domingo, 31 de enero de 2010

UNA NUEVA OPCIÓN

Quince años, edad de decisiones, cambios, especialmente de cambios físicos.
Sí, acababa de dejar de ser aquel niño bajito, gordito, bromista e inquieto para ser todo lo opuesto, aunque en esencia seguía siendo el mismo. El cambio fue notorio y brusco, no me di cuenta como pasó, sólo ocurrió…el misterio de nuestra naturaleza.
A esa edad uno cree poder con todo, arremetes contra aquello que interfiera en tus planes o proyectos, muchos de ellos inalcanzables, inmediatamente hablando claro está, desafiante, ambicioso, el horizonte te queda chico, quieres cambiar el mundo… al menos eso me ocurría a mí.

Ya en ese tiempo giraba en mi cabeza la idea de ser militar, específicamente el de ser un oficial de la marina. Mi ritmo de vida comenzó a cambiar, empecé a hacer ejercicios, salía a correr, me levantaba temprano y me bañaba con agua fría por las mañanas, tenía que prepararme para cuándo llegara el momento.
Lo del agua fría era idea de mi papá, me decía:

-Quieres ser de la Marina, uhm, te van a sacar la mierda ahí, desde ahora acostúmbrate a bañarte con agua fría, porque te van a levantar a las 6:00 AM y tendrás que aventarte al mar a nadar… a ver si aguantas huevón.- siempre tan dulce de palabra él.
Nunca se lo tome muy enserio ese comentario, a pesar de ello hacía lo sugerido, no imagine que literalmente eso sucedería en un contexto no muy distinto…mi viejo el pitoniso.

En mi mente no cavia nada más, no habían más opciones, eso era lo que quería y era lo que alcanzaría a como de lugar. Nada me distraía de mi objetivo, no veía razones por la cual alguien me diga que no puede ser…y tampoco lo permitiría, eso era un hecho.
Obsesionado con la idea, cumplía un horario riguroso de ejercicios, dejaba aquel romance con las sabanas para ponerme el buzo y realizar mi rutina.
Era verano aún, acababa de hacerme aficionado al frontón, siendo los fines de semana mis mini torneos con la gente de “El Circulo”.
Javier, un hijo de japoneses al cual consideré en aquellos días como a un padre, me guiaba y orientaba en mis inicios dentro de aquel grupo juvenil. El buscaba hacer de mi una mejor persona, pero tarea difícil, mi comportamiento era aún el de un energúmeno.
Me habían separado de mi grupo inicial, ahora estaba solo, tenían que encontrar gente más acorde a mi edad. En el grupo anterior era un lunar, tenía ideas maduras, buscaba otras cosas, se me consideraba como mas profundo, por ello me promovieron.

En una de mis conversaciones con el chino, le comente mis deseos de ser militar, él, me miraba profundamente mientras veía con que ardor explicaba mi porque de esa elección. Al finalizar mi convincente discurso me dijo:

-Quiero que conozcas a un amigo y hables con él- siempre he sido muy curioso, así que indudablemente me genero expectativa aquel comentario.

Después de nuestras actividades dentro de “El Circulo” era muy común salir a tomar helados, nosotros teníamos un lugar en barranco, se llamaba “Siete Sabores”, una heladería muy buena, fue ahí donde por primera vez vi un helado de menta y donde la especialidad de la casa era “la montaña rusa”, un jarrón conformado por enormes bolas de helados, definitivamente la mayor atracción del lugar y sueño de todo niño hecho realidad.
Habría pasado alrededor de media hora desde que habíamos llegado, conversando de todo un poco cuando de pronto vi entrando al lugar a un personaje particular, de contextura gruesa, mediana estatura, con pinta de boxeador, llego en un auto lada perlado, tenía puesto un gorro muy curioso, que definitivamente no iba acorde con su edad, de mirada penetrante pero bonachona, aproximadamente de 20 años él, a quien con el tiempo le puse “Popeye” de cariño por el marcado grosor de sus brazos.
Cuando ingreso causo cierto revuelo entre los miembros de “El Circulo”. Todos se le acercaban y lo saludaban con fuertes abrazos y espaldarazos, el saludo clásico que se realizaba dentro del grupo. Era como un icono para el resto, debía de ser alguien importante por la aglomeración formada en aquella heladería, creo que había un aspecto que yo desconocía en ese momento. Sentado al lado del chino observaba todo lo ocurrido, después de unos minutos el chino se levanto y dijo.

-Ya llegó- se lo llevo a un lado a aquel personaje, conversaron un poco y mientras lo hacían veía como me miraban, definitivamente hablaban de mí, eso ni dudarlo, luego ambos se acercaron a la mesa.

