Mirando a mi alrededor, veía a casi treinta jóvenes en el claustro, no los conocía muy bien a todos pero ahí note, ya con mas normalidad, el uniforme que poseíamos…éramos una nueva promoción dentro de La Orden.
Se formaron pequeños grupos en donde todos hablaban a susurros, yo y tres amigos más esperábamos las indicaciones. Eran las tres de la tarde de un cuatro de diciembre, impecablemente vestido, el sol arreciante, con la incertidumbre de lo que ocurriría, extrañado por mi nueva indumentaria y sintiéndome por momentos como bicho raro…esperaba.
Un gracioso que repetía por segunda vez aquel ritual y aprovechándose de la ingenuidad de los novatos, en donde me incluyo, deslizo una vil broma.
Él, chalaco, muy delgado no haciendo honor a su apellido, pequeño de tamaño, con curiosas gafas, intelectual por donde lo vieras, tenía un parecido al fiel amigo de pinocho, “Pepe Grillo” pero todos lo llamábamos Quique.
Mi acompañante espiritual, Alberto, pero a quien de cariño le decía “El Pibe” por su pasión por todo lo argentino, hincha del boca a muerte, de actitud relajada, un gordito muy impaciente, hombre de oficina con quien llegue a congeniar muy bien, algo duro él en cuestión de expresar sentimientos, nunca me llego a explicar en qué consistía esta ceremonia, así es que con esa broma caí.
-Y ¿que tal?, tú debes de ser Juan, ustedes los cajachos Tito y Percy…y tú…tú debes de ser… ¿eres?-
-Mateo…me llamo Mateo y de seguro eres…¿¿eres??- Un huevón...decía dentro de mí.
-Ustedes díganme Quique, ¿ya están listos para el examen no?..¿Ya habrán estudiado imagino?, saben que en la orden son muy exigentes con ello, si no pasan…no podrán ingresar. Bueno los dejo, los veo durante el examen.- y fue camino al siguiente grupo y así sucesivamente.
Comencé a sudar, a mí nadie me había dicho de ningún examen, yo no sabía nada de religión y con las justas podía encontrar cual era la diferencia entre un padre nuestro y un ave maría.
A decir verdad, entre los exámenes y yo, en aquella época, no había mucha sintonía…es más no sabía cómo había logrado llegar tan lejos…y pensar que le había dicho a Sandrita que tan sólo sería un par de meses y de ello ya había pasado más de un año.
Luego de entrar a una amplia sala de conferencias, nos dieron una hoja y un lapicero,
-Hoy si jalo- me dije, mientras estiraba el cuello para ver si podía observar lo que escribiría el que estaba delante mío y el de mi costado.
Forzándome en ese mismo instante a sentarme derecho y reprochándome por dicha intención me dije.
-¡Vamos Mateo!, déjate de huevadas hoy empieza a hacer algo valioso por tu vida...¡¡Tomemos esto en serio!!-
Ya hacía algún tiempo que mi manera de pensar había cambiado, la veía mucho más madura, más abierta frente a muchas cosas nuevas, mas dispuesta, pero aún me faltaba docilidad, aún había un mounstro que dominar dentro de mí, mi lado salvaje no se había extinguido… solo el tiempo se encargaría de ello.
Fue ahí cuando comenzaron a dar las instrucciones de lo que haríamos, volteando veía como Quique reía. Cruzamos miradas y solo opte por mover la cabeza en señal de cachoza aprobación, esta le quito la sonrisa de manera inmediata y clavo sus ojos en la carpeta donde se encontraba.
Ya con más calma, veía como escribían el nombre y cargo en la parte superior de una vieja pizarra...sí, en ella los datos de a quién iba dirigida “La carta”.
“La carta”, requisito indispensable antes de realizar el compromiso de un año al discernimiento dentro de La Orden, contenido de carácter legal, caso obligatorio para todos aquellos que optaban por dar un paso más que el resto; claro está que también era para evitar malos entendidos con aquellos que por A o B motivos se alejaban de ella… pero nos decían que todo ello era pura formalidad y fue así como lo tomábamos.
La comencé a redactar de la siguiente manera:
Sr. Gerardo Scott
Superior de la Orden
Estimado Scott:
Yo Mateo con DNI solicito ser parte de la orden, después de haber conocido a esta durante un buen periodo de tiempo y guiado por hermanos mayores que han sido orientadores durante toda mi etapa inicial.
Por ello pido a usted acceda a mi solicitud, ya que esta decisión la hago de manera libre, sin presión de terceras personas y en posesión de todas mis facultades.
Atte.
Mateo.
Mientras escribía “La Carta” iba recordando todo aquello que fui dejando atrás, mi enamorada, mi trabajo, mis amigos, mis estudios, aquellos que sabían no apoyaban mi opción, considerada bastante loca, pero en aquel momento muy lógica para mí, pero aferrado a mi deseo de descubrir y aclarar, con Fe ciega me lance al mar sin saber aún que tan buen nadador podría ser.
Luego de terminar dicho documento, nos dirigimos con emoción a la capilla, aún no sabía qué era lo que iba a suceder pero lo que si intuía era que de ahí en adelante nada iba a ser igual en mi vida.
Ya luego al ubicarnos en nuestros sitios empezó el rito dirigido por un cura de la Orden, el rito era muy similar a la ordenación de un Caballero, canticos y algunas plegarias dentro de ella. Ya al final nos felicitaron y nos daban la bienvenida como integrantes de una nueva familia.
-Juan ¡¡ya somos parte de la Orden!!-
-¡¡Que hablas!! ¡¡Siempre fuimos parte de ella!!- me respondió.
Juan o como en adelante le pusieron en la orden, John Mirror, siempre con su tonito medio irónico y cargado con el que solía responder cuando a él le parecía que decían una cosa fuera de lugar, estudiante de educación, de mirada atenta, de pensamiento profundo, en aquel entonces bastante torpe socialmente hablando, de notable intelecto, fanático y amante de la trilogía de Star Wars, amigo que conocí dentro de un viejo grupo de discernimiento muy informal que lo comandaba “El Pibe”.
-Oye ¿y cómo es hoy?, dicen que nos van a dar la bienvenida con una parrillada ¿Vamos?- me pregunto.
-No sé, no conozco a mucha gente- le dije
-Pero te parece si antes nos vamos a mi casa para sacar una casaca porque me pelo de frio- y mientras yo decía eso me daba cuenta que había cierto temor dentro de mí, un temor que no comprendía.
-Ok- me dijo y me acompaño durante unos 25 minutos, que era lo que duraba el recorrido a casa, y donde el silencio reino muchas veces por grandes trechos.
De camino me miraba yo mismo y sonreía porque todo lo que tenia puesto era nuevo, mi camisa blanca y un pantalón de Dril marrón, unos zapatos marrones, todos ellos comprados con mi sueldo de un trabajo como Asistente de Producción, que recibía por mis prácticas pre profesionales.
Esa noche mientras íbamos al evento, hablábamos cómo de rápido e inesperado sucedieron las cosas, mientras que aún no desaparecía el temor que llevaba conmigo desde que salí del rito.
Al fin, ya en el lugar, notaba que La mayoría había llegado y estaban esperando a que la parrilla encienda.
-Hola que tal ¿y tu quien eres?- fue la pregunta con la clásica palmadita en la espalda que poca faltaba para que me la pasaran al pecho.
-Ah, me llamo Mateo- so pedazo de mierda casi me haces votar un pulmón, me dije mientras todavía me reponía de aquel manotazo.
-Y de dónde eres- me pregunto.
-De San Luis- le respondía mientras me ponía la cara más cojuda que había visto en mi vida.
-¿y eso donde queda?- pregunto.
Realmente era inútil explicar de donde era uno, pues no conocía más que Miraflores, San Borja, Barranco y una parte de surco. Me pase explicándole por más de 20 minutos donde quedaba San Luis y siempre me respondía lo mismo.
-ah, claro púes en La Victoria.-
-Pues si soy de la victoria, y no te me pegues mucho chochera que te quito las billetera- mirándolo sonreí y el algo desconcertado se fue.
-Oye ¿y todos son así de imbéciles como ese pata?- le dije a Juan.
-No lo sé, además esos huevones estuvieron donde estamos nosotros y los trataron seguro de la misma forma, así es que ya llegará nuestro turno, por ahora solo disfrútalo- lo quede mirando aunque sin compartir esa opinión fui a la mesa por unos panes con hot dog.
Ya de regreso a casa, cuando entre, me había dado con la sorpresa que en la sala me esperaba mi papa, Esteban y Bernardo. Con voz imponente mi padre se levanta y me dice.
- ¿y que es esa estupidez que dicen que quieres ser cura?- yo lo miraba y me mantenía en silencio.
-¿TÚ QUIERES SER CURA?- soltando una carcajada y agregando.
-NO ME JODAS PUES.-