Fue una noche común, nada trascendental, eso diría sí solo no hubiera ocurrido lo que a continuación pasaré a relatar.
-¡No!, ¿otra vez de turno? ¿Cuándo será el día en el que pueda dormir temprano?- quejoso yo mientras leía el rol de tareas y actividades publicadas en un pizarrón. Era el cuarto mes que me encontraba cerrando la vieja capilla que quedaba en el centro del pueblo.
Ser el responsable de cerrar las puertas de la capilla no era tarea complicada, pero si sacrificada. La capilla no cerraba a horas de costumbre, siempre cerrábamos pasada la media noche... al terminar las doce campanadas.
Cumplí con la rutina de siempre, ya había cerrado las puertas y ventanas, me encontraba apagando las últimas velas que aún se mantenían encendidas y habían sido puestas por aquellos fieles que en busca de un milagro, dejan a los pies de aquellas imágenes que rodeaban el altar.
La noche, recuerdo, no era de espanto, en algunas ocasiones era tan clara que podías ver las estrellas del cielo y hasta a veces sentías que podías tocarlas con sólo levantar las manos y estirar los dedos, pero en otras la neblina se volvía densa, no se llegaba a perder la visibilidad durante el camino, pero si era fría…uno sentía que te calaba hasta los huesos.
Soplando vela por vela veía casi culminada mi tarea, cuando de pronto escucho un ruido extraño al cual no le di mucha importancia continuando con mi rutina.
Nuevamente oí aquel ruido, pero este ya más descifrable.
-¡Herrmanoo..!.- la palabra fue silbante, difícil de entender y bastante forzosa.
Al voltear note a una mujer, cabello suelto, maquillada en extremo diría yo, de falda corta, llevaba en la mano un pequeño paquete envuelto. Pero no fue eso lo que llamó mi atención, era la posición de su mano sobre su cuello, como si tratara de tapar o cubrir algo. Fue mientras que la observaba en donde volvió a insistir.
-¡Herrmanitoo!- aún con aquella voz ceceante y con mucha dificultad para hablar, haciendo mucho esfuerzo para continuar. -Quiero que me confiese- yo la mire e inmediatamente le respondí.
-Disculpe, no soy cura- al menos aún no lo era -Pero puede venir mañana temprano y con gusto el párroco la atenderá.-
-¡NO!…tiene que ser hoy...es urgente... ¡CONFIESEME!- mientras decía eso yo miraba mi reloj y veía que eran las 12:45 PM volviéndome a repetir, Hoy nuevamente dormiré muy tarde, sin olvidarme que aún ahí se encontraba aquella extraña mujer.
Creía que era una de las tantas locas del pueblo que ocasionalmente aparecían por ahí.
-Lo siento- le dije -yo no soy cura, no puedo confesarla y además ya es hora de cerrar, por favor retírese.- Fui más directo y enérgico con las palabras en que me dirigí.
Veía angustia, necesidad de urgencia y constantemente miraba hacia atrás sin dejar de cubrirse el cuello.
-¡Por faavoorrr!- Volvió a insistir con aquella voz ceceante y ya irritante.
-Le dije que NO, y por favor RETIRESE- siendo aún más enérgico mientras me dirigía hacia las ultimas velas y antes de dar el soplido para apagarlas sentí la frialdad de su mano sujetar mi brazo.
Inmediatamente voltee y me dijo.
-Entonces, hágame un favor… un último favor… llévese esto…- deslizando en mi bolsillo aquel frio paquete al cual no le preste la mínima atención. Estaba concentrado en cerrar la capilla e irme de una vez.
-Permiso, estoy cerrando- Me di vuelta y de un fuerte soplido apague las ultimas velas encendidas.
Al mirar nuevamente hacia atrás no la vi más. Lo sucedido me tenía sin cuidado, sólo pensaba en irme a la cama y dormir.
De camino a la casa me dirigía con premura ya que sólo el pensar con el roce de mis sabanas hacia vislumbrar una ligera sonrisa con un pequeño gesto de placer.
-Buenas noches hermanito- eran las palabras del guardián de una de las viejas casas ubicadas en el pueblo. Aquel personaje lo conocíamos como el zángano.
-Buenas noches- tratando de ser lo más cortante posible con ligero movimiento de cabeza y extendiendo mi mano en señal de alto, respondía a su atento saludo.
