Con mil ideas en la cabeza y sin querer resignarme, trataba de encontrar alguna estrategia para poder lograr mi cometido y así realizar lo que más anhelaba…aún no quería tirar la toalla con mi opción.
Mi padre, sí, el tipo más afectuoso cuando de buen humor se encontraba y el más duro y directo cuando había que decir las cosas, bueno él no las decía las vomitaba, me había bajado de mi nube, ya me había dicho que no ante mi deseo y única opción en aquel momento de desarrollo profesional.
Durante dos días no dormí, daba vueltas en mi cama, preocupado por lo que sería de mi vida…mi futuro.
Mi padre quería ya romper la dependencia económica entre nosotros y él, al ver mi insistencia y mi mala cara por la negativa obtenida, me propuso lo que para mí era el escape ante una situación y creyendo que yo era cualquier ingenuo me lanzó la propuesta más tonta oída en toda mi vida.
Por aquella época estaba ya tramitando mi Boleta militar, las largas colas para pasar las diversas etapas para lo que era primero la adquisición de dicho documento y luego el canje por las boleta rosada o blanca.
Si te tocaba la rosada a rezarle a todos los santos o buscar entre la familia alguna vara que te ayude, si te tocaba la blanca respirabas tranquilo y continuabas tu vida normal procediendo con el último tramite que era el canje de la libreta militar.
Con un grupo de más de mil jóvenes, yo en la fila de una interminable cola en el callao, me tocaba saber cuál era mi suerte, parado frente a aquel Soldado, el cual me miro y dijo.
-A ver que tenemos aquí- mirando la boleta que me entregaría.
-Uy, bienvenido, creo que nos vamos a ver más seguido…¡¡PERRO!!- alcanzándome la boleta rosada, sí aquella en donde tienes que regresar para el famosísimo examen médico y luego del mismo ser parte de lo que en aquella época era el Servicio Militar Obligatorio.
-¿perro?- Sabía lo que significaba en el lenguaje militar, pero aquel enano prieto no me insultaría y se iría sin ningún comentario o acto mío, lo mire y mientras me acercaba cada vez más a la ventanilla, le hablaba casi susurrándole, para que otros no oyeran.
-Mira concha tu madre, ¿ves a aquel comandante parado por allá?- señalando yo a un oficial que divisaba a lo lejos.
-Ese es mi viejo, ¿Quieres que lo llame?… ahora dime quien es el…¡¡PERRO!!- aquel soldado se puso blanco, habían miles de oficiales alrededor y cada uno con su ahijado, no podía dudar de mi comentario, porque eso era algo común en aquel entonces, me la jugué y logré mi cometido.
Me entregó inmediatamente mi boleta que no había cambiado de color y seguía siendo rosada.
En posición de firmes, mordiendose la lengua y con una mirada que mataría a cualquiera dejé a aquel pequeño y faltoso soldadito quien por el rabillo del ojo me seguía con la mirada.
Ya en casa, hago el comentario sobre mi enorme preocupación.
-Me dieron la boleta rosada, tengo que pasar el examen médico- mientras todos en el comedor me observaban, mis hermanos algo alarmados, yo con expectativas continuaba con el diálogo iniciado.
-yo sé que si voy a hacerlo me quedo dentro- mi viejo me miró y dijo.
-Pero fácil pues hijo, ¿no quieres ser de la Marina? entras a hacer tu servicio militar y luego te reenganchas.-
El reenganche… la ilusión de todo frustrado militar ya sea por temas intelectuales o económicos, que es realizable pero sólo a nivel técnico y de tercera.
Después de ese comentario me di cuenta que no podía poner en las manos de nadie mi destino, era yo mismo quien tenía que moverse y buscar opciones.
Encontrándome en estado de omiso por no asistir al examen médico y por consecuencia indocumentado, tuve que tramitar por lo bajo mis papeles, sí, nunca fui a dar aquel examen y arreglar ese tema resulto carísimo.
Ya desde algunos años el Judo se había convertido en una de mis pasiones. A este deporte le dedicaba toda mi atención y esfuerzo, pero ya no disponía del tiempo…acababa de ingresar.
Presionado porque tenía que definir mí futuro, término postulando con los ojos cerrados a Administración empezando una nueva etapa en mi vida. Al realizar los trámites de matrícula y ver mi horario veía que no faltaría mucho para dejar de lado aquel deporte.
