas y espalda no pasaban desapercibido, mi madre me observaba, sabía que no eran las famosas clases de guitarra por la cual ella pagaba en donde me hacia eso, salvo que creyera que yo era una bestia y que colmando la paciencia del profesor me hacía acreedor de algunos cuantos golpes, siendo eso, para ella, la única razón de ser de aquellas lesiones.
Sí, pagaba lo del Judo con mis supuestas clases de guitarra, clases que ha decir verdad eran de esquina, sentado con amigos y con los famosos funkies aprendiendo notas, canciones, ahí mi exigencia tenía que ser el doble, siendo casi casi un autodidacta en la materia musical.

Fue por un permiso especial que recurro al área académica, es ahí donde interactuó de manera directa con Milagros.
-Buenos días, me dijeron que aquí me podrían dar un permiso para mi ingreso a clases fuera de la hora permitida- le dije a aquella profesora que no levantaba la mirada mientras hablaba sobre mi solicitud.
-Sí, deja tu constancia y se revisará. Te avisaremos uno de estos días- me respondía sin siquiera mirarme.
-No puedo esperar tanto, esto es algo personal y muy urgente- siendo ya una exigencia y llegando casi a ser un reclamo, apoyo mis manos en el escritorio donde ella se encontraba, fastidiado por la indiferencia con que me trataba y el poco interés que le daba a mi situación exprese de manera notoria mi incomodidad.
Fue ahí donde levantó la mirada y dijo.
-Haré lo que tenga que hacer, siguiendo los procedimientos que requiera tu solicitud y te daremos una respuesta lo más pronto posible.- me puso la sonrisa más cachosa del mundo, yo aún de pie frente a su escritorio, fastidiado por la ironía la seguía observando, bajando la mirada continuo escribiendo y dijo.
-I am very busy .. can you leave me alone?-
-Thanks for your help. I wait for your answer, Thank you once again.
Mientras le respondía me observaba algo sorprendida, no se si por lo mal que hablaba el ingles o porque no se lo esperaba.
Devolviéndole la misma sonrisa que me dio durante mi reclamo…me fui.

Solo pasó un par de horas y ya tenía mi permiso aprobado, hasta ahí nada fuera de lo normal. A la semana siguiente la miss Roxana no llegaba a clases, cosa rara ya que ella era la persona más puntual que había visto. De pronto veo ingresar a Milagros, diciendo.
-Good morning chicos, a partir de hoy reemplazare a la mis Roxana quien se hará cargo del turno de la noche- Sí, Milagros de un día para otro le entraron las ganas de volver a ser profesora, ya que en la noche solo iba, dejaba una copia la cual repartía y se iba a su casa.
Durante los primeros días era como si yo no existiera en clases, nunca me llamaba para orales, ni para realizar los ejercicios al frente, en un inicio eso no me incomodo pero luego me preocupo…no quería ser odiado y por ende jalado del curso.

Un día durante la clase de Economía me mandan a llamar del Departamento Académico, era Milagros quien quería hablar conmigo, muy amable me hizo pasar y me planteo una propuesta que me sorprendió, ella fue directa y clara en todo momento.

-Mira, están buscando personal para el área de producción, ¿te interesa?-

Producción...el área soñada, el corazón de cualquier industria, es ahí donde uno observa y participa de manera directa de la transformación de la materia prima en producto terminado, un área que me cautivaba y a donde aspiraba llegar…aunque nunca tan pronto.

-Claro que sí, ¿Donde me tengo que presentar?- fue mi inmediata respuesta
-Bueno tienes que irte ahora a esta dirección- alcanzándome un post-it.
-el proceso es hoy- me dijo.
-¿Hoy? Pero estoy en clases y no me encuentro vestido de forma adecuada- tenía 17 años y como era de esperarse pues un buen polo, Jean y zapatillas son suficientes.
-Mira, solo ve…y por tus cursos no te preocupes, yo me encargo- no lo pensé dos veces, subí corriendo tomo mis libros y cuadernos y salí volando de ahí.

Llegue a la dirección indicada, encontrándome con seis chicos, todos formalmente vestidos, definitivamente era el lunar, me sentía súper incomodo, pero no me quedaba de otra ya estaba ahí. Otro aspecto que me llamo la atención fue que ellos eran notoriamente mayores yo y con experiencia ya dentro del sector.
Hasta ese entonces nunca había trabajado, no conocía una industria por dentro, no sabía nada. Veía como uno leía un libro como si fuera a dar un examen, otro rezaba, un gordito bonachón sudaba a chorros, por mi parte lo único que me preocupa era que no estaba vestido para la ocasión.

Pasamos la entrevista individual, habían transcurrido más de dos horas, y de pronto en la sala sólo nos encontrábamos tres, el lector, un intelectual egresado de la carrera de Administración, el devoto, estudiante del ultimo ciclo de Administración y que comento que había pedido permiso en su trabajo para asistir a la entrevista y por último yo, sí, el mamarracho, en una entrevista con polo, Jean y zapatillas estudiante del segundo ciclo y sin ninguna experiencia de por medio.

Para mi ya era toda una hazaña haber pasado el primer filtro, ahora el tema se complicaba un poco más, nos metieron a los tres en una gran sala de reuniones, en frente nuestro estaba el Jefe de Producción, el Jefe de Recursos Humanos y el Gerente.
Nos bombardearon de preguntas, parecía uno de esos programas concurso que salen en la tele en donde gana el que más respuestas acertadas tiene.
Era agosto del 97, no podría olvidar esa fecha, de todos ellos me terminan eligiendo a mi, a veces pienso que fue el devoto quien con sus oraciones pedía por mi diciendo: “…Perdónalo señor, es un muchacho joven e ingenuo, ayúdalo...”

A partir de eso empecé a entablar una buena relación con Milagros, sentía que me había ayudado, me pareció raro que no dijera a más compañeros de salón, quienes eran tan buenos o mejores estudiantes que yo.
Fue luego que entendí el porque, al iniciar mis labores en aquella industria me di cuenta que era un puesto para egresados o estudiantes de los últimos ciclos y yo ni enterado.

Después de eso creí que ella se merecía mi confianza, pero un solo hecho no debía nublarme, me equivoque, no era amistad lo que ella buscaba y no tardaría mucho en comprender que era lo que realmente quería.

martes, 23 de marzo de 2010

EL HIJO DEL COMANDANTE

Con mil ideas en la cabeza y sin querer resignarme, trataba de encontrar alguna estrategia para poder lograr mi cometido y así realizar lo que más anhelaba…aún no quería tirar la toalla con mi opción.

Mi padre, sí, el tipo más afectuoso cuando de buen humor se encontraba y el más duro y directo cuando había que decir las cosas, bueno él no las decía las vomitaba, me había bajado de mi nube, ya me había dicho que no ante mi deseo y única opción en aquel momento de desarrollo profesional.

Durante dos días no dormí, daba vueltas en mi cama, preocupado por lo que sería de mi vida…mi futuro.
Mi padre quería ya romper la dependencia económica entre nosotros y él, al ver mi insistencia y mi mala cara por la negativa obtenida, me propuso lo que para mí era el escape ante una situación y creyendo que yo era cualquier ingenuo me lanzó la propuesta más tonta oída en toda mi vida.

Por aquella época estaba ya tramitando mi Boleta militar, las largas colas para pasar las diversas etapas para lo que era primero la adquisición de dicho documento y luego el canje por las boleta rosada o blanca.
Si te tocaba la rosada a rezarle a todos los santos o buscar entre la familia alguna vara que te ayude, si te tocaba la blanca respirabas tranquilo y continuabas tu vida normal procediendo con el último tramite que era el canje de la libreta militar.

Con un grupo de más de mil jóvenes, yo en la fila de una interminable cola en el callao, me tocaba saber cuál era mi suerte, parado frente a aquel Soldado, el cual me miro y dijo.
-A ver que tenemos aquí- mirando la boleta que me entregaría.
-Uy, bienvenido, creo que nos vamos a ver más seguido…¡¡PERRO!!- alcanzándome la boleta rosada, sí aquella en donde tienes que regresar para el famosísimo examen médico y luego del mismo ser parte de lo que en aquella época era el Servicio Militar Obligatorio.
-¿perro?- Sabía lo que significaba en el lenguaje militar, pero aquel enano prieto no me insultaría y se iría sin ningún comentario o acto mío, lo mire y mientras me acercaba cada vez más a la ventanilla, le hablaba casi susurrándole, para que otros no oyeran.
-Mira concha tu madre, ¿ves a aquel comandante parado por allá?- señalando yo a un oficial que divisaba a lo lejos.
-Ese es mi viejo, ¿Quieres que lo llame?… ahora dime quien es el…¡¡PERRO!!- aquel soldado se puso blanco, habían miles de oficiales alrededor y cada uno con su ahijado, no podía dudar de mi comentario, porque eso era algo común en aquel entonces, me la jugué y logré mi cometido.
Me entregó inmediatamente mi boleta que no había cambiado de color y seguía siendo rosada.
En posición de firmes, mordiendose la lengua y con una mirada que mataría a cualquiera dejé a aquel pequeño y faltoso soldadito quien por el rabillo del ojo me seguía con la mirada.