-Te presento a Dante- fueron las breves palabras del chino, siempre fue breve, bastante concreto, distraído él, inteligente y un muy buen amigo en aquella época.

Dante, un ex cadete de la Marina, que se había retirado de la escuela de oficiales en su segundo año por un llamado particular, por vocación al menos eso decía. Dante no era cualquier tipo, el venia de una familia conformada por oficiales de la Marina, era la cuarta generación de oficiales, pero su generación se tomo un receso con él, yo diría que fue más que eso.

-Hola, ¿así que tú quieres ser de la Marina no? A ver dime ¿porque?- la pregunta directa insidiosa y creo que hasta perspicaz.

Le solté mis razones, fui claro, directo, pero no conciso, me explaye. No hablaba de cualquier cosa, hablaba de lo que quería ser, de mis anhelos, sueños, expectativas y de cuanto me había costado ir avanzando de a pocos. En ese momento tenia miles de preguntas para él, se las formule, le pedí que me explicara, que me contara, yo no sabia mucho sobre la vida de un marino, pero él a comparación mía sabia demasiado. Hablamos por horas, note como la nostalgia invadía cada una de sus palabras y expresiones, se apasionaba con lo que decía aunque por momentos trataba de relativizar uno que otro evento, todo ello era muy notorio, creo que Dante aún extrañaba aquella vida que dejo atrás…quizás solo era nostalgia…quizás no.

Después de unos minutos Dante arremetió con la siguiente pregunta:

-¿Pensaste en alguna otra posibilidad?- me dijo, a la cual respondí inmediatamente.

-No, esto es lo que quiero y voy a alcanzarlo- fue mi respuesta casi militante y mientras respondía soltó una carcajada muy grande, por un momento creía que se burlaba de mí, luego de ello retomo la conversación.

-Disculpa, me hiciste recordar a mí, cuando tenia exactamente tu edad, pensaba igual, muchas de las cosas que haces las hacia, ejercicios y todo, aunque veo que en mi si dio resultado- mirando sus casi deformes brazos y comparándolos con los míos que al lado de ellos eran risibles.

-Conozco a tu hermano, a Esteban, quiere ser cura ¿no? y a ti ¿eso no se te ha cruzado por la cabeza? ¿Sabias que no existe mucha diferencia entre la vida religiosa y la vida militar?-

-¿como así?-fue mi interrogante, creo que ya había captado más mi atención y fue cuando comenzó.

-En la vida militar te dan formación académica y física, ¿no es así?-

-así es- respondí.

-En la vida religiosa te dan una formación más completa, algo más integral, algo que no te dan en la vida militar, te dan una formación espiritual…bla bla bla…-

Una formación mas completa, mas integral, esas palabras retumbaron en mi cabeza, y pues sí, tenia toda la razón recordaba a Esteban y a sus once amigos, estudiando como locos para sacar un promedio superior a quince, levantándose cuando aún era de noche a romperla en ejercicios, trabajando apoyando al AAHH que los necesitaban, a ancianos, jóvenes y niños, niños como mi recordado “piquiriqui” a quien conocí mudo y hasta donde sé sus primeras palabras fueron…”...hermano Esteban..” grito guerrero porque no quería comer su sopa y necesitaba a su mejor aliado, a su amigo.
Por las noches su vida hecha oración, mucha mística, compartiendo lo realizado en el transcurso del día, sus éxitos y sus fracasos, y si uno caía, pues tenían a once más para apoyarlo, eran más que amigos, casi una familia…eran comunidad.

Durante el camino de regreso iba pensando todo aquello, acababan de romper mis esquemas, antes no existía ninguna posibilidad era un cuarto oscuro, pero ahora habían unas líneas brillantes, rayos de luz dentro de el, parecía el camino a una puerta, la cual solo tenia que empujar para ver un nuevo horizonte, uno no tan cerrado como el que venia viviendo.

Ya en la puerta de mi casa mi nuevo amigo, Dante, se despedía sacando de la guantera de su carro una imagen y entregándomela me dijo.

-El día que te conviertas me lo devuelves- y le respondí con ingenuidad

-Pucha eso quizás nunca llegue, no creo que llegue a ser tan comprometido con mi Fé.- respondiéndome al instante

-Ya veras que sí, lo sé-

Fue el día que en mí todo cambio, después de esa conversa no volví a ser el mismo, tenia una nueva opción y a pesar de estar en oposición a lo vivido por Esteban.

No iba a renunciar a mis planes, no me iba a dar por vencido…

-No, no puedo dudar ahora- fue lo que me dije, entre a mi cuarto mire mis paredes y justo sobre la cabecera de mi cama hallé un clavo en donde colgué aquella imagen observándola yo aún con misterio.