Acercándose con rapidez haciendo caso omiso de mi evasiva, se dirigió a mí para comentarme lo ocurrido.
-No sé si ya se enteró del asesinato, acaba de ocurrir hace unas horas, hallaron el cuerpo de una mujer, dicen que era una dama de la noche- tratando de ser lo más respetuoso y delicado al referirse a la profesión más antigua del mundo.
-Pobre mujer- tratando de continuar con mi recorrido lo más rápido posible, de pronto dijo algo que atrajo mi atención.
-¡Sí!, pobre, la ahorcaron, tenía el cuello destrozado, fue realmente con mucha violencia la presión que hicieron ahí y bueno…el resto es historia- me detuve y en ese instante la imagen de aquella extraña mujer vino a mi mente.
-¿Capturaron al asesino?- fue mi pausada pregunta.
-Lo hallaron metros más adelante muerto, la doña lo apuñalo al tratar de defenderse, fíjese hasta de las mujeres hay que protegerse y ahora estos sucesos ya ni ocurren de madrugada, paso como a las 11 de la noche todo.- mi mente daba mil vueltas, mientras continuo diciendo.
-¿Y sabe hermanito que es lo más extraño de todo esto?…No encuentran la mano del asesino, al parecer en el forcejeo la doña lo mutilo.-
Mirando fijamente al informante, sentía un sudor helado resbalando por mi espalda…lleve lentamente mi mano sobre aquel deforme y frio paquete dejado en mi bolsillo.
-Hey vamos de pie, ya es hora de levantarse...¡TODOS AL AGUA!-
El grito de batalla y al ajetreo había hecho que despertará de aquel sueño, yo sudando y sintiendo la angustia aún dentro de mí note en frente mío aquella vieja y enorme ventana.
Desde ahí se podía divisar el mar… un inmenso mar y en medio de ella una peña con una vieja cruz en la cima… esto ya no era un sueño, era real, este mi nuevo hogar...La Bahía.
miércoles, 19 de octubre de 2011
lunes, 28 de febrero de 2011
UN CUENTO ESPECIAL
Como olvidar los viejos tiempo en que visitaba a la familia, me divertia, jugaba...era un niño muy activo y vivaz...pero de lo que sí nunca he de olvidar es que disfrutaba la compañia de mi abuelo.
Lo recuerdo siempre sentado cerca a la ventana que daba a la calle, con su vieja radio, un bastón de madera hecho a mano y de mirada invisible...veia la vida de una manera distinta, de una manera especial...asi era él.
Sentado en su regazo oía los mejores cuentos que he escuchado y leido en toda mi vida...
EL OSO Y EL RIO
Había una vez un oso que se llamaba Ben. El vivía en un bosque, rodeado de grandes árboles, grandes montañas y muy cerca un gran rió, el enorme Tempestad, que era así como solían llamarlo.
Tempestad no era cualquier rió, era aquel que proveía de agua a todo el bosque, a muchos animales…pero Ben tenia un ligero problema con aquel rió, malos recuerdos de viejos tiempos.
Una mañana Ben salía en busca de alimento, solía despertase algo tarde por la mañana, le encantaba rascarse la oreja, era algo que mucho le gustaba, los primeros rayos de sol son los que suelen levantarlo cuando entraban por una gran cueva a la que el llamaba hogar.
Fue ese día cuando escucho un gran relincho, era su gran amigo centella, quien se había acercado al rió para beber cuando de pronto resbalo, Tempestad -que era como se llamaba el rió– poseía grandes corrientes y aguas profundas.
Centella luchaba por lograr salir del agua, pero no podía, sentía que tempestad lo llevaba cada vez más allá de la orilla. Ben que ni bien había oído el relincho de centella corrió a ver que sucedía.
Al llegar a divisar a tempestad y en medio del mismo a centella, se detuvo -miro alrededor, a uno y otro lado– sentía que no podía dar un paso mas; al ver a centella luchando contra tempestad se le vino a la mente viejos recuerdos, recuerdos que no podía evitar, que no podía controlar, eran imágenes veloces, muy veloces, recuerdos tan claros, tan perfectos…como si fuera ayer…
-Se veía caminando por orillas de tempestad, con su padre quien le enseñaba a cazar salmón –El pez con el sabor más delicioso, y a mi parecer, -decía Ben– el pez más raro… nadaba contra corriente.