Ya en casa, hago el comentario sobre mi enorme preocupación.
-Me dieron la boleta rosada, tengo que pasar el examen médico- mientras todos en el comedor me observaban, mis hermanos algo alarmados, yo con expectativas continuaba con el diálogo iniciado.
-yo sé que si voy a hacerlo me quedo dentro- mi viejo me miró y dijo.
-Pero fácil pues hijo, ¿no quieres ser de la Marina? entras a hacer tu servicio militar y luego te reenganchas.-

El reenganche… la ilusión de todo frustrado militar ya sea por temas intelectuales o económicos, que es realizable pero sólo a nivel técnico y de tercera.
Después de ese comentario me di cuenta que no podía poner en las manos de nadie mi destino, era yo mismo quien tenía que moverse y buscar opciones.
Encontrándome en estado de omiso por no asistir al examen médico y por consecuencia indocumentado, tuve que tramitar por lo bajo mis papeles, sí, nunca fui a dar aquel examen y arreglar ese tema resulto carísimo.

Ya desde algunos años el Judo se había convertido en una de mis pasiones. A este deporte le dedicaba toda mi atención y esfuerzo, pero ya no disponía del tiempo…acababa de ingresar.
Presionado porque tenía que definir mí futuro, término postulando con los ojos cerrados a Administración empezando una nueva etapa en mi vida. Al realizar los trámites de matrícula y ver mi horario veía que no faltaría mucho para dejar de lado aquel deporte.

De esta etapa podría mencionar mi último torneo, el metropolitano, era el verano del 97, en categoría libre me había ido muy bien, estaba en semifinales y me tocó luchar con un niño de 15 años, al verlo ya me sentía en la final, él, con mayor experiencia dentro del ámbito de torneos y de cinturones más avanzados que yo, lo cual no me preocupaba, me sentia confiado, seguro…quizás lo subestime.
No fue la pelea de mayor técnica observada, el niño inteligente y hábil atinó solo a evitarme y defenderse, la pelea duro un poco más del promedio normal, pero mi exigencia se triplicaba porque sentía que estaba en la obligación de ganar por ser mayor que él.
La lógica rompía una vez más mis esquemas, mi estilo de vida no era en aquella época el más adecuado, mis salidas nocturnas y las juergas pues comenzaban a pasar factura.
Mis esfuerzos y desgaste de energía fueron insuficientes…me ganó.
Yo sin aliento…tirado en el suelo, no podía más y me declaré vencido.

Fue un niño de quince años quien me ganó, fue la pelea en donde no ganó ni la técnica, ni la fuerza…ganó LA ASTUCIA.

lunes, 8 de marzo de 2010

MI ÚLTIMA PELEA FRATERNA

Esteban volvía a la casa, una buena nueva para mí, pero noticia casi infartante para mis viejos y en especial para mi madre, esa fue la herida que demoró en cerrar, su hijo, sí, el virtuoso Esteban, retornaba al nido sin pena ni gloria…

-Anda huevón ¿de verdad?, no jodas, ya pues chévere, ¿cuando vuelves?- yo el primero en enterarme, emocionado porque regresaba mi hermano, mi mejor amigo. Pero lo que no me había percatado es que el tiempo pasa y con ello las personas cambian, yo ya no era el niño de antes y Esteban tampoco.
-Regreso mañana, pero chiton, no digas nada a nadie, yo lo haré a su debido momento- ¿a su debido momento?...eso será en ¿cinco, diez minutos?...me decía, pero bueno eso no importaba, regresaba y todo volvería a ser como antes, al menos eso creía.

Esteban había cambiado, es cierto, con más criterio, pero aún con mucho por madurar, sí, aún le faltaba mucho, se la había llevado fácil, pues aún roto del todo no estaba el cordón umbilical, sobreprotegido por mi madre desde su alejamiento y el poco esfuerzo que tenía que hacer para cubrir sus necesidades limitaron su liberación del regazo materno.

El primer cambio sufrido, me boto de lo que hace algunos años era su cuarto.

-Ya, fuera mierda, desocupa mis cajones y llévate tus cosas- Esteban conflictuado por su retorno, con la pierna en alto me desalojó, yo, molesto por tal hecho y con sentimiento de venganza por aquel trato pinte su puerta con corrector liquido, grabando un sin número de frases sin sentido que a la fecha aún permanecen ahí, ese su regalo de bienvenida...ese su saludo al volverme a ver.

Pero su retorno no era la única novedad, Esteban aún no había contado todo, tenía dos noticias más, una de ellas era que estaba con enamorada, lo cual si fue una sorpresa y de quien aún no pensaba hablar y la otra novedad era que lo habían triqueado en la universidad, Esteban expulsado de la pontificia, noticia que no agradaría a mi viejo.

A raíz de la partida de mi hermano mayor, yo, me volví un usurpador, tome el mando de una jerarquía que no me correspondía, durante todo ese tiempo, alguien tenía que llevar las riendas y me vi como el más indicado.
La ausencia de Esteban me llevo a interactuar con Bernardo, mi hermano menor, fue ahí donde mi vida se bifurca.
La relación que tenía con Bernardo era muy distinta a la que tenía con Esteban, a Bernardo la indiferencia y la autosuficiencia lo embargaba, él, era el todopoderoso, el perfecto, a quien nada se le podía decir, a quien se le permitía todo y a quien uno le tenía que pedir permiso para si quiera pisar su cuarto.

Las peleas entre nosotros, como en cualquier familia, eran inevitables.
Picón de naturaleza, arrebatado, poco tolerante, no me gustaba perder, gritón y alborotador…eran algunas de mis características desde muy pequeño y eso a muchos no le venía bien.
Siempre cuando se daba una trifulca interna, en la cual mis primos también se encontraban inmersos, yo salía perdiendo, y no por mis primos, si no por mis hermanos, quienes los defendían y me pegaban. Frente a estos actos yo nunca reaccionaba, nunca, hasta que ocurrió… mi yo salvaje salió a relucir con quien menos debí.

Por razones de reestructuración mi cuarto se encontraba en mantenimiento y temporalmente me enviaron al cuarto de Bernardo sin más que una sabana, almohada y una cama plegable. Fue un verano, lo recuerdo bien y como olvidarlo... Bernardo limpiando su cuarto me bota mientras hacia yo una siesta.

-Ya, ya, ya, sal de mi cuarto que estoy ordenando- me dijo, lo mire y Salí del mismo. Luego, cuando terminó, volví a entrar y me recosté en mi vieja cama temporal.
-Oe, ¿Quien te dijo que entres?¡¡SAL DE ACÁ!!- lo mire y con una sonrisa le dije
-No, no me voy- respuesta que enfureció a Bernardo caminando hacia mí, yo, de manera inmediata me puse de pie y lo esperé.
-Sal huevón de mi cuarto- y con un peine en la mano manejándolo como navaja, cual piraña, intento pasármelo por la cara, lo esquive y lo empuje.
Bernardo, totalmente descontrolado, arremetió con un puñete y una patada a la vez, con un ligero y rápido movimiento, retrocedí esquivándolo y por instinto arremetí contra él derribándolo con un certero golpe en el rostro,Lo vi caer y me fui.
No vi donde lo golpee, solo lo vi caer, cuando al rato oí en el baño.
-¡¡CARAJO…ME CAGASTE!!- eran las palabras de Bernardo, su voz quebrada me inquietó y me llevó a ver qué era lo que pasaba.
La escena fue escalofriante, vi un camino de sangre que salía del cuarto de mi hermano, llego al baño y encuentro un gran charco de sangre en todo el piso; lo observo y desfigurado él, doy un diagnóstico inmediato sin ser médico: "Tabique fracturado y una hemorragia de la puta madre".

Fue llevado de emergencia, Bernardo regreso con un yeso impresionante en el rostro, fue ahí donde juré nunca más golpear a mi hermano…promesa que por lo sucedido tuve que aplicar con Esteban cuando en situación similar se me enfrento pasado unos meses y a quien a otro estilo, menos salvaje, tuve que retener… estrellándolo contra el suelo y aplicando una llave para inmovilizarlo hasta que se calme.

Sucesos complicados, difíciles…lo imagine con cualquiera…pero con ellos nunca.