Aquel día fue mi primer paso, lo había decidido, me alejaría de “El circulo”.

lunes, 25 de enero de 2010

LA CASA DE LOS DOCE

Extrañaba a mi hermano es cierto, por eso lo visitaba con frecuencia. No llegaba a comprender aún el porqué se había ido.
Mis tiempos libres los aprovechaba en ir a verlo y mi madre aprovechaba para enviarme su ropa limpia y demás necesidades que mi hermano pedía. En ese momento era yo el intermediario….el mensajero.
Mis padres no lo visitaban, mi hermano menor tampoco, el único nexo que había entre él y mi familia era yo y bueno las llamadas telefónicas en las que Esteban hacia sus requerimientos a mi madre.
De mi casa a aquel populoso distrito era alrededor de una hora, me daban para el taxi, pero por mi afán ahorrativo, a decir verdad guardando un poco para mis próximas salidas con mis patas, me iba en micro. Cargando miles de cosas cual ekeko llegaba a mi destino. El sol arreciante, la pobreza y el pandillaje era lo más notorio de aquel lugar.
-Ta mare como Esteban llegó a parar aquí- me decía mientras caminaba por las arenosas calles.
-Buenas tardes hermanito- era el saludo de una anciana muy humilde, regalándome una noble sonrisa y continuando su camino.
-Buenas tardes- respondí sin comprender aún el porque me dijo hermanito mientras caminaba prontamente para llegar a mi destino. Conforme avanzaba por aquellas inclinadas calles vi unos rostros salir por las ventanas de aquellas rusticas viviendas, me miraban, sonreían…pero de pronto la sonrisa desaparecía, se ocultaban y cerraban sus ventanas, al instante volvían a salir y me miraban otra vez extrañados…no entendía porque lo hacían.
-Ahí está el hermanito- era el grito que oí a lo lejos.
De pronto una avalancha de niños venían hacia mí, era impresionante cuantos eran, eso me paralizo, no sabía qué hacer, para mi eran unos pirañitas.
Todo era gritos y polvo cuando estaban a tan solo unos metros se detuvieron me miraron y se fueron corriendo… menos uno…un pequeñín, quien se paro en frente mío por unos segundos y se sentó en el suelo…mirándome. Volví acoger mis cosas y continúe con mi marcha, sorteé a aquel niño quien en silencio se levanto y camino detrás mio.
Conforme avanzaba lo miraba y el a mi, no me temía, no le daba vergüenza, él era distinto a los otros niños, le decían “piquiriqui” que traducido del quechua al castellano significa “pulguita de arena” y a decir verdad lo describía perfectamente dentro de su contexto.
A los pocos minutos me veía perdido, no sabía a dónde ir, nunca antes había ido sólo, era la primera vez. Me senté al borde de un muro que se encontraba cerca, y miré alrededor, no había nadie, éramos solo el sol, la arena y aquel niño.
-Hola, ¿cómo te llamas?- le dije sin encontrar respuesta alguna, solo sonreía.
-¿vives por aquí?- la misma actitud, sin respuesta, de pronto dejo de mirarme y se puso a jugar en la arena.
-¿Dónde estoy?- era uno de esos momentos en los que te dices -hoy no debí haber salido de casa…- se hacía de noche y el lugar era desolado y peligroso, de pronto el pequeño tirando de las cosas que llevaba me comenzó a guiar, viendo a lo lejos mi lugar de destino…“la casa de los doce”.
La casa de los doce era un pequeño espacio en donde habitaban doce muchachos, muy distintos en realidades uno del otro, pero con un característica en común…aspiraban a una vida religiosa, una vida religiosa dentro de “LA ORDEN”.
Ellos de una forma devota y muy ascética, a decir verdad, vivían de la caridad de quienes prestos se solidarizaban con ellos… la más solidaria y única persona que yo recuerde… mi madre.
Ella enviaba toda clase de víveres, velaba por la subsistencia de su hijo y en verdad que lo hacía bien, porque al parecer había adoptado a once muchachos más.
Los doce esperaban anhelantes ser considerados como miembros de "La Orden", por sus meritos, su esfuerzo, exigencia y radicalidad. El estilo de vida que llevaban no era muy adecuado por llamarlo así, eran doce en un solo cuarto, compartían la ducha, todo era muy reducido, pero ahí se acomodaban. Trabajaban con el pueblo, daban charlas, apoyaban a la parroquia, daban apoyo espiritual y dictaban clases a los niños, siendo mi hermano Esteban el encargado de aquellos pequeños salvajes a quienes trataban de encaminar.
-Oye eres igualito a Esteban- decían los miembros de la casa.
-Sólo que este si creció- era el comentario de uno de ellos, despertando las carcajadas de todos y mi hermano con ellos.
-Oye, nunca vengas a estas horas es muy peligroso por acá, no eres de la zona, tuviste mucha suerte ..de verdad- me dijo mi hermano.
-él me trajo- les dije, señalando a “piquiriqui”, quien al verlos corrió y se puso a jugar con ellos.
El más pequeño de la tropa de linchamiento, me guio y dejó en el lugar correcto, sin pronunciar palabra alguna, solo con una sonrisa…una muy pequeña que nunca olvidaré.