De esta etapa podría mencionar mi último torneo, el metropolitano, era el verano del 97, en categoría libre me había ido muy bien, estaba en semifinales y me tocó luchar con un niño de 15 años, al verlo ya me sentía en la final, él, con mayor experiencia dentro del ámbito de torneos y de cinturones más avanzados que yo, lo cual no me preocupaba, me sentia confiado, seguro…quizás lo subestime.
No fue la pelea de mayor técnica observada, el niño inteligente y hábil atinó solo a evitarme y defenderse, la pelea duro un poco más del promedio normal, pero mi exigencia se triplicaba porque sentía que estaba en la obligación de ganar por ser mayor que él.
La lógica rompía una vez más mis esquemas, mi estilo de vida no era en aquella época el más adecuado, mis salidas nocturnas y las juergas pues comenzaban a pasar factura.
Mis esfuerzos y desgaste de energía fueron insuficientes…me ganó.
Yo sin aliento…tirado en el suelo, no podía más y me declaré vencido.
Fue un niño de quince años quien me ganó, fue la pelea en donde no ganó ni la técnica, ni la fuerza…ganó LA ASTUCIA.
martes, 23 de marzo de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
MI ÚLTIMA PELEA FRATERNA
Esteban volvía a la casa, una buena nueva para mí, pero noticia casi infartante para mis viejos y en especial para mi madre, esa fue la herida que demoró en cerrar, su hijo, sí, el virtuoso Esteban, retornaba al nido sin pena ni gloria…
-Anda huevón ¿de verdad?, no jodas, ya pues chévere, ¿cuando vuelves?- yo el primero en enterarme, emocionado porque regresaba mi hermano, mi mejor amigo. Pero lo que no me había percatado es que el tiempo pasa y con ello las personas cambian, yo ya no era el niño de antes y Esteban tampoco.
-Regreso mañana, pero chiton, no digas nada a nadie, yo lo haré a su debido momento- ¿a su debido momento?...eso será en ¿cinco, diez minutos?...me decía, pero bueno eso no importaba, regresaba y todo volvería a ser como antes, al menos eso creía.
Esteban había cambiado, es cierto, con más criterio, pero aún con mucho por madurar, sí, aún le faltaba mucho, se la había llevado fácil, pues aún roto del todo no estaba el cordón umbilical, sobreprotegido por mi madre desde su alejamiento y el poco esfuerzo que tenía que hacer para cubrir sus necesidades limitaron su liberación del regazo materno.
El primer cambio sufrido, me boto de lo que hace algunos años era su cuarto.
-Ya, fuera mierda, desocupa mis cajones y llévate tus cosas- Esteban conflictuado por su retorno, con la pierna en alto me desalojó, yo, molesto por tal hecho y con sentimiento de venganza por aquel trato pinte su puerta con corrector liquido, grabando un sin número de frases sin sentido que a la fecha aún permanecen ahí, ese su regalo de bienvenida...ese su saludo al volverme a ver.
Pero su retorno no era la única novedad, Esteban aún no había contado todo, tenía dos noticias más, una de ellas era que estaba con enamorada, lo cual si fue una sorpresa y de quien aún no pensaba hablar y la otra novedad era que lo habían triqueado en la universidad, Esteban expulsado de la pontificia, noticia que no agradaría a mi viejo.
A raíz de la partida de mi hermano mayor, yo, me volví un usurpador, tome el mando de una jerarquía que no me correspondía, durante todo ese tiempo, alguien tenía que llevar las riendas y me vi como el más indicado.
La ausencia de Esteban me llevo a interactuar con Bernardo, mi hermano menor, fue ahí donde mi vida se bifurca.
La relación que tenía con Bernardo era muy distinta a la que tenía con Esteban, a Bernardo la indiferencia y la autosuficiencia lo embargaba, él, era el todopoderoso, el perfecto, a quien nada se le podía decir, a quien se le permitía todo y a quien uno le tenía que pedir permiso para si quiera pisar su cuarto.
Las peleas entre nosotros, como en cualquier familia, eran inevitables.
Picón de naturaleza, arrebatado, poco tolerante, no me gustaba perder, gritón y alborotador…eran algunas de mis características desde muy pequeño y eso a muchos no le venía bien.