Terminó el verano y ya me tocaba definir qué hacer con mi vida, a mi viejo no le llegaba a agradar la idea de mi opción por la vida militar, y aprovechando la coyuntura económica por la cual pasaba mi familia, pues me negó su apoyo ante esa opción, mi única opción.

-concha su madre y ahora...¿qué hago?- recordando que en el colegio me aplicaron un test vocacional y arrojando como resultado administración

-será pues ¿no?- otra salida no tenía.

domingo, 28 de febrero de 2010

UN ORGULLO HERIDO

Habían pasado dos años sin saber nada o casi nada de aquel grupo juvenil, que por aquellos días ya no recordaba.
Contar lo transcurrido de esos dos años pues no estaría demás, me centraré en lo más saltante.
Mi vida relajada y liberal tuvo un límite, dure un año en “La Escuela”, mi madre enterada de lo sucedido, de mi entorno y mis nuevas amistades, pues decidió, en contra de la voluntad de mi viejo, regresarnos al inquisidor colegio religioso, nosotros, con las malas mañas ya aprendidas fuimos a dar cátedra de relajo y protesta contra la intransigente política escolar con que se manejaban los profesores, me gane un respeto y mi hermano menor se gano la reputación de protegido, era su sombra ante los problemas y conflictos tanto con compañeros como con profesores.

De aquella época podría hablar de dos situaciones que llamaría como saltantes, la primera de ellas sería la de mi relación con Fabiola.
Ella, chica un grado mayor, a comparación mía, delgada, alta, bastante alegre, de pocas palabras, tímida en aquel entonces, de actitudes liberales, dependiente e influenciable por su grupo de amigas, a quienes también recurría para alcanzar sus objetivos. Ella interesada en mi, busco la ayuda de sus inseparables para estar conmigo.
El popular corralito dio resultado, yo, pensando que nada pendería, me dejé llevar.
Me enrede con ella, no me parecía fea, todo lo contrario, pero no me sentía enganchado, todo fue muy rápido y la indiferencia en la relación se apodero de mi con el pasar de los días. Lo nuestro no tenía ni pies ni cabeza, por ello se decidió dar un paso al costado, pero me quede con la espina, a decir verdad ambos, que pasado unos meses nos volvió a juntar.

En una reunión a la cual no fui, Fabiola, quien era mi enamorada, cayo en brazos de aquel que le brindaba toda su atención, ella no me lo contó en aquel momento, pero me enteré, como dice el dicho… “pueblo chico, infierno grande”.
Yo, con el orgullo herido, porque todo el colegio lo supo y hablaban al respecto, fui a solucionar aquel lió a mi estilo.

Bajando las escaleras del colegio a toda marcha iba en busca de aquel que osó meterse en mi territorio. Con tan solo la razón nublada y toda una carga reprimida fui a buscarlo, de pronto me sujetaron fuerte los hombros y a punta de gritos para que yo vuelva en si oía.
-¡¡CARAJO HUEVÓN, PIENSA!!… QUIEN ESTUVO CONTIGO, ¿ÉL O ELLA? ¿QUIEN TE DEBÍA RESPETO?- era Bernardo, sus sabias palabras me hicieron pensar, volviendo mi ser animal en uno racional, me detuve lo observe, dentro de mi quería hacerlo, quería limpiar mi imagen, mantenerla en alto, sanear mi orgullo… pero no era la forma.

No dije palabra alguna, fui en busca de Fabiola para zanjar todo de una vez.
-Sorry chola, nadie me agarra de huevón, terminamos- ella me miro y dijo.
-Ok- ¿ok? me dije, ¿ok?, bueno actué como debía e hice lo que tenía que hacer.
Mi revancha la haría meses mas tarde, en una actividad del colegio cuando yo en medio del patio y todos alrededor en las gradas vieron como me acerque a aquel que cogió lo que no era suyo, con lapo en la mejilla, un abrazo fraterno y susurrándole palabras al oído me alejé, era el cambio de mando, acto público, acto que nunca lo olvido Fabiola, el colegio y palabras que tampoco olvidaría aquel muchachito.

El otro acontecimiento ocurrió de forma muy inesperada, yo, parado en el balcón de mi colegio, observaba lo que ocurría mientras este duraba, conversando con Martha, un bella chica de ojos marrones claros, lindas pecas y contagiante sonrisa... me encantaba, pero por solicitud de mi propio hermano, para que le dejara el camino libre a su mejor amigo di un paso al costado con ella…mala decisión, pero el tiempo da sus revanchas.
Algo distraído yo en aquel instante con Martha no me permitió ver el como ocurrió, solo vi un tumulto a lo lejos, cuando de pronto observo a Bernardo en posición de lucha, cuadrado, con los puños arriba dando ligeros movimientos de costado, por otro lado el chino, un compañero de clases, arremete contra mi hermano…no vi mas…un impulso me llevo a correr hasta donde se encontraba, no vi que había sucedido, no sabia porque estaban peleando, de entre todos me abrí paso y arremetí contra el agresor, sentía como mil manos me sujetaban, tratando de detenerme, el chino intentaba escapar, pero yo no lo dejaría ir.
En aquel momento vi como Bernardo aprovechando la confusión arremetía contra su temporal rival y yo totalmente descontrolado sujetaba al chino para reventarlo.
Luego de separarnos Bernardo voltea y gritando dijo:
-¡¡ME TIENES HUEVÓN!!, ¡¡DÉJAME EN PAZ!!, yo sólo puedo arreglar mis problemas, ¿QUIEN MIERDA TE LLAMO?- yo silente lo observaba, no dije palabra alguna, el chino asustado, se alejaba con un grupo, Bernardo echando chispas y rodeado de sus amigos se fue, yo a un lado, sólo, me dije -Tiene razón, no debí meterme- miré a mi alrededor, aún la gente me observaba y se alejaba, tenía todo el derecho de molestarse, pero eso no evitaría el que siga cuidando de él, era mi hermano…el menor.

Finalizamos la etapa escolar, tiempos duros los de aquel entonces, económicamente mi familia ya no era la de antes, no nos encontrábamos en una buena situación, Bernardo y yo acabamos de terminar el colegio y de pronto una llamada no mejoraría el panorama.

-¿Alo?- pregunte, era Esteban quien muy brevemente me dijo.

-Oe, regreso a casa-

sábado, 20 de febrero de 2010

LA ORDEN

Alberto y Pablo sólo eran dos de una serie de miembros que eran parte de “La Orden”.
Podría citar versículos, capítulos bíblicos, frases, lemas, que de una u otra manera, expresen o describan lo que, en si, ellos eran, podría hablar días y no terminaría, por eso mejor remontarme a los hechos de aquel entonces.

La vida militar me cautivo, siempre me gusto una vida llena de exigencia, retos, donde uno realmente muestre de lo que está hecho, para mí, a mis quince años, no existía mas nada, ni un solo rastro de algo que se asemeje a ello, hasta que aquel dialogo ocurrió.

-puta madre ¿YO CURA? ni cagando- fue mi respuesta mientras reía ante el recuerdo de un simple cuestionamiento hecho por el ex cadete.

Una respuesta no muy sincera a decir verdad, en mi ya albergaba cierta simpatía por aquel grupo extraño de jóvenes, con un objetivo en común… ser distintos, nunca iguales, siempre mejores, creo que eso me llevo a identificarme con ellos. Pero su razón de ser, su enfoque era la realización personal desde un ángulo religioso notoriamente claro, había un objetivo, había un fin, habían razones por la cual luchar, había un ideal...

Mientras, recordaba lo que habían sido esos tres años en las canteras de “La Orden”, es decir dentro de “El circulo”, y como los había llegado a conocer.
Fueron buenos tiempos, fue una buena etapa llena de cambios, de apertura a nuevos horizontes, el ir encontrando un sentido a las cosas, el empezar a pensar y creer que hay algo más grande que el ahora y con miras a un mañana, de incursionar en un área muy alejada a mi y con el tiempo no menos importante pero que había venido siendo relativizada…lo espiritual.

La gente de “El circulo”, era gente común, asiduos participantes de las actividades religiosas juveniles, todas ellas organizadas por los miembros de “La Orden”, Considero que gran parte de mi madurez y visión de la vida y de las cosas fue moldeada ahí.

El ser parte de “La Orden” era ya algo más serio, era hablar de una vida religiosa, y no de cualquier vida religiosa, hablamos de una vida consagrada a Dios, una vida intensa, ruda, llena de exigencias y de retos, lugar donde cualquiera no entra, ambiente selecto, riguroso, extremo, idealista, radical, con un pie en la tierra y otro en el cielo, era así como se sentía, era así como lo veías...desde afuera.