Gracias “piquiriqui”…donde quiera que estés.

martes, 19 de enero de 2010

EL CIRCULO

Tenía doce años, estudiaba en un colegio particular religioso, uno muy tradicional, toda mi vida, bueno hasta ese entonces, para mí, doce años era toda una vida.
Mi madre una mujer muy devota, católica en extremo, su gran sueño…tener un hijo cura… sueño casi cumplido por mi hermano mayor que desistió de la vocación religiosa por el amor…el amor de su vida creo yo, quien ahora es su esposa.
Esto fue una estocada para ella porque esperaba que su única esperanza de corrección y virtud sin igual, así lo percibía mi madre, era el candidato ideal para aquel llamado tan especial…al menos eso creía.
La relación entre mi madre y yo nunca fue muy buena, ella sobreprotectora a morir, mujer exigente, poco condescendiente, sin muestras de afecto notable, pero dedicada a sus hijos y a su vida familiar. Siempre creí, y sin temor a equivocarme, que ahí se perdió una gran vocación... mi madre una monja en potencia.
Por otro lado mi padre un hombre inteligente, cariñoso, juguetón, muy creativo, estricto en cuanto a normas se refería, temperamental, de ideas claras, algo terco y obstinado pero siempre un gran padre.

En una familia no existe la perfección… de tres hermanos hombres, tenía que ser yo el del medio, el hijo sándwich, el rebelde, la oveja negra, como me llamaban en aquella época.
En mi afán de ser distinto a mis hermanos, buscaba ser bueno en algo que ellos no destacaran tanto, ello me empujo a ser mucho más independiente del resto.
Mis hermanos, brillantes estudiantes, siempre ocupando los primeros puestos, mi madre orgullosa, yo en cambio, no buscaba complacerla, ese era mi fin último. Por mi parte buscaba destacar en los deportes, específicamente en los deporte de contacto, fue ahí cuando descubrí mi pasión por las luchas y mi potencial de chapulín colorado, defensor de los oprimidos y de mis hermanos.

Por aquel entonces Esteban, nombre de mi hermano mayor, participaba en todo evento juvenil católico que se le pusiera en frente, ya con cierta inclinación por la vida religiosa, pero sin un grupo de orientación hasta ese momento en concreto, llego a parar a un evento para colegios católicos, fue ahí donde se vinculó a un grupo denominado “El circulo”.

“El Circulo” un grupo católico fuera de lo común para aquella época, conformado por jóvenes con visiones innovadoras, cuestionadores existenciales, que compartían un ideal en común. Fue ahí donde conocí a una variedad de personajes, muy buenos tipos ellos en su mayoría.

Mi vida en aquellos tiempos giraba en torno a las pichangas en la pista de mi cuadra, el karate, dibujos en la tele y el béisbol de los sábados. De pronto todo cambio, Esteban nos lleva para integrarnos y participar de aquellas reuniones que una vez por semana se daban en un local no muy lejos de mi casa. Mi primo Juan, el más palomilla y suspicaz de todos, siempre con sus comentarios nos dijo alertándonos.
-Muchachos, ¿creo que nos quieren hacer el apostolado?- estaba en lo cierto, porque no pasaron más de dos semanas y ya estábamos ahí dentro con ellos.

Ya habían pasado dos años desde aquel primer encuentro con “El circulo”, vinculados y asiduos participantes, yo, inmerso en medio de ellos.
Mi permanencia con ellos tenía dos motivaciones, la primera de ellas, me gustaba estar ahí, aprendía y me integraba con facilidad a su estilo muy particular con el cual yo me identificaba de forma muy marcada y la última, creo la más importante, mi hermano Esteban.
Esteban ya había abandonado el nido, fue a vivir con unos amigos para profundizar los aspectos de su vocación, con la bendición de mi madre y la indiferencia de mi padre…se fue.