Siempre cuando se daba una trifulca interna, en la cual mis primos también se encontraban inmersos, yo salía perdiendo, y no por mis primos, si no por mis hermanos, quienes los defendían y me pegaban. Frente a estos actos yo nunca reaccionaba, nunca, hasta que ocurrió… mi yo salvaje salió a relucir con quien menos debí.
Por razones de reestructuración mi cuarto se encontraba en mantenimiento y temporalmente me enviaron al cuarto de Bernardo sin más que una sabana, almohada y una cama plegable. Fue un verano, lo recuerdo bien y como olvidarlo... Bernardo limpiando su cuarto me bota mientras hacia yo una siesta.
-Ya, ya, ya, sal de mi cuarto que estoy ordenando- me dijo, lo mire y Salí del mismo. Luego, cuando terminó, volví a entrar y me recosté en mi vieja cama temporal.
-Oe, ¿Quien te dijo que entres?¡¡SAL DE ACÁ!!- lo mire y con una sonrisa le dije
-No, no me voy- respuesta que enfureció a Bernardo caminando hacia mí, yo, de manera inmediata me puse de pie y lo esperé.
-Sal huevón de mi cuarto- y con un peine en la mano manejándolo como navaja, cual piraña, intento pasármelo por la cara, lo esquive y lo empuje.
Bernardo, totalmente descontrolado, arremetió con un puñete y una patada a la vez, con un ligero y rápido movimiento, retrocedí esquivándolo y por instinto arremetí contra él derribándolo con un certero golpe en el rostro,Lo vi caer y me fui.
No vi donde lo golpee, solo lo vi caer, cuando al rato oí en el baño.
-¡¡CARAJO…ME CAGASTE!!- eran las palabras de Bernardo, su voz quebrada me inquietó y me llevó a ver qué era lo que pasaba.
La escena fue escalofriante, vi un camino de sangre que salía del cuarto de mi hermano, llego al baño y encuentro un gran charco de sangre en todo el piso; lo observo y desfigurado él, doy un diagnóstico inmediato sin ser médico: "Tabique fracturado y una hemorragia de la puta madre".
Fue llevado de emergencia, Bernardo regreso con un yeso impresionante en el rostro, fue ahí donde juré nunca más golpear a mi hermano…promesa que por lo sucedido tuve que aplicar con Esteban cuando en situación similar se me enfrento pasado unos meses y a quien a otro estilo, menos salvaje, tuve que retener… estrellándolo contra el suelo y aplicando una llave para inmovilizarlo hasta que se calme.
Sucesos complicados, difíciles…lo imagine con cualquiera…pero con ellos nunca.
Terminó el verano y ya me tocaba definir qué hacer con mi vida, a mi viejo no le llegaba a agradar la idea de mi opción por la vida militar, y aprovechando la coyuntura económica por la cual pasaba mi familia, pues me negó su apoyo ante esa opción, mi única opción.
-concha su madre y ahora...¿qué hago?- recordando que en el colegio me aplicaron un test vocacional y arrojando como resultado administración
-será pues ¿no?- otra salida no tenía.
-Anda huevón ¿de verdad?, no jodas, ya pues chévere, ¿cuando vuelves?- yo el primero en enterarme, emocionado porque regresaba mi hermano, mi mejor amigo. Pero lo que no me había percatado es que el tiempo pasa y con ello las personas cambian, yo ya no era el niño de antes y Esteban tampoco.
-Regreso mañana, pero chiton, no digas nada a nadie, yo lo haré a su debido momento- ¿a su debido momento?...eso será en ¿cinco, diez minutos?...me decía, pero bueno eso no importaba, regresaba y todo volvería a ser como antes, al menos eso creía.
Esteban había cambiado, es cierto, con más criterio, pero aún con mucho por madurar, sí, aún le faltaba mucho, se la había llevado fácil, pues aún roto del todo no estaba el cordón umbilical, sobreprotegido por mi madre desde su alejamiento y el poco esfuerzo que tenía que hacer para cubrir sus necesidades limitaron su liberación del regazo materno.
El primer cambio sufrido, me boto de lo que hace algunos años era su cuarto.
-Ya, fuera mierda, desocupa mis cajones y llévate tus cosas- Esteban conflictuado por su retorno, con la pierna en alto me desalojó, yo, molesto por tal hecho y con sentimiento de venganza por aquel trato pinte su puerta con corrector liquido, grabando un sin número de frases sin sentido que a la fecha aún permanecen ahí, ese su regalo de bienvenida...ese su saludo al volverme a ver.
Pero su retorno no era la única novedad, Esteban aún no había contado todo, tenía dos noticias más, una de ellas era que estaba con enamorada, lo cual si fue una sorpresa y de quien aún no pensaba hablar y la otra novedad era que lo habían triqueado en la universidad, Esteban expulsado de la pontificia, noticia que no agradaría a mi viejo.
A raíz de la partida de mi hermano mayor, yo, me volví un usurpador, tome el mando de una jerarquía que no me correspondía, durante todo ese tiempo, alguien tenía que llevar las riendas y me vi como el más indicado.
La ausencia de Esteban me llevo a interactuar con Bernardo, mi hermano menor, fue ahí donde mi vida se bifurca.
La relación que tenía con Bernardo era muy distinta a la que tenía con Esteban, a Bernardo la indiferencia y la autosuficiencia lo embargaba, él, era el todopoderoso, el perfecto, a quien nada se le podía decir, a quien se le permitía todo y a quien uno le tenía que pedir permiso para si quiera pisar su cuarto.
Las peleas entre nosotros, como en cualquier familia, eran inevitables.
Picón de naturaleza, arrebatado, poco tolerante, no me gustaba perder, gritón y alborotador…eran algunas de mis características desde muy pequeño y eso a muchos no le venía bien.
Siempre cuando se daba una trifulca interna, en la cual mis primos también se encontraban inmersos, yo salía perdiendo, y no por mis primos, si no por mis hermanos, quienes los defendían y me pegaban. Frente a estos actos yo nunca reaccionaba, nunca, hasta que ocurrió… mi yo salvaje salió a relucir con quien menos debí.
Por razones de reestructuración mi cuarto se encontraba en mantenimiento y temporalmente me enviaron al cuarto de Bernardo sin más que una sabana, almohada y una cama plegable. Fue un verano, lo recuerdo bien y como olvidarlo... Bernardo limpiando su cuarto me bota mientras hacia yo una siesta.
-Ya, ya, ya, sal de mi cuarto que estoy ordenando- me dijo, lo mire y Salí del mismo. Luego, cuando terminó, volví a entrar y me recosté en mi vieja cama temporal.
-Oe, ¿Quien te dijo que entres?¡¡SAL DE ACÁ!!- lo mire y con una sonrisa le dije
-No, no me voy- respuesta que enfureció a Bernardo caminando hacia mí, yo, de manera inmediata me puse de pie y lo esperé.
-Sal huevón de mi cuarto- y con un peine en la mano manejándolo como navaja, cual piraña, intento pasármelo por la cara, lo esquive y lo empuje.
Bernardo, totalmente descontrolado, arremetió con un puñete y una patada a la vez, con un ligero y rápido movimiento, retrocedí esquivándolo y por instinto arremetí contra él derribándolo con un certero golpe en el rostro,Lo vi caer y me fui.
No vi donde lo golpee, solo lo vi caer, cuando al rato oí en el baño.
-¡¡CARAJO…ME CAGASTE!!- eran las palabras de Bernardo, su voz quebrada me inquietó y me llevó a ver qué era lo que pasaba.
La escena fue escalofriante, vi un camino de sangre que salía del cuarto de mi hermano, llego al baño y encuentro un gran charco de sangre en todo el piso; lo observo y desfigurado él, doy un diagnóstico inmediato sin ser médico: "Tabique fracturado y una hemorragia de la puta madre".
Fue llevado de emergencia, Bernardo regreso con un yeso impresionante en el rostro, fue ahí donde juré nunca más golpear a mi hermano…promesa que por lo sucedido tuve que aplicar con Esteban cuando en situación similar se me enfrento pasado unos meses y a quien a otro estilo, menos salvaje, tuve que retener… estrellándolo contra el suelo y aplicando una llave para inmovilizarlo hasta que se calme.
Sucesos complicados, difíciles…lo imagine con cualquiera…pero con ellos nunca.
Terminó el verano y ya me tocaba definir qué hacer con mi vida, a mi viejo no le llegaba a agradar la idea de mi opción por la vida militar, y aprovechando la coyuntura económica por la cual pasaba mi familia, pues me negó su apoyo ante esa opción, mi única opción.
-concha su madre y ahora...¿qué hago?- recordando que en el colegio me aplicaron un test vocacional y arrojando como resultado administración
-será pues ¿no?- otra salida no tenía.
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