Conforme pasaba tiempo con ellos me iba identificando más y más, tenia sentimientos encontrados, no podía tomar a este estilo de vida como opción, me tenía que ir, y así lo hice.
Aquel día, mi última salida con ellos, vimos una película y luego nos fuimos a comer, todos sonreían, hablaban, opinaban, fue interesante, pero yo ya tenía mis propios planes, sería un oficial de La Marina y punto.

martes, 9 de febrero de 2010

“LA ESCUELA” …EL DESPERTAR DEL MONGO

En aquel entonces acababan de cambiarme de colegio, me encontraba en tercero de secundaría, mi salida de aquella institución religiosa y tradicional fue decisión de mi padre, recuerdo perfectamente aquella mañana.
-¿QUE PASO? ¿PORQUE ESTAN EN LA CASA Y NO EN EL COLEGIO?- era la pregunta de mi viejo totalmente sorprendido de vernos en la casa en horario de clases.
-No nos dejaron entrar- fue la respuesta nerviosa de Bernardo, mi hermano menor.
-dicen porque no firmaste el cuaderno de control- fue la continuación que di a la respuesta de mi hermano.

Vi como a mi viejo le salía fuego de los ojos, estoy casi seguro que quien lo atendió cuando fue a reclamar tal hecho, que para mi padre fue indignante, no le fue nada bien. Finalizamos el año y tramitó nuestra salida, después de toda una historia familiar en aquella institución, nos íbamos.

Pasamos a un colegio de poca monta, un colegio particular de aquellos que aparecen y son la salvación para los repitentes, expulsados por mala conducta o bajo rendimiento académico, un colegio al cual denominé como “La Escuela”.
Recuerdo perfectamente el primer día de clases.

-A ver alumno, de que colegio viene- decía el profesor
-La Recoleta- respondia un flaco alto pelucón que juro tenía 17 años.
-Usted alumno, de que colegio- volvía a preguntar.
- La Salle profesor- y así sucesivamente iban desfilando nombres de colegios con cierto prestigio, hasta que de pronto.
-Usted alumno, de que colegio viene- pregunto nuevamente a un chico algo callado y reservado.
-Del 1176 profesor- respondió nuestro queridísimo amigo Tulio que nunca se olvidará de nosotros y que se cambio de colegio ni bien pudo.
-No seas huevón, di el nombre de tu colegio…no la dirección- fue el comentario nada discreto de un pequeño amigo venido de la inmaculada fanático de la mecánica, algo rebelde pero un buen tipo.
Después de aquel comentario todo el mundo rompió el silencio sepulcral, yo, anonadado, esperaba la expulsión frente a tal osadía.
Respondiendo en aquel momento la máxima autoridad.
-¡¡Alumnos!!.. por favor, ¡¡¡No se rían tan fuerte!!!- sólo eso, aquel día descubrí que no había limites... mi cole era una selva.

Literalmente en “La Escuela” aprendí, no me puedo quejar, ahora la pregunta es ¿Qué fue lo que aprendí?...aprendí cosas de la vida diría yo, cosas que uno aprende solo en una institución de tipo correccional, fue un lugar desafiante, un lugar donde nadie se conocía, donde todos buscaban ganarse un respeto, no podías darte el lujo de ser el huevón y si lo eras morías o quedabas como lorna por el resto de tus días escolares o de los que uno podía durar ahí dentro.

Esto fue un mundo nuevo para mí, dejaba las sotanas y las reglas de mi ex colegio religioso, para ponerme los jeans y aplicar la viveza, liderazgo, las peleas, el desenfreno en su máxima expresión a esa etapa yo la llamé “El despertar del mongo”.

Ahora, en este nuevo entorno, tenía un problema, no estaba sólo, tenía a Bernardo al lado, un problema al cuadrado.
Bernardo, mi hermano menor, el benjamín de la casa, tipo reservado con sus cosas, con aspiraciones a líder de su generación, inteligente, hábil con el balón, desconfiado, nunca aparentó la edad que tenía siempre se le vio menor, indiferente ante lo que sucedía alrededor suyo, el tipo más ahorrador del mundo, de contextura bastante delgada, cabello ondulado y negro, de ligeros arrebatos, siendo lo más salvaje en él un corte en el rostro a la altura del pómulo que se lo hizo cuando tenía 2 años en un descuido de mis padres.

Nunca he sido de expresar afecto por mis hermanos, todo quedaba en mí, pero se lo manifestaba a mi estilo muy particular, los cuidaba, los protegía, esa era mi chamba, esa era mi misión con ellos, el estar ahí para cuando me necesiten.
Ya de por si iba a ser difícil ganarse el respeto en “La Escuela” pero el velar por mi hermano lo iba a complicar un poco y más si tienes un hermano como Bernardo, un imán para los problemas.

No era torpe socialmente, me integraba con facilidad, no aparentaba la edad que tenía, siempre se me veía mayor, en “La Escuela” interactuábamos todos, pero las jerarquías estaban notoriamente marcadas, “los vivos”, “los lornas” y “los demás”.
El consumo de alcohol, las drogas eran muy común en ese entorno, algunos iban con carro otros con moto, tranzas de todo tipo y manejo de dinero,por un momento me sentía en otro mundo, me parecía increíble lo que veía, realmente ahí uno encontraba de todo, mis compañeros unos futuros mafiosos.


Mi proceso de humanización se dio un receso, yo ya había decidido dar un paso al costado con la gente de “El Circulo”, en una de mis últimas salidas con ellos fue que conocí a dos personajes, cada uno con su sello de distinción, uno, un gordito colorado cuyo nombre era Alberto pero a quien de cariño le decía “El Pibe” por su pasión por el futbol argentino, hincha del boca a muerte, de actitud relajada y con el lenguaje más florido que pude conocer hasta ese momento. El otro un tipo más refinado pero mano larga que se llamaba Pablo, cuyo apellido me hacia recordar al creador de el Chavo del ocho, un tipo amable y podríamos decir hasta afectuoso, ordenado en extremo, quisquilloso al punto de casi casi ser una señora, hábil para leer y entender el alma quebrada de las personas, ambos miembros de “La Orden”.

-Hola, Alberto que te trae por aquí- dijo el Pibe mientras se encontraba en una salita alrededor de un grupo de muchachos de quien él estaba a cargo, a ese grupo lo denomine “Todas las Sangres” por la pluralidad racial.

-Bueno quiero que conozcas a alguien- cogiendo su llavero el cual conformado por alrededor de 20 llaves que abrirían las llaves del cielo y hasta del infierno imagino, las lanzo contra mi espalda. Yo con un gesto de dolor y arrebato lo miraba fastidiado.

-Vamos preséntate pues, ahora te chupas ¿no?, no que eres el valiente, el bacán, vamos di…¿cómo te llamas?? Preséntate… se gente- fueron sus palabras insistentes y retadoras, quería que me presente, quería que explotará, quería que lo mandará a la mierda…si eso…mandarlo a la mierda delante de todos ellos, pero me contuve.

-Vamos, muchacho, di ¿Cómo te llamas?-

domingo, 31 de enero de 2010

UNA NUEVA OPCIÓN

Quince años, edad de decisiones, cambios, especialmente de cambios físicos.
Sí, acababa de dejar de ser aquel niño bajito, gordito, bromista e inquieto para ser todo lo opuesto, aunque en esencia seguía siendo el mismo. El cambio fue notorio y brusco, no me di cuenta como pasó, sólo ocurrió…el misterio de nuestra naturaleza.
A esa edad uno cree poder con todo, arremetes contra aquello que interfiera en tus planes o proyectos, muchos de ellos inalcanzables, inmediatamente hablando claro está, desafiante, ambicioso, el horizonte te queda chico, quieres cambiar el mundo… al menos eso me ocurría a mí.

Ya en ese tiempo giraba en mi cabeza la idea de ser militar, específicamente el de ser un oficial de la marina. Mi ritmo de vida comenzó a cambiar, empecé a hacer ejercicios, salía a correr, me levantaba temprano y me bañaba con agua fría por las mañanas, tenía que prepararme para cuándo llegara el momento.
Lo del agua fría era idea de mi papá, me decía:

-Quieres ser de la Marina, uhm, te van a sacar la mierda ahí, desde ahora acostúmbrate a bañarte con agua fría, porque te van a levantar a las 6:00 AM y tendrás que aventarte al mar a nadar… a ver si aguantas huevón.- siempre tan dulce de palabra él.
Nunca se lo tome muy enserio ese comentario, a pesar de ello hacía lo sugerido, no imagine que literalmente eso sucedería en un contexto no muy distinto…mi viejo el pitoniso.