Yo en cambio no me mostraba de acuerdo con aquella opción, mi hermano mayor, se había ido y de pronto note algo…realmente lo extrañaba.
Nunca me había dado cuenta que tan importante era para mí el tenerlo cerca, nunca fuimos los mejores amigos, pero era mi modelo a seguir, y que yo recuerde hizo su trabajo como hermano mayor, me pego, me protegió un par de veces cuando era pequeño y me encontraba en notoria desventaja, me decía donde, que tipo de ropa y marca me debía comprar, la música que tenía que escuchar…en fin era su deber …era “El mayor”.

Recuerdo claramente las reuniones familiares en la casa de la abuela en donde se reunían todos mis tíos y primos mayores.

-Y tío, ¿Que fue de Esteban?, ¿De verdad que se va hacer cura?- era la pregunta insidiosa de uno de mis tantos primos.

-No sé, no me importa, en mariconadas no me meto- era la respuesta de mi padre, yo al lado asentaba con la cabeza, incomodo por la situación que mi hermano vivía en aquella época y apoyando la opinión de un padre temperamental, conservador y negado a la posibilidad que su hijo no sea como él quería, como él esperaba, en realidad creo que lo que le jodía era que mi hermano no sea como “él”, el vivo, el mosca…el pendejo.

-Y tú primo, ¿no te vayas a meter en esa vaina?- lo decía mientras me metía un ligero lapo en la cabeza.

-ESTAS HUEVÓN?, YO, NI CAGANDO, ¡¡esa vaina es para rosquetes, no para mí!!- la risa se apodero del lugar, mi postura reacia hacía elevar la testosterona en aquel ambiente, era como estar en una cueva, vestidos con pieles, alrededor del fuego …éramos unos neandertales.

...nunca escupas al cielo....

sábado, 16 de enero de 2010

LA DESPEDIDA...UN PROLONGADO ADIOS

Nunca en mi vida había visto a alguien así.
Con la expresión totalmente desencajada, Sandrita, no sonreía, no lloraba, no estaba molesta…-¿aún estará viva?- me decía a mí mismo, cuando de pronto esa inexpresión dio forma.
-ESTAS LOCO!!!! QUE TE PASA!!!! PUTA MADRE…¿de dónde sacaste eso? ¿Qué tienes en la cabeza? ¿De dónde sacas tanta estupidez?-
Nunca la había visto en ese estado, no esperaba una reacción como esa, ingenuo yo, creía que era una chica de “el circulo” si quizás eso…olvide por completo que hablaba con mi enamorada, con la chica a quien quería un montón, de quien me enamore, la chica con quien tenía planes, proyectos, sueños…una vida juntos.
-Lo sabía, algo dentro de mí me lo decía…Te dije que no me agradaba la idea que vuelvas a ver a esos amigos tuyos, lo sabía, lo sabía, nunca te van a dejar en paz- mientras me decía aquellas palabras cogía mi mano con mucha fuerza…hizo una pausa, me miro y continuo.
-Quítate eso de la cabeza…me tienes a mí…mírame…… tú no sirves para eso, no estás hecho para eso, yo soy para tí y tú para mí…no existe más nada, solos los dos tú y yo-
-¿No estoy hecho para eso?, ¿yo no sirvo para eso?- eran las únicas frases que retumbaban en mi cabeza.
Lo que era duda y pena en ese momento, se torno en seguridad, firmeza, confianza…convicción.
-Es lo que tengo que hacer Sandra, dame un tiempo, será sólo un par de meses a lo mucho, se aclarara todo y volveremos a estar juntos…Te lo prometo!!-
Sandra me miro a los ojos…y me dijo…
-Sé que no podré hacerte cambiar de opinión… sé que no volverás si te vas…¡¡¡¡TENGO MIEDO!!!- en ese instante ví como sus ojos se inundaban…

Sandrita era la chica más dulce, de una encantadora mirada, juguetona, detallista, inteligente…la chica perfecta.
La conocí de la manera más particular.
Ella estudiaba al frente de donde yo vivía, en un colegio de esos que parecen casa y todos los alumnos están ahí metidos como hamsters.
Un día caminando con mis amigos cruzamos miradas, la salude con un ligero movimiento de cabeza y ella solo atino a sonreír… fue ahí donde todo comenzó.

Ese día, Sandrita lloro, lloro hasta que no le salía una lágrima más…yo parado al lado …solo la miraba sin saber que hacer…tenía ganas de abrazarla, de decirle que se calmara que todo iba a estar bien…pero en ese momento atine a cerrar los puños y quedarme ahí…quieto al lado de ella sin inmutarme.