El un simple osezno, su padre un gran oso negro, de fuerza descomunal, pero la cual no fue suficiente para escapar de las aguas turbulentas y engañosas.
Era un día de hermoso sol, radiante, las aguas cristalinas brillaban, veía a mi padre ahí observándome como aplicaba yo lo aprendido, cuando de pronto el rió se fue tornando violento, era como si tempestad no quisiera que nadie entrara en él, éramos tan sólo mi padre y yo, divirtiéndonos, el rió se ponía cada vez mas agresivo.
La mirada de mi padre se torno extraña, yo continuaba en busca del gran salmón, fue ahí que mi padre me pido que saliera, pero yo no quería, quería que él se sintiera orgulloso de mí, ¡no saldría de ahí sin un salmón!.
Mi padre, parado, olfateaba el ambiente, algo sucedería, parecía creer, sus agudos instintos lo llevaron a gruñir como diciendo.
-¡SAL DEL RIO!- pero fue casi instantáneo, tempestad me arrastraba, era como si tempestad formara unos brazos y jalaba de mis patas hacia lo más profundo de sus aguas.
Fue ahí cuando mi padre dio un gran salto y de un zarpazo me saco del rió, aquel golpe me noqueo, pero antes de cerrar los ojos y perder la conciencia, vi alejarse a mi padre, casi ya perdido en el horizonte luchando aún con tempestad…me miro a lo lejos, era una mirada, una mirada de despedida… fue la última imagen que tuve de él.
Fue otro relincho de centella el que me hizo volver en sí, aún con miedo y casi anclado en el suelo sin dominio de mis movimientos.
Centella me vio, ya casi él sin fuerzas, siendo lo único que se llegaba a ver eran sus grandes ojos negros….de pronto algo en mi –como un gran fuego que venía desde la punta de mis garras hasta la punta de mi hocico– me impulso a correr.
Sin pensarlo dos veces me veía nadando… nadando dentro de tempestad.
Centella ya casi sin aliento y perdido, recibió de mi un zarpazo, -fue ahí que descubrí que ya había dejado de ser un osezno, era un oso tan o mas fuerte como lo fue mi padre.
Centella apareció noqueado en la orilla y yo aún dentro de tempestad.
Recordé como perdí a mi padre en el horizonte… y me vi igual…cuando de pronto ese ardor volvió a mí, aquel ardor que me empujo a perder el miedo, que me llevó a lanzarme… lanzarme contra alguien que temí por muchos años … lanzarme por alguien a quien quería, como lo hizo una vez mi padre y estoy seguro que fue el mismo ardor que mi padre sintió cuando me vio en peligro y fue el mismo ardor con el que lucho por salir.
Pataleé, divise la orilla y hacia ella me dirigí, no fue fácil…pero lo logré.
Empapado, llegue a la orilla, me recosté muy cerca de centella, en quien divise tres arañazos, que serán cicatrices que llevará por siempre y que le harán recordar a tempestad, un rió despiadado y a mi… Un amigo que lucho por su vida.
Volví a perder la conciencia por lo cansado que estaba…ese día, ahí recostado, fue la primera vez que soñé … “Soñé que mi padre conmigo caminaba, muy cerca del rió y que saque el gran salmón, pero no era yo ya un osezno…era un oso, tan grande, tan fuerte, tan valiente como él.”
Te extraño abuelito.
Lo recuerdo siempre sentado cerca a la ventana que daba a la calle, con su vieja radio, un bastón de madera hecho a mano y de mirada invisible...veia la vida de una manera distinta, de una manera especial...asi era él.
Sentado en su regazo oía los mejores cuentos que he escuchado y leido en toda mi vida...
EL OSO Y EL RIO
Había una vez un oso que se llamaba Ben. El vivía en un bosque, rodeado de grandes árboles, grandes montañas y muy cerca un gran rió, el enorme Tempestad, que era así como solían llamarlo.
Tempestad no era cualquier rió, era aquel que proveía de agua a todo el bosque, a muchos animales…pero Ben tenia un ligero problema con aquel rió, malos recuerdos de viejos tiempos.
Una mañana Ben salía en busca de alimento, solía despertase algo tarde por la mañana, le encantaba rascarse la oreja, era algo que mucho le gustaba, los primeros rayos de sol son los que suelen levantarlo cuando entraban por una gran cueva a la que el llamaba hogar.