En mi mente no cavia nada más, no habían más opciones, eso era lo que quería y era lo que alcanzaría a como de lugar. Nada me distraía de mi objetivo, no veía razones por la cual alguien me diga que no puede ser…y tampoco lo permitiría, eso era un hecho.
Obsesionado con la idea, cumplía un horario riguroso de ejercicios, dejaba aquel romance con las sabanas para ponerme el buzo y realizar mi rutina.
Era verano aún, acababa de hacerme aficionado al frontón, siendo los fines de semana mis mini torneos con la gente de “El Circulo”.
Javier, un hijo de japoneses al cual consideré en aquellos días como a un padre, me guiaba y orientaba en mis inicios dentro de aquel grupo juvenil. El buscaba hacer de mi una mejor persona, pero tarea difícil, mi comportamiento era aún el de un energúmeno.
Me habían separado de mi grupo inicial, ahora estaba solo, tenían que encontrar gente más acorde a mi edad. En el grupo anterior era un lunar, tenía ideas maduras, buscaba otras cosas, se me consideraba como mas profundo, por ello me promovieron.

En una de mis conversaciones con el chino, le comente mis deseos de ser militar, él, me miraba profundamente mientras veía con que ardor explicaba mi porque de esa elección. Al finalizar mi convincente discurso me dijo:

-Quiero que conozcas a un amigo y hables con él- siempre he sido muy curioso, así que indudablemente me genero expectativa aquel comentario.

Después de nuestras actividades dentro de “El Circulo” era muy común salir a tomar helados, nosotros teníamos un lugar en barranco, se llamaba “Siete Sabores”, una heladería muy buena, fue ahí donde por primera vez vi un helado de menta y donde la especialidad de la casa era “la montaña rusa”, un jarrón conformado por enormes bolas de helados, definitivamente la mayor atracción del lugar y sueño de todo niño hecho realidad.
Habría pasado alrededor de media hora desde que habíamos llegado, conversando de todo un poco cuando de pronto vi entrando al lugar a un personaje particular, de contextura gruesa, mediana estatura, con pinta de boxeador, llego en un auto lada perlado, tenía puesto un gorro muy curioso, que definitivamente no iba acorde con su edad, de mirada penetrante pero bonachona, aproximadamente de 20 años él, a quien con el tiempo le puse “Popeye” de cariño por el marcado grosor de sus brazos.
Cuando ingreso causo cierto revuelo entre los miembros de “El Circulo”. Todos se le acercaban y lo saludaban con fuertes abrazos y espaldarazos, el saludo clásico que se realizaba dentro del grupo. Era como un icono para el resto, debía de ser alguien importante por la aglomeración formada en aquella heladería, creo que había un aspecto que yo desconocía en ese momento. Sentado al lado del chino observaba todo lo ocurrido, después de unos minutos el chino se levanto y dijo.

-Ya llegó- se lo llevo a un lado a aquel personaje, conversaron un poco y mientras lo hacían veía como me miraban, definitivamente hablaban de mí, eso ni dudarlo, luego ambos se acercaron a la mesa.

-Te presento a Dante- fueron las breves palabras del chino, siempre fue breve, bastante concreto, distraído él, inteligente y un muy buen amigo en aquella época.

Dante, un ex cadete de la Marina, que se había retirado de la escuela de oficiales en su segundo año por un llamado particular, por vocación al menos eso decía. Dante no era cualquier tipo, el venia de una familia conformada por oficiales de la Marina, era la cuarta generación de oficiales, pero su generación se tomo un receso con él, yo diría que fue más que eso.

-Hola, ¿así que tú quieres ser de la Marina no? A ver dime ¿porque?- la pregunta directa insidiosa y creo que hasta perspicaz.

Le solté mis razones, fui claro, directo, pero no conciso, me explaye. No hablaba de cualquier cosa, hablaba de lo que quería ser, de mis anhelos, sueños, expectativas y de cuanto me había costado ir avanzando de a pocos. En ese momento tenia miles de preguntas para él, se las formule, le pedí que me explicara, que me contara, yo no sabia mucho sobre la vida de un marino, pero él a comparación mía sabia demasiado. Hablamos por horas, note como la nostalgia invadía cada una de sus palabras y expresiones, se apasionaba con lo que decía aunque por momentos trataba de relativizar uno que otro evento, todo ello era muy notorio, creo que Dante aún extrañaba aquella vida que dejo atrás…quizás solo era nostalgia…quizás no.

Después de unos minutos Dante arremetió con la siguiente pregunta:

-¿Pensaste en alguna otra posibilidad?- me dijo, a la cual respondí inmediatamente.

-No, esto es lo que quiero y voy a alcanzarlo- fue mi respuesta casi militante y mientras respondía soltó una carcajada muy grande, por un momento creía que se burlaba de mí, luego de ello retomo la conversación.

-Disculpa, me hiciste recordar a mí, cuando tenia exactamente tu edad, pensaba igual, muchas de las cosas que haces las hacia, ejercicios y todo, aunque veo que en mi si dio resultado- mirando sus casi deformes brazos y comparándolos con los míos que al lado de ellos eran risibles.

-Conozco a tu hermano, a Esteban, quiere ser cura ¿no? y a ti ¿eso no se te ha cruzado por la cabeza? ¿Sabias que no existe mucha diferencia entre la vida religiosa y la vida militar?-

-¿como así?-fue mi interrogante, creo que ya había captado más mi atención y fue cuando comenzó.

-En la vida militar te dan formación académica y física, ¿no es así?-

-así es- respondí.

-En la vida religiosa te dan una formación más completa, algo más integral, algo que no te dan en la vida militar, te dan una formación espiritual…bla bla bla…-

Una formación mas completa, mas integral, esas palabras retumbaron en mi cabeza, y pues sí, tenia toda la razón recordaba a Esteban y a sus once amigos, estudiando como locos para sacar un promedio superior a quince, levantándose cuando aún era de noche a romperla en ejercicios, trabajando apoyando al AAHH que los necesitaban, a ancianos, jóvenes y niños, niños como mi recordado “piquiriqui” a quien conocí mudo y hasta donde sé sus primeras palabras fueron…”...hermano Esteban..” grito guerrero porque no quería comer su sopa y necesitaba a su mejor aliado, a su amigo.
Por las noches su vida hecha oración, mucha mística, compartiendo lo realizado en el transcurso del día, sus éxitos y sus fracasos, y si uno caía, pues tenían a once más para apoyarlo, eran más que amigos, casi una familia…eran comunidad.

Durante el camino de regreso iba pensando todo aquello, acababan de romper mis esquemas, antes no existía ninguna posibilidad era un cuarto oscuro, pero ahora habían unas líneas brillantes, rayos de luz dentro de el, parecía el camino a una puerta, la cual solo tenia que empujar para ver un nuevo horizonte, uno no tan cerrado como el que venia viviendo.

Ya en la puerta de mi casa mi nuevo amigo, Dante, se despedía sacando de la guantera de su carro una imagen y entregándomela me dijo.

-El día que te conviertas me lo devuelves- y le respondí con ingenuidad

-Pucha eso quizás nunca llegue, no creo que llegue a ser tan comprometido con mi Fé.- respondiéndome al instante

-Ya veras que sí, lo sé-

Fue el día que en mí todo cambio, después de esa conversa no volví a ser el mismo, tenia una nueva opción y a pesar de estar en oposición a lo vivido por Esteban.

No iba a renunciar a mis planes, no me iba a dar por vencido…

-No, no puedo dudar ahora- fue lo que me dije, entre a mi cuarto mire mis paredes y justo sobre la cabecera de mi cama hallé un clavo en donde colgué aquella imagen observándola yo aún con misterio.

Aquel día fue mi primer paso, lo había decidido, me alejaría de “El circulo”.

lunes, 25 de enero de 2010

LA CASA DE LOS DOCE

Extrañaba a mi hermano es cierto, por eso lo visitaba con frecuencia. No llegaba a comprender aún el porqué se había ido.
Mis tiempos libres los aprovechaba en ir a verlo y mi madre aprovechaba para enviarme su ropa limpia y demás necesidades que mi hermano pedía. En ese momento era yo el intermediario….el mensajero.
Mis padres no lo visitaban, mi hermano menor tampoco, el único nexo que había entre él y mi familia era yo y bueno las llamadas telefónicas en las que Esteban hacia sus requerimientos a mi madre.
De mi casa a aquel populoso distrito era alrededor de una hora, me daban para el taxi, pero por mi afán ahorrativo, a decir verdad guardando un poco para mis próximas salidas con mis patas, me iba en micro. Cargando miles de cosas cual ekeko llegaba a mi destino. El sol arreciante, la pobreza y el pandillaje era lo más notorio de aquel lugar.
-Ta mare como Esteban llegó a parar aquí- me decía mientras caminaba por las arenosas calles.
-Buenas tardes hermanito- era el saludo de una anciana muy humilde, regalándome una noble sonrisa y continuando su camino.
-Buenas tardes- respondí sin comprender aún el porque me dijo hermanito mientras caminaba prontamente para llegar a mi destino. Conforme avanzaba por aquellas inclinadas calles vi unos rostros salir por las ventanas de aquellas rusticas viviendas, me miraban, sonreían…pero de pronto la sonrisa desaparecía, se ocultaban y cerraban sus ventanas, al instante volvían a salir y me miraban otra vez extrañados…no entendía porque lo hacían.
-Ahí está el hermanito- era el grito que oí a lo lejos.
De pronto una avalancha de niños venían hacia mí, era impresionante cuantos eran, eso me paralizo, no sabía qué hacer, para mi eran unos pirañitas.
Todo era gritos y polvo cuando estaban a tan solo unos metros se detuvieron me miraron y se fueron corriendo… menos uno…un pequeñín, quien se paro en frente mío por unos segundos y se sentó en el suelo…mirándome. Volví acoger mis cosas y continúe con mi marcha, sorteé a aquel niño quien en silencio se levanto y camino detrás mio.
Conforme avanzaba lo miraba y el a mi, no me temía, no le daba vergüenza, él era distinto a los otros niños, le decían “piquiriqui” que traducido del quechua al castellano significa “pulguita de arena” y a decir verdad lo describía perfectamente dentro de su contexto.
A los pocos minutos me veía perdido, no sabía a dónde ir, nunca antes había ido sólo, era la primera vez. Me senté al borde de un muro que se encontraba cerca, y miré alrededor, no había nadie, éramos solo el sol, la arena y aquel niño.
-Hola, ¿cómo te llamas?- le dije sin encontrar respuesta alguna, solo sonreía.
-¿vives por aquí?- la misma actitud, sin respuesta, de pronto dejo de mirarme y se puso a jugar en la arena.
-¿Dónde estoy?- era uno de esos momentos en los que te dices -hoy no debí haber salido de casa…- se hacía de noche y el lugar era desolado y peligroso, de pronto el pequeño tirando de las cosas que llevaba me comenzó a guiar, viendo a lo lejos mi lugar de destino…“la casa de los doce”.
La casa de los doce era un pequeño espacio en donde habitaban doce muchachos, muy distintos en realidades uno del otro, pero con un característica en común…aspiraban a una vida religiosa, una vida religiosa dentro de “LA ORDEN”.
Ellos de una forma devota y muy ascética, a decir verdad, vivían de la caridad de quienes prestos se solidarizaban con ellos… la más solidaria y única persona que yo recuerde… mi madre.
Ella enviaba toda clase de víveres, velaba por la subsistencia de su hijo y en verdad que lo hacía bien, porque al parecer había adoptado a once muchachos más.
Los doce esperaban anhelantes ser considerados como miembros de "La Orden", por sus meritos, su esfuerzo, exigencia y radicalidad. El estilo de vida que llevaban no era muy adecuado por llamarlo así, eran doce en un solo cuarto, compartían la ducha, todo era muy reducido, pero ahí se acomodaban. Trabajaban con el pueblo, daban charlas, apoyaban a la parroquia, daban apoyo espiritual y dictaban clases a los niños, siendo mi hermano Esteban el encargado de aquellos pequeños salvajes a quienes trataban de encaminar.
-Oye eres igualito a Esteban- decían los miembros de la casa.
-Sólo que este si creció- era el comentario de uno de ellos, despertando las carcajadas de todos y mi hermano con ellos.
-Oye, nunca vengas a estas horas es muy peligroso por acá, no eres de la zona, tuviste mucha suerte ..de verdad- me dijo mi hermano.
-él me trajo- les dije, señalando a “piquiriqui”, quien al verlos corrió y se puso a jugar con ellos.
El más pequeño de la tropa de linchamiento, me guio y dejó en el lugar correcto, sin pronunciar palabra alguna, solo con una sonrisa…una muy pequeña que nunca olvidaré.

Gracias “piquiriqui”…donde quiera que estés.

martes, 19 de enero de 2010

EL CIRCULO

Tenía doce años, estudiaba en un colegio particular religioso, uno muy tradicional, toda mi vida, bueno hasta ese entonces, para mí, doce años era toda una vida.
Mi madre una mujer muy devota, católica en extremo, su gran sueño…tener un hijo cura… sueño casi cumplido por mi hermano mayor que desistió de la vocación religiosa por el amor…el amor de su vida creo yo, quien ahora es su esposa.
Esto fue una estocada para ella porque esperaba que su única esperanza de corrección y virtud sin igual, así lo percibía mi madre, era el candidato ideal para aquel llamado tan especial…al menos eso creía.
La relación entre mi madre y yo nunca fue muy buena, ella sobreprotectora a morir, mujer exigente, poco condescendiente, sin muestras de afecto notable, pero dedicada a sus hijos y a su vida familiar. Siempre creí, y sin temor a equivocarme, que ahí se perdió una gran vocación... mi madre una monja en potencia.
Por otro lado mi padre un hombre inteligente, cariñoso, juguetón, muy creativo, estricto en cuanto a normas se refería, temperamental, de ideas claras, algo terco y obstinado pero siempre un gran padre.

En una familia no existe la perfección… de tres hermanos hombres, tenía que ser yo el del medio, el hijo sándwich, el rebelde, la oveja negra, como me llamaban en aquella época.
En mi afán de ser distinto a mis hermanos, buscaba ser bueno en algo que ellos no destacaran tanto, ello me empujo a ser mucho más independiente del resto.
Mis hermanos, brillantes estudiantes, siempre ocupando los primeros puestos, mi madre orgullosa, yo en cambio, no buscaba complacerla, ese era mi fin último. Por mi parte buscaba destacar en los deportes, específicamente en los deporte de contacto, fue ahí cuando descubrí mi pasión por las luchas y mi potencial de chapulín colorado, defensor de los oprimidos y de mis hermanos.

Por aquel entonces Esteban, nombre de mi hermano mayor, participaba en todo evento juvenil católico que se le pusiera en frente, ya con cierta inclinación por la vida religiosa, pero sin un grupo de orientación hasta ese momento en concreto, llego a parar a un evento para colegios católicos, fue ahí donde se vinculó a un grupo denominado “El circulo”.

“El Circulo” un grupo católico fuera de lo común para aquella época, conformado por jóvenes con visiones innovadoras, cuestionadores existenciales, que compartían un ideal en común. Fue ahí donde conocí a una variedad de personajes, muy buenos tipos ellos en su mayoría.

Mi vida en aquellos tiempos giraba en torno a las pichangas en la pista de mi cuadra, el karate, dibujos en la tele y el béisbol de los sábados. De pronto todo cambio, Esteban nos lleva para integrarnos y participar de aquellas reuniones que una vez por semana se daban en un local no muy lejos de mi casa. Mi primo Juan, el más palomilla y suspicaz de todos, siempre con sus comentarios nos dijo alertándonos.
-Muchachos, ¿creo que nos quieren hacer el apostolado?- estaba en lo cierto, porque no pasaron más de dos semanas y ya estábamos ahí dentro con ellos.

Ya habían pasado dos años desde aquel primer encuentro con “El circulo”, vinculados y asiduos participantes, yo, inmerso en medio de ellos.
Mi permanencia con ellos tenía dos motivaciones, la primera de ellas, me gustaba estar ahí, aprendía y me integraba con facilidad a su estilo muy particular con el cual yo me identificaba de forma muy marcada y la última, creo la más importante, mi hermano Esteban.
Esteban ya había abandonado el nido, fue a vivir con unos amigos para profundizar los aspectos de su vocación, con la bendición de mi madre y la indiferencia de mi padre…se fue.

Yo en cambio no me mostraba de acuerdo con aquella opción, mi hermano mayor, se había ido y de pronto note algo…realmente lo extrañaba.
Nunca me había dado cuenta que tan importante era para mí el tenerlo cerca, nunca fuimos los mejores amigos, pero era mi modelo a seguir, y que yo recuerde hizo su trabajo como hermano mayor, me pego, me protegió un par de veces cuando era pequeño y me encontraba en notoria desventaja, me decía donde, que tipo de ropa y marca me debía comprar, la música que tenía que escuchar…en fin era su deber …era “El mayor”.

Recuerdo claramente las reuniones familiares en la casa de la abuela en donde se reunían todos mis tíos y primos mayores.

-Y tío, ¿Que fue de Esteban?, ¿De verdad que se va hacer cura?- era la pregunta insidiosa de uno de mis tantos primos.

-No sé, no me importa, en mariconadas no me meto- era la respuesta de mi padre, yo al lado asentaba con la cabeza, incomodo por la situación que mi hermano vivía en aquella época y apoyando la opinión de un padre temperamental, conservador y negado a la posibilidad que su hijo no sea como él quería, como él esperaba, en realidad creo que lo que le jodía era que mi hermano no sea como “él”, el vivo, el mosca…el pendejo.

-Y tú primo, ¿no te vayas a meter en esa vaina?- lo decía mientras me metía un ligero lapo en la cabeza.

-ESTAS HUEVÓN?, YO, NI CAGANDO, ¡¡esa vaina es para rosquetes, no para mí!!- la risa se apodero del lugar, mi postura reacia hacía elevar la testosterona en aquel ambiente, era como estar en una cueva, vestidos con pieles, alrededor del fuego …éramos unos neandertales.

...nunca escupas al cielo....

sábado, 16 de enero de 2010

LA DESPEDIDA...UN PROLONGADO ADIOS

Nunca en mi vida había visto a alguien así.
Con la expresión totalmente desencajada, Sandrita, no sonreía, no lloraba, no estaba molesta…-¿aún estará viva?- me decía a mí mismo, cuando de pronto esa inexpresión dio forma.
-ESTAS LOCO!!!! QUE TE PASA!!!! PUTA MADRE…¿de dónde sacaste eso? ¿Qué tienes en la cabeza? ¿De dónde sacas tanta estupidez?-
Nunca la había visto en ese estado, no esperaba una reacción como esa, ingenuo yo, creía que era una chica de “el circulo” si quizás eso…olvide por completo que hablaba con mi enamorada, con la chica a quien quería un montón, de quien me enamore, la chica con quien tenía planes, proyectos, sueños…una vida juntos.
-Lo sabía, algo dentro de mí me lo decía…Te dije que no me agradaba la idea que vuelvas a ver a esos amigos tuyos, lo sabía, lo sabía, nunca te van a dejar en paz- mientras me decía aquellas palabras cogía mi mano con mucha fuerza…hizo una pausa, me miro y continuo.
-Quítate eso de la cabeza…me tienes a mí…mírame…… tú no sirves para eso, no estás hecho para eso, yo soy para tí y tú para mí…no existe más nada, solos los dos tú y yo-
-¿No estoy hecho para eso?, ¿yo no sirvo para eso?- eran las únicas frases que retumbaban en mi cabeza.
Lo que era duda y pena en ese momento, se torno en seguridad, firmeza, confianza…convicción.
-Es lo que tengo que hacer Sandra, dame un tiempo, será sólo un par de meses a lo mucho, se aclarara todo y volveremos a estar juntos…Te lo prometo!!-
Sandra me miro a los ojos…y me dijo…
-Sé que no podré hacerte cambiar de opinión… sé que no volverás si te vas…¡¡¡¡TENGO MIEDO!!!- en ese instante ví como sus ojos se inundaban…

Sandrita era la chica más dulce, de una encantadora mirada, juguetona, detallista, inteligente…la chica perfecta.
La conocí de la manera más particular.
Ella estudiaba al frente de donde yo vivía, en un colegio de esos que parecen casa y todos los alumnos están ahí metidos como hamsters.
Un día caminando con mis amigos cruzamos miradas, la salude con un ligero movimiento de cabeza y ella solo atino a sonreír… fue ahí donde todo comenzó.

Ese día, Sandrita lloro, lloro hasta que no le salía una lágrima más…yo parado al lado …solo la miraba sin saber que hacer…tenía ganas de abrazarla, de decirle que se calmara que todo iba a estar bien…pero en ese momento atine a cerrar los puños y quedarme ahí…quieto al lado de ella sin inmutarme.

La acompañe hasta dejarla cerca a su casa. Durante el trayecto todo era silencio..un silencio extraño..el silencio de una noche..el silencio de un adiós..
-Te dejo aquí- le dije.
Sandrita, en un rápido movimiento me abrazo y me sujeto con fuerza diciendo.
-No quiero perderte…TE AMO!!!-
Nunca lo había oído, nunca me lo había dicho y no me lo esperaba en ese momento pero movió todo dentro de mí.
Por un instante pensé olvidarme de todo y quedarme eternamente entre sus brazos, sintiendo su respiración, escuchando el latido fuerte y acelerado de su corazón, pero en ese momento atine a abrazarla también, le di un tierno beso en la frente, la aleje sutilmente de mí, me di media vuelta y me fui…sin mirar atrás…
-Nunca voltees cuando te vas…nunca mires atrás, nunca- eran las palabras que me decía a mi mismo mientras me alejaba.

lunes, 11 de enero de 2010

EL COMIENZO...MI PRIMER PASO

Habían pasado ya algunas semanas desde lo ocurrido, desde mis cuestionamientos, desde aquel poema nunca entregado.

Sandrita había ido a visitarme como era habitual, yo estaba tirado en mi mueble, postura común cuando estoy en casa, dándole vueltas a los últimos acontecimientos ocurridos en mi interior…en mi mente… en mi corazón… la nostalgia me invadía…una nostalgia que ha decir verdad me inundaba y me embargaba.
 
En mi divagar mental no me había percatado que Sandrita me observaba, ella siempre en todas.
 
Veía atentamente como jugueteaba con mi cabello, le daba vueltas y vueltas entre mi dedo, haciendo uno que otro nudo, actitud indudable que algo pensaba, que algo me rondaba.
 
En aquel instante Sandra hablaba con mi mamá, haciéndole la patería, buscando arrancarle una sonrisa… era su aliada, le convenía tenerla de su lado, porque así mi madre me tendría entre ceja y ceja, sin permitirme, o al menos intentar evitar, mis famosísimas salidas a horas no adecuadas con las personas menos indicadas. Pero ahora eso ya no le preocupaba, me notaba distinto desde hace algún tiempo y no era lo de siempre…era algo…algo nuevo ó quizás viejo, pero que la inquietó.
 
-¿Vamos mi amor?, acompáñame a mi casa porfis ya mi amor si, si, si?- en ese instante dí un salto y me dije a mi mismo. –Es hoy o nunca.-
 
-Ok, mi amor, ¡Má ya vengo!- fue mi grito nada discreto y que usualmente era el estilo de comunicarnos en mi casa.
 
-Ve con Dios hijito, ¡Y NO VENGAS TARDE!, saludas a tu mami Sandrita- dijo mi mamá.
 
-Ya señora, gracias, me despide de todos- fue la respuesta inmediata de Sandra, tan cortes, tan linda, tan patera…

En el camino el silencio se imponía, ella sujetaba mi mano, y la sentía intranquila, creo que no sabía cómo abordarme pero lo hizo.
 
-Mi amor ¿Qué tal el trabajo? ¿Todo bien?-
 
-Sí mi amor todo bien, algo ajetreado y preocupado con los cursos pero bien -respondiéndole en automático.
 
Yo, en aquel entonces, joven estudiante de Administración de Empresas, laborando en el sector industrial, no faltaba mucho para terminar mi carrera y era Asistente de Producción desde hacía casi un año aproximadamente, el puesto soñado para cualquiera dentro de mi rama.
Mi futuro se veía prometedor, lleno de ambiciones, al menos yo lo notaba así.
 
Dentro de todo con Sandra íbamos bien a mi corta edad ya se había hablado de matrimonio, de formalizar, sentía ya parte de mi vida hecha.
 
-Sandra, siéntate quiero hablar contigo- vi los ojos de Sandra que trataban de mostrar tranquilidad y atención, pero era lo que ella trataba y no lo que vivía o sentía en ese momento.
 
-Quiero contarte algo, hace ya algún tiempo, hay ciertas ideas que rondan mi cabeza, cosas que no he aclarado, por miedo, porque de una u otra manera me confunden, pero creo que ya es hora de afrontarlas.- dije.
 
Sandra me miraba consternada, intrigada, con miedo…y me dijo:
 
-Sabes no te entiendo ni un carajo, dime qué pasa, dímelo de una vez y déjate de tonterías…¡con quien estas saliendo!…dímelo de una vez, no soy ninguna estúpida.- vociferaba.
 
-A ver, en primer lugar, no soy tu brother de la esquina para que me hables de esa forma, o te calmas o me largo- yo totalmente enojado, echando chispas me levante de la banca y daba pasos cortos y presurosos, cual león enjaulado.
 
-Puedes dejarme terminar, no te voy a decir cualquier estupidez, lo que te voy a decir es muy importante para mí y quiero que lo entiendas.- dije tratando de no ofuscarme más.
 
Tome la pausa más grande, que en aquel momento se volvió eterna, no sabía por donde comenzar, trataba que entienda...no quería confundirla.

-Sandra creo que tengo vocación.... ¡¡QUIERO SER CURA…!!-

viernes, 8 de enero de 2010

EL PRIMER POEMA...MI POEMA

Por aquellos días salía con Sandra, ya teníamos aproximadamente unos 7 meses juntos y era toda una hazaña para mí, ella se la pasaba diciéndome.
 
-Mi amor cuando vivamos juntos me encantaría tener una casa en al árbol, siempre fue mi sueño-mientras lo decía yo me imaginaba a la familia Ingalls.
 
-Sí mi amor- fue mi respuesta, inteligente a decir verdad.
 
Sandrita soñaba y en sus sueños estaba yo, me gustaba oírla cuando contaba todo lo que quería, todo lo que esperaba. Le encantaban los helados de vainilla, así de sencilla, nada complicada...como debería ser.
 
Aún cansado por aquella noche que tuve, me levante y comencé a cambiarme mientras miraba aquel cuadro sobre la cabecera de mi cama con aquella mirada acogedora, tierna pero firme, un cuadro de la virgen de Guadalupe hecho a mano que me lo dio un amigo, muy devoto de ella, hace algunos años atrás diciéndome.
-El día que te conviertas me lo devuelves- y le respondí con ingenuidad.
 
-Pucha eso quizás nunca llegue, no creo que llegue a ser tan comprometido con mi fé- respondiéndome al instante.
 
-Ya verás que si, lo sé- esa fue la última vez que lo ví.
 
Había quedado en encontrarme con mi enamorada, tenía que verla en tan solo unos minutos aquel día. Yo presuroso por darle el encuentro en el Jockey y no tener que recurrir a la vieja excusa ya conocida.
 
–Perdón mi amor…es que había un tráfico que no te imaginas..!!!–
 
Con su cara de palo, de brazos cruzados, con el moviendo típico de sus hermosos piececitos la vi a lo lejos, esperándome en nuestro lugar de encuentro de siempre, frente a Crisol.
 
–Hoy si que se arma, ya me jodí- y ahora que hago, que le digo, comencé a pensar, a tratar de que se me ocurra algo novedoso.
 
Mire a mi alrededor, busque en mis bolsillos y encontré dos cosas, mi billetera, en la que literalmente no encontraría nada dentro…y un lapicero con un papel, me senté en una banca que estaba por ahí cerca y sólo me deje llevar…

Hoy no quise despertar

Hoy me duele mucho el corazón
porque no la he visto,
hoy me duele mucho el corazón
porque no estás aquí a mi lado,
hoy me duele mucho el corazón
porque aún no me has llamado,
porque extraño mucho tu voz,
porque no escucho aquel reclamo tuyo
por saber que és lo que me ha pasado,
Porque hoy tú al voltear,
dirigiendo tu bella mirada para atrás,
no me has encontrado.

Pensando en mil cosas de seguro estarás...
...Tranquila mi bella princesa,
Tan solo tienes que preguntarme
Ya que con gusto te diré:

“...Solo pensando en ti
me dormí hoy,
Solo soñando contigo
Sin quererme levantar…"

Eso fue lo que paso hoy, solo eso,
un hermoso sueño,
en donde yo me encontraba a tu lado
en aquella hermosa casa del árbol,
en donde yo pude abrazarte
cuando el trueno rompió el silencio de tan bella noche,
en donde pude abrigarte para darte calor,
en donde pude amarte,
soñarte soñando,
y cuando aquel mal tiempo pase,
aún lo siga haciendo...
creo yo con más fuerza.

Dime si no es para seguir durmiendo...
Dime si no es para seguir soñando...
Dime ahora si yo no TE AMO.

Deje el lapicero a un lado, caminando presuroso me dirigí a ella, con papel en mano y poema plasmado en el…..¿poema? …mi mano se volvió un puño, conforme iba avanzando recordaba lo escrito, me sentía raro , extraño.
 
-Yo nunca... ¡No!, ¿Qué me pasa?- me dije.
 
-No soy así- palabras que retumbaban en mi cabeza mientras aquel viejo papel iba perdiéndose dentro de mi mano…sudaba, me temblaban la piernas, se me acelero el corazón…¿miedo?.
 
A lo lejos Sandrita me vio, aún seria ella. Llegue la mire a los ojos y dije.
 
–Perdón mi amor…es que había un tráfico que no te imaginas..!!–  a ella no le quedo más que mirarme y asentar con la cabeza diciendo.
 
-Sí mi amor, el tráfico esta horrible-

Mi primer poema, del cual nunca supo Sandrita, por mi miedo…¿miedo a que??? me preguntaba mientras hacíamos la cola para el cine…¿miedo a que????.

lunes, 4 de enero de 2010

UN DURO ENCUENTRO CON LA VERDAD

La lluvia caía como lagrimas esa noche...mientras cogía con fuerza el timón y apretaba el freno, empezaba a recordar los inicios de una época que creía olvidada...pero que en aquel momento aparecieron como episodios claros y vívidos recuerdos...muchos recuerdos.

Era ya más de medianoche, de verdad no sé lo que pensaba, tan sólo me importaba ese momento, tiré mi casaca sobre la mesa, me recosté en el sofá para saborear aquella noche, aquella placentera noche como yo solía llamarla, recordaba, con una sonrisa dibujada en los labios lo sucedido, agitación, adrenalina, aún adormecido por el licor y algo aturdido por el humo del cigarrillo, sí, eso, lo más saltante de esa noche, de pronto pasado unos minutos, todo, absolutamente todo paso.
Fue como si me encontrara volando y de pronto se me cayeran las alas... y yo con ellas -a decir verdad es un golpe duro el que uno suele darse cuando le suceden este tipo de cosas- y tan pronto como sucedió volvió aquella insatisfacción, que poco a poco se fue convirtiendo en tristeza, o ¿acaso será nostalgia?.
 
Hasta aquí nada fuera de lo normal, me levante prontamente y subí a mi cuarto, me quite la ropa, y ya tendido en la cama, cerré los ojos haciendo un esfuerzo para poder dormir y alejarme de aquel incomodo momento, pero sucedió lo que muy pocas veces solía hacer, abrí los ojos y eche una mirada a mi cabecera, levante la mirada buscando no se que, como si en mí hubiera un impulso de encontrarlo y verlo y llenarme con ello, la encontré y la mire, mire aquella imagen que con tanta ternura sus ojos dirigía hacia toda mi humanidad, no supe que hacer en ese momento trate de evadirlos pero aquellos ojos me penetraron y no conseguía alejarlos de mi mente, de pronto toda una carga de recuerdos embargaban mi alma y brotaban como manantial, tan claros y bellos pero a la vez con demasiada velocidad, trataba de que duren o que permanezcan eternamente, más, luego tan solo veo como una lagrima caía casi tímidamente de mis ojos.
Era una nueva experiencia en ese momento para mi, aquella lagrima me llevo a pensar y a realizarme una serie de preguntas tan serias como reales.

-¿Qué he hecho con mi vida? ¿Qué es lo que estoy buscando? ¿Esto es felicidad? ¿Acaso la felicidad dura tan poco y deja tanta insatisfacción?-

Creo que han sido las preguntas que hasta ese momento habían sido las mas profundas que me había hecho a mis 17 años.

-¿Qué es lo me pasa?- Me pregunte inmediatamente.

-Debe ser solo efectos de una mala combinación Químico-Emocional- me decía,  pero esa respuesta no me convenció ni me dejo satisfecho en lo absoluto, eran preguntas a las cuales yo le tenía horror y no pensaba ni quería respondérmelas nunca, pero a la vez sabia que ya llegaría el momento de afrontarlas, en realidad no tenía muchas opciones o era seguir huyendo de ellas o tomar al toro por las astas y afrontar lo que se venga, cerré los ojos y me quede dormido profundamente.

A la mañana siguiente me levante con algo de resaca, malhumorado aún, con ese mal sabor que deja una noche tan pasajera como las ilusiones que se despiertan al calor de las luces de colores, el ruido y toda una variedad de gente en busca de algo nuevo, algo que llene quizás el mismo vacío que buscaba llenar yo, ¿raro no?, pero cierto, y estoy seguro que son muchos los que sienten esa misma insatisfacción, esa sensación de vacío que deja esa agotadora noche, pero también son pocos los que realmente quieren ver en lo más profundo de su ser lo que realmente quieren y buscan incesantemente de mil y un formas.
 
Pero bueno esas son ya otras historias de personas no muy distintas en un inicio a mí, pero que se fueron volviendo realmente extrañas con el paso de los días ya que aún no vislumbraba lo que sucedería, como mi vida cambiaria repentina y vertiginosamente eso si que fue una aventura, la gran aventura de mi vida comenzaría y yo ni la percibía, pero a decir verdad creo que en el fondo la esperaba pero nunca supe de qué forma ni en qué momento aparecería y con el pasar de los años eso se torno una vaga esperanza.... sí... esperanza.