La acompañe hasta dejarla cerca a su casa. Durante el trayecto todo era silencio..un silencio extraño..el silencio de una noche..el silencio de un adiós..
-Te dejo aquí- le dije.
Sandrita, en un rápido movimiento me abrazo y me sujeto con fuerza diciendo.
-No quiero perderte…TE AMO!!!-
Nunca lo había oído, nunca me lo había dicho y no me lo esperaba en ese momento pero movió todo dentro de mí.
Por un instante pensé olvidarme de todo y quedarme eternamente entre sus brazos, sintiendo su respiración, escuchando el latido fuerte y acelerado de su corazón, pero en ese momento atine a abrazarla también, le di un tierno beso en la frente, la aleje sutilmente de mí, me di media vuelta y me fui…sin mirar atrás…
-Nunca voltees cuando te vas…nunca mires atrás, nunca- eran las palabras que me decía a mi mismo mientras me alejaba.

lunes, 11 de enero de 2010

EL COMIENZO...MI PRIMER PASO

Habían pasado ya algunas semanas desde lo ocurrido, desde mis cuestionamientos, desde aquel poema nunca entregado.

Sandrita había ido a visitarme como era habitual, yo estaba tirado en mi mueble, postura común cuando estoy en casa, dándole vueltas a los últimos acontecimientos ocurridos en mi interior…en mi mente… en mi corazón… la nostalgia me invadía…una nostalgia que ha decir verdad me inundaba y me embargaba.
 
En mi divagar mental no me había percatado que Sandrita me observaba, ella siempre en todas.
 
Veía atentamente como jugueteaba con mi cabello, le daba vueltas y vueltas entre mi dedo, haciendo uno que otro nudo, actitud indudable que algo pensaba, que algo me rondaba.
 
En aquel instante Sandra hablaba con mi mamá, haciéndole la patería, buscando arrancarle una sonrisa… era su aliada, le convenía tenerla de su lado, porque así mi madre me tendría entre ceja y ceja, sin permitirme, o al menos intentar evitar, mis famosísimas salidas a horas no adecuadas con las personas menos indicadas. Pero ahora eso ya no le preocupaba, me notaba distinto desde hace algún tiempo y no era lo de siempre…era algo…algo nuevo ó quizás viejo, pero que la inquietó.
 
-¿Vamos mi amor?, acompáñame a mi casa porfis ya mi amor si, si, si?- en ese instante dí un salto y me dije a mi mismo. –Es hoy o nunca.-
 
-Ok, mi amor, ¡Má ya vengo!- fue mi grito nada discreto y que usualmente era el estilo de comunicarnos en mi casa.
 
-Ve con Dios hijito, ¡Y NO VENGAS TARDE!, saludas a tu mami Sandrita- dijo mi mamá.
 
-Ya señora, gracias, me despide de todos- fue la respuesta inmediata de Sandra, tan cortes, tan linda, tan patera…

En el camino el silencio se imponía, ella sujetaba mi mano, y la sentía intranquila, creo que no sabía cómo abordarme pero lo hizo.
 
-Mi amor ¿Qué tal el trabajo? ¿Todo bien?-
 
-Sí mi amor todo bien, algo ajetreado y preocupado con los cursos pero bien -respondiéndole en automático.
 
Yo, en aquel entonces, joven estudiante de Administración de Empresas, laborando en el sector industrial, no faltaba mucho para terminar mi carrera y era Asistente de Producción desde hacía casi un año aproximadamente, el puesto soñado para cualquiera dentro de mi rama.
Mi futuro se veía prometedor, lleno de ambiciones, al menos yo lo notaba así.
 
Dentro de todo con Sandra íbamos bien a mi corta edad ya se había hablado de matrimonio, de formalizar, sentía ya parte de mi vida hecha.
 
-Sandra, siéntate quiero hablar contigo- vi los ojos de Sandra que trataban de mostrar tranquilidad y atención, pero era lo que ella trataba y no lo que vivía o sentía en ese momento.
 
-Quiero contarte algo, hace ya algún tiempo, hay ciertas ideas que rondan mi cabeza, cosas que no he aclarado, por miedo, porque de una u otra manera me confunden, pero creo que ya es hora de afrontarlas.- dije.
 
Sandra me miraba consternada, intrigada, con miedo…y me dijo:
 
-Sabes no te entiendo ni un carajo, dime qué pasa, dímelo de una vez y déjate de tonterías…¡con quien estas saliendo!…dímelo de una vez, no soy ninguna estúpida.- vociferaba.
 
-A ver, en primer lugar, no soy tu brother de la esquina para que me hables de esa forma, o te calmas o me largo- yo totalmente enojado, echando chispas me levante de la banca y daba pasos cortos y presurosos, cual león enjaulado.
 