Fue ese día cuando escucho un gran relincho, era su gran amigo centella, quien se había acercado al rió para beber cuando de pronto resbalo, Tempestad -que era como se llamaba el rió– poseía grandes corrientes y aguas profundas.
Centella luchaba por lograr salir del agua, pero no podía, sentía que tempestad lo llevaba cada vez más allá de la orilla. Ben que ni bien había oído el relincho de centella corrió a ver que sucedía.
Al llegar a divisar a tempestad y en medio del mismo a centella, se detuvo -miro alrededor, a uno y otro lado– sentía que no podía dar un paso mas; al ver a centella luchando contra tempestad se le vino a la mente viejos recuerdos, recuerdos que no podía evitar, que no podía controlar, eran imágenes veloces, muy veloces, recuerdos tan claros, tan perfectos…como si fuera ayer…
-Se veía caminando por orillas de tempestad, con su padre quien le enseñaba a cazar salmón –El pez con el sabor más delicioso, y a mi parecer, -decía Ben– el pez más raro… nadaba contra corriente.
El un simple osezno, su padre un gran oso negro, de fuerza descomunal, pero la cual no fue suficiente para escapar de las aguas turbulentas y engañosas.
Era un día de hermoso sol, radiante, las aguas cristalinas brillaban, veía a mi padre ahí observándome como aplicaba yo lo aprendido, cuando de pronto el rió se fue tornando violento, era como si tempestad no quisiera que nadie entrara en él, éramos tan sólo mi padre y yo, divirtiéndonos, el rió se ponía cada vez mas agresivo.
La mirada de mi padre se torno extraña, yo continuaba en busca del gran salmón, fue ahí que mi padre me pido que saliera, pero yo no quería, quería que él se sintiera orgulloso de mí, ¡no saldría de ahí sin un salmón!.
Mi padre, parado, olfateaba el ambiente, algo sucedería, parecía creer, sus agudos instintos lo llevaron a gruñir como diciendo.
-¡SAL DEL RIO!- pero fue casi instantáneo, tempestad me arrastraba, era como si tempestad formara unos brazos y jalaba de mis patas hacia lo más profundo de sus aguas.
Fue ahí cuando mi padre dio un gran salto y de un zarpazo me saco del rió, aquel golpe me noqueo, pero antes de cerrar los ojos y perder la conciencia, vi alejarse a mi padre, casi ya perdido en el horizonte luchando aún con tempestad…me miro a lo lejos, era una mirada, una mirada de despedida… fue la última imagen que tuve de él.
Fue otro relincho de centella el que me hizo volver en sí, aún con miedo y casi anclado en el suelo sin dominio de mis movimientos.
Centella me vio, ya casi él sin fuerzas, siendo lo único que se llegaba a ver eran sus grandes ojos negros….de pronto algo en mi –como un gran fuego que venía desde la punta de mis garras hasta la punta de mi hocico– me impulso a correr.
Sin pensarlo dos veces me veía nadando… nadando dentro de tempestad.
Centella ya casi sin aliento y perdido, recibió de mi un zarpazo, -fue ahí que descubrí que ya había dejado de ser un osezno, era un oso tan o mas fuerte como lo fue mi padre.
Centella apareció noqueado en la orilla y yo aún dentro de tempestad.
Recordé como perdí a mi padre en el horizonte… y me vi igual…cuando de pronto ese ardor volvió a mí, aquel ardor que me empujo a perder el miedo, que me llevó a lanzarme… lanzarme contra alguien que temí por muchos años … lanzarme por alguien a quien quería, como lo hizo una vez mi padre y estoy seguro que fue el mismo ardor que mi padre sintió cuando me vio en peligro y fue el mismo ardor con el que lucho por salir.
Pataleé, divise la orilla y hacia ella me dirigí, no fue fácil…pero lo logré.
Empapado, llegue a la orilla, me recosté muy cerca de centella, en quien divise tres arañazos, que serán cicatrices que llevará por siempre y que le harán recordar a tempestad, un rió despiadado y a mi… Un amigo que lucho por su vida.
Volví a perder la conciencia por lo cansado que estaba…ese día, ahí recostado, fue la primera vez que soñé … “Soñé que mi padre conmigo caminaba, muy cerca del rió y que saque el gran salmón, pero no era yo ya un osezno…era un oso, tan grande, tan fuerte, tan valiente como él.”