-Puedes dejarme terminar, no te voy a decir cualquier estupidez, lo que te voy a decir es muy importante para mí y quiero que lo entiendas.- dije tratando de no ofuscarme más.
 
Tome la pausa más grande, que en aquel momento se volvió eterna, no sabía por donde comenzar, trataba que entienda...no quería confundirla.

-Sandra creo que tengo vocación.... ¡¡QUIERO SER CURA…!!-

viernes, 8 de enero de 2010

EL PRIMER POEMA...MI POEMA

Por aquellos días salía con Sandra, ya teníamos aproximadamente unos 7 meses juntos y era toda una hazaña para mí, ella se la pasaba diciéndome.
 
-Mi amor cuando vivamos juntos me encantaría tener una casa en al árbol, siempre fue mi sueño-mientras lo decía yo me imaginaba a la familia Ingalls.
 
-Sí mi amor- fue mi respuesta, inteligente a decir verdad.
 
Sandrita soñaba y en sus sueños estaba yo, me gustaba oírla cuando contaba todo lo que quería, todo lo que esperaba. Le encantaban los helados de vainilla, así de sencilla, nada complicada...como debería ser.
 
Aún cansado por aquella noche que tuve, me levante y comencé a cambiarme mientras miraba aquel cuadro sobre la cabecera de mi cama con aquella mirada acogedora, tierna pero firme, un cuadro de la virgen de Guadalupe hecho a mano que me lo dio un amigo, muy devoto de ella, hace algunos años atrás diciéndome.
-El día que te conviertas me lo devuelves- y le respondí con ingenuidad.
 
-Pucha eso quizás nunca llegue, no creo que llegue a ser tan comprometido con mi fé- respondiéndome al instante.
 
-Ya verás que si, lo sé- esa fue la última vez que lo ví.
 
Había quedado en encontrarme con mi enamorada, tenía que verla en tan solo unos minutos aquel día. Yo presuroso por darle el encuentro en el Jockey y no tener que recurrir a la vieja excusa ya conocida.
 
–Perdón mi amor…es que había un tráfico que no te imaginas..!!!–
 
Con su cara de palo, de brazos cruzados, con el moviendo típico de sus hermosos piececitos la vi a lo lejos, esperándome en nuestro lugar de encuentro de siempre, frente a Crisol.
 
–Hoy si que se arma, ya me jodí- y ahora que hago, que le digo, comencé a pensar, a tratar de que se me ocurra algo novedoso.
 
Mire a mi alrededor, busque en mis bolsillos y encontré dos cosas, mi billetera, en la que literalmente no encontraría nada dentro…y un lapicero con un papel, me senté en una banca que estaba por ahí cerca y sólo me deje llevar…

Hoy no quise despertar

Hoy me duele mucho el corazón
porque no la he visto,
hoy me duele mucho el corazón
porque no estás aquí a mi lado,
hoy me duele mucho el corazón
porque aún no me has llamado,
porque extraño mucho tu voz,
porque no escucho aquel reclamo tuyo
por saber que és lo que me ha pasado,
Porque hoy tú al voltear,
dirigiendo tu bella mirada para atrás,
no me has encontrado.

Pensando en mil cosas de seguro estarás...
...Tranquila mi bella princesa,
Tan solo tienes que preguntarme
Ya que con gusto te diré:

“...Solo pensando en ti
me dormí hoy,
Solo soñando contigo
Sin quererme levantar…"

Eso fue lo que paso hoy, solo eso,
un hermoso sueño,
en donde yo me encontraba a tu lado
en aquella hermosa casa del árbol,
en donde yo pude abrazarte
cuando el trueno rompió el silencio de tan bella noche,
en donde pude abrigarte para darte calor,
en donde pude amarte,
soñarte soñando,
y cuando aquel mal tiempo pase,
aún lo siga haciendo...
creo yo con más fuerza.

Dime si no es para seguir durmiendo...
Dime si no es para seguir soñando...
Dime ahora si yo no TE AMO.

Deje el lapicero a un lado, caminando presuroso me dirigí a ella, con papel en mano y poema plasmado en el…..¿poema? …mi mano se volvió un puño, conforme iba avanzando recordaba lo escrito, me sentía raro , extraño.
 
-Yo nunca... ¡No!, ¿Qué me pasa?- me dije.
 
-No soy así- palabras que retumbaban en mi cabeza mientras aquel viejo papel iba perdiéndose dentro de mi mano…sudaba, me temblaban la piernas, se me acelero el corazón…¿miedo?.
 
A lo lejos Sandrita me vio, aún seria ella. Llegue la mire a los ojos y dije.
 
–Perdón mi amor…es que había un tráfico que no te imaginas..!!–  a ella no le quedo más que mirarme y asentar con la cabeza diciendo.
 
-Sí mi amor, el tráfico esta horrible-

Mi primer poema, del cual nunca supo Sandrita, por mi miedo…¿miedo a que??? me preguntaba mientras hacíamos la cola para el cine…¿miedo a que????.

lunes, 4 de enero de 2010

UN DURO ENCUENTRO CON LA VERDAD

La lluvia caía como lagrimas esa noche...mientras cogía con fuerza el timón y apretaba el freno, empezaba a recordar los inicios de una época que creía olvidada...pero que en aquel momento aparecieron como episodios claros y vívidos recuerdos...muchos recuerdos.

Era ya más de medianoche, de verdad no sé lo que pensaba, tan sólo me importaba ese momento, tiré mi casaca sobre la mesa, me recosté en el sofá para saborear aquella noche, aquella placentera noche como yo solía llamarla, recordaba, con una sonrisa dibujada en los labios lo sucedido, agitación, adrenalina, aún adormecido por el licor y algo aturdido por el humo del cigarrillo, sí, eso, lo más saltante de esa noche, de pronto pasado unos minutos, todo, absolutamente todo paso.
Fue como si me encontrara volando y de pronto se me cayeran las alas... y yo con ellas -a decir verdad es un golpe duro el que uno suele darse cuando le suceden este tipo de cosas- y tan pronto como sucedió volvió aquella insatisfacción, que poco a poco se fue convirtiendo en tristeza, o ¿acaso será nostalgia?.
 
Hasta aquí nada fuera de lo normal, me levante prontamente y subí a mi cuarto, me quite la ropa, y ya tendido en la cama, cerré los ojos haciendo un esfuerzo para poder dormir y alejarme de aquel incomodo momento, pero sucedió lo que muy pocas veces solía hacer, abrí los ojos y eche una mirada a mi cabecera, levante la mirada buscando no se que, como si en mí hubiera un impulso de encontrarlo y verlo y llenarme con ello, la encontré y la mire, mire aquella imagen que con tanta ternura sus ojos dirigía hacia toda mi humanidad, no supe que hacer en ese momento trate de evadirlos pero aquellos ojos me penetraron y no conseguía alejarlos de mi mente, de pronto toda una carga de recuerdos embargaban mi alma y brotaban como manantial, tan claros y bellos pero a la vez con demasiada velocidad, trataba de que duren o que permanezcan eternamente, más, luego tan solo veo como una lagrima caía casi tímidamente de mis ojos.
Era una nueva experiencia en ese momento para mi, aquella lagrima me llevo a pensar y a realizarme una serie de preguntas tan serias como reales.

-¿Qué he hecho con mi vida? ¿Qué es lo que estoy buscando? ¿Esto es felicidad? ¿Acaso la felicidad dura tan poco y deja tanta insatisfacción?-

Creo que han sido las preguntas que hasta ese momento habían sido las mas profundas que me había hecho a mis 17 años.

-¿Qué es lo me pasa?- Me pregunte inmediatamente.

-Debe ser solo efectos de una mala combinación Químico-Emocional- me decía,  pero esa respuesta no me convenció ni me dejo satisfecho en lo absoluto, eran preguntas a las cuales yo le tenía horror y no pensaba ni quería respondérmelas nunca, pero a la vez sabia que ya llegaría el momento de afrontarlas, en realidad no tenía muchas opciones o era seguir huyendo de ellas o tomar al toro por las astas y afrontar lo que se venga, cerré los ojos y me quede dormido profundamente.

A la mañana siguiente me levante con algo de resaca, malhumorado aún, con ese mal sabor que deja una noche tan pasajera como las ilusiones que se despiertan al calor de las luces de colores, el ruido y toda una variedad de gente en busca de algo nuevo, algo que llene quizás el mismo vacío que buscaba llenar yo, ¿raro no?, pero cierto, y estoy seguro que son muchos los que sienten esa misma insatisfacción, esa sensación de vacío que deja esa agotadora noche, pero también son pocos los que realmente quieren ver en lo más profundo de su ser lo que realmente quieren y buscan incesantemente de mil y un formas.
 
Pero bueno esas son ya otras historias de personas no muy distintas en un inicio a mí, pero que se fueron volviendo realmente extrañas con el paso de los días ya que aún no vislumbraba lo que sucedería, como mi vida cambiaria repentina y vertiginosamente eso si que fue una aventura, la gran aventura de mi vida comenzaría y yo ni la percibía, pero a decir verdad creo que en el fondo la esperaba pero nunca supe de qué forma ni en qué momento aparecería y con el pasar de los años eso se torno una vaga esperanza.... sí... esperanza.