Te extraño abuelito.
domingo, 27 de febrero de 2011
¿NADANDO CONTRA CORRIENTE?
Parado frente a mi viejo y mis hermanos, sintiendo la traición en el ambiente…y sin saber aún de quien intentaba responder.
-¿De dónde sacas eso? Además si así fuera ¿Cual es el problema? – sin quitarle la mirada de encima, yo, con una cara de piedra, pero por dentro…temblando de miedo.
No era fácil retar a mi viejo y mucho menos encararlo de esa manera, situación considerada como absurda e impensable no solo entre mis hermanos sino también entre la familia en general.
Mi padre no solo era cabeza dentro de mi casa, si no que se había ganado el respeto y autoridad para el gobierno de dos familias completas, la que venía por parte suya, que era una con la que había cargado desde que falleció mi abuelo siendo él aún muy niño, y la otra, la familia de mi madre, en donde empezó a cumplir un rol protagónico una vez casado. Ambas de conformación numerosa, pero él con la suficiente muñeca para poder controlar todo cada vez que se le requiriera.
-¿CUAL ES EL PROBLEMA?- dijo con toda la bronca encima.
-¡¡EL PROBLEMA ES QUE TÚ AQUÍ NO VENDRÁS A HACER LO QUE SE TE VENGA EN GANA!! - respuesta de mi padre, autoritaria, dictatorial, siempre sus puntos de vista netamente verticales no dando opción a réplica.
Yo mirándolo en silencio aún sin poder decir una palabra, porque cuando él hablaba era como si tuviera una sarta de cohetes reventándole en la boca.
- Y encima me tengo que enterar por tu profesora, que me llamo a la casa para darme tu notición- identificada se encontraba la delatora, mi padre hablaba de Milagros, La profe de Ingles, quien era la única que sabía sobre ese tema específicamente.
Arremetiendo mi padre nuevamente con toda su artillería continuo.
-Si te vas a meter en cojudeces, pues ese es tu problema, conmigo no cuentes- y dijo lo que nunca esperé oír.
-De ahora en adelante ve tú como haces para pagar tus estudios, ¡¡¡YO NO CONCIENTO ESTUPIDECES!!!- fue lo que más me jodio, llevándome a contestar de forma automática.
-¿Y quien te necesita?, ¿yo cuando te he pedido algo?, no necesito nada de ti, yo puedo sólo- vi el rostro de mi viejo pasar de la ira a la inexpresión total, los roles en ese momento se invirtieron, ahora era yo el de los cohetones en la boca.
-Es más, para eso trabajo ¿no?- Sí, realizaba mis prácticas como asistente de producción en una buena empresa en donde ya se veía como iba trazado mi futuro.
Esa respuesta fue un golpe bajo para mi padre, la ira desaparecía de su rostro, pero siempre aquel terco ceño fruncido permanecía, sólo que ahora esta dio paso a surcos de ligera decepción.
Su mirada no se mantuvo más de 5 segundos sobre la mía, pasado aquel tiempo… se fue.
Yo ahí parado aún sin moverme, entre molesto e incomodo veía como Esteban y Bernardo, serios sin decir si quiera palabra alguna, se pararon en distintos momentos y se fueron a sus respectivos cuartos.
A la mañana siguiente muy temprano me fui a trabajar con mil ideas en la cabeza, recuerdo que aquella vez el día transcurría como cualquier otro hasta que uno de los ingenieros me dice.
- Mateo, te llama la Gerencia, quieren hablar contigo- no era raro, ya hacía algún tiempo que mi interacción con la Gerencia era frecuente, fruto de mi inexperiencia.
Por cosas de la vida, frente a una situación de tención entre la Gerencia y la Jefatura de Producción me mandaron a llamar, yo como perro sin dueño andaba por la empresa, no reportaba a nadie, no porque no lo quería hacer solo que nunca me pedían nada y como era mi primer trabajo pues de la comunicación y reportes no sabía mucho.
Dentro de una reunión que la solicitó el Directorio pues deje mal parado a mi Jefe inmediato, mi prudencia no era la mayor de mis virtudes por aquellos días y mi ímpetu por relucir y destacar pues dañaron de manera notoria la imagen y el respeto de mi Jefe frente a las cabezas de la organización…fue lo primero que aprendí…a callar y saber cuándo decir las cosas y en qué momentos y obvio ...a respetar las jerarquías.
Al llegar a la oficina, observo con preocupación a la Gerencia y me comunica.
-Mateo, la empresa está pasando por problemas financieros, nos daremos en quiebra. La empresa cerrará sus puertas a partir de la próxima semana.-
Me puse blanco no lo podía creer.
Tan solo el día anterior yo, con mis aires de autosuficiencia, le había dicho a mi padre que no lo necesitaba…pero ahora…las cosas eran distintas, sujetando con fuerza la silla que estaba frente a mí pensaba.
-Ta mare...¿y ahora?….¿qué hago?-
-¿De dónde sacas eso? Además si así fuera ¿Cual es el problema? – sin quitarle la mirada de encima, yo, con una cara de piedra, pero por dentro…temblando de miedo.
No era fácil retar a mi viejo y mucho menos encararlo de esa manera, situación considerada como absurda e impensable no solo entre mis hermanos sino también entre la familia en general.
Mi padre no solo era cabeza dentro de mi casa, si no que se había ganado el respeto y autoridad para el gobierno de dos familias completas, la que venía por parte suya, que era una con la que había cargado desde que falleció mi abuelo siendo él aún muy niño, y la otra, la familia de mi madre, en donde empezó a cumplir un rol protagónico una vez casado. Ambas de conformación numerosa, pero él con la suficiente muñeca para poder controlar todo cada vez que se le requiriera.
-¿CUAL ES EL PROBLEMA?- dijo con toda la bronca encima.
-¡¡EL PROBLEMA ES QUE TÚ AQUÍ NO VENDRÁS A HACER LO QUE SE TE VENGA EN GANA!! - respuesta de mi padre, autoritaria, dictatorial, siempre sus puntos de vista netamente verticales no dando opción a réplica.
Yo mirándolo en silencio aún sin poder decir una palabra, porque cuando él hablaba era como si tuviera una sarta de cohetes reventándole en la boca.
- Y encima me tengo que enterar por tu profesora, que me llamo a la casa para darme tu notición- identificada se encontraba la delatora, mi padre hablaba de Milagros, La profe de Ingles, quien era la única que sabía sobre ese tema específicamente.
Arremetiendo mi padre nuevamente con toda su artillería continuo.
-Si te vas a meter en cojudeces, pues ese es tu problema, conmigo no cuentes- y dijo lo que nunca esperé oír.
-De ahora en adelante ve tú como haces para pagar tus estudios, ¡¡¡YO NO CONCIENTO ESTUPIDECES!!!- fue lo que más me jodio, llevándome a contestar de forma automática.
-¿Y quien te necesita?, ¿yo cuando te he pedido algo?, no necesito nada de ti, yo puedo sólo- vi el rostro de mi viejo pasar de la ira a la inexpresión total, los roles en ese momento se invirtieron, ahora era yo el de los cohetones en la boca.
-Es más, para eso trabajo ¿no?- Sí, realizaba mis prácticas como asistente de producción en una buena empresa en donde ya se veía como iba trazado mi futuro.
Esa respuesta fue un golpe bajo para mi padre, la ira desaparecía de su rostro, pero siempre aquel terco ceño fruncido permanecía, sólo que ahora esta dio paso a surcos de ligera decepción.
Su mirada no se mantuvo más de 5 segundos sobre la mía, pasado aquel tiempo… se fue.
Yo ahí parado aún sin moverme, entre molesto e incomodo veía como Esteban y Bernardo, serios sin decir si quiera palabra alguna, se pararon en distintos momentos y se fueron a sus respectivos cuartos.
A la mañana siguiente muy temprano me fui a trabajar con mil ideas en la cabeza, recuerdo que aquella vez el día transcurría como cualquier otro hasta que uno de los ingenieros me dice.
- Mateo, te llama la Gerencia, quieren hablar contigo- no era raro, ya hacía algún tiempo que mi interacción con la Gerencia era frecuente, fruto de mi inexperiencia.
Por cosas de la vida, frente a una situación de tención entre la Gerencia y la Jefatura de Producción me mandaron a llamar, yo como perro sin dueño andaba por la empresa, no reportaba a nadie, no porque no lo quería hacer solo que nunca me pedían nada y como era mi primer trabajo pues de la comunicación y reportes no sabía mucho.
Dentro de una reunión que la solicitó el Directorio pues deje mal parado a mi Jefe inmediato, mi prudencia no era la mayor de mis virtudes por aquellos días y mi ímpetu por relucir y destacar pues dañaron de manera notoria la imagen y el respeto de mi Jefe frente a las cabezas de la organización…fue lo primero que aprendí…a callar y saber cuándo decir las cosas y en qué momentos y obvio ...a respetar las jerarquías.
Al llegar a la oficina, observo con preocupación a la Gerencia y me comunica.
-Mateo, la empresa está pasando por problemas financieros, nos daremos en quiebra. La empresa cerrará sus puertas a partir de la próxima semana.-
Me puse blanco no lo podía creer.
Tan solo el día anterior yo, con mis aires de autosuficiencia, le había dicho a mi padre que no lo necesitaba…pero ahora…las cosas eran distintas, sujetando con fuerza la silla que estaba frente a mí pensaba.
-Ta mare...¿y ahora?….¿qué hago?-
domingo, 16 de enero de 2011
LA CARTA
Mirando a mi alrededor, veía a casi treinta jóvenes en el claustro, no los conocía muy bien a todos pero ahí note, ya con mas normalidad, el uniforme que poseíamos…éramos una nueva promoción dentro de La Orden.
Se formaron pequeños grupos en donde todos hablaban a susurros, yo y tres amigos más esperábamos las indicaciones. Eran las tres de la tarde de un cuatro de diciembre, impecablemente vestido, el sol arreciante, con la incertidumbre de lo que ocurriría, extrañado por mi nueva indumentaria y sintiéndome por momentos como bicho raro…esperaba.
Un gracioso que repetía por segunda vez aquel ritual y aprovechándose de la ingenuidad de los novatos, en donde me incluyo, deslizo una vil broma.
Él, chalaco, muy delgado no haciendo honor a su apellido, pequeño de tamaño, con curiosas gafas, intelectual por donde lo vieras, tenía un parecido al fiel amigo de pinocho, “Pepe Grillo” pero todos lo llamábamos Quique.
Mi acompañante espiritual, Alberto, pero a quien de cariño le decía “El Pibe” por su pasión por todo lo argentino, hincha del boca a muerte, de actitud relajada, un gordito muy impaciente, hombre de oficina con quien llegue a congeniar muy bien, algo duro él en cuestión de expresar sentimientos, nunca me llego a explicar en qué consistía esta ceremonia, así es que con esa broma caí.
-Y ¿que tal?, tú debes de ser Juan, ustedes los cajachos Tito y Percy…y tú…tú debes de ser… ¿eres?-
-Mateo…me llamo Mateo y de seguro eres…¿¿eres??- Un huevón...decía dentro de mí.
-Ustedes díganme Quique, ¿ya están listos para el examen no?..¿Ya habrán estudiado imagino?, saben que en la orden son muy exigentes con ello, si no pasan…no podrán ingresar. Bueno los dejo, los veo durante el examen.- y fue camino al siguiente grupo y así sucesivamente.
Comencé a sudar, a mí nadie me había dicho de ningún examen, yo no sabía nada de religión y con las justas podía encontrar cual era la diferencia entre un padre nuestro y un ave maría.
A decir verdad, entre los exámenes y yo, en aquella época, no había mucha sintonía…es más no sabía cómo había logrado llegar tan lejos…y pensar que le había dicho a Sandrita que tan sólo sería un par de meses y de ello ya había pasado más de un año.
Luego de entrar a una amplia sala de conferencias, nos dieron una hoja y un lapicero,
-Hoy si jalo- me dije, mientras estiraba el cuello para ver si podía observar lo que escribiría el que estaba delante mío y el de mi costado.
Forzándome en ese mismo instante a sentarme derecho y reprochándome por dicha intención me dije.
-¡Vamos Mateo!, déjate de huevadas hoy empieza a hacer algo valioso por tu vida...¡¡Tomemos esto en serio!!-
Ya hacía algún tiempo que mi manera de pensar había cambiado, la veía mucho más madura, más abierta frente a muchas cosas nuevas, mas dispuesta, pero aún me faltaba docilidad, aún había un mounstro que dominar dentro de mí, mi lado salvaje no se había extinguido… solo el tiempo se encargaría de ello.
Fue ahí cuando comenzaron a dar las instrucciones de lo que haríamos, volteando veía como Quique reía. Cruzamos miradas y solo opte por mover la cabeza en señal de cachoza aprobación, esta le quito la sonrisa de manera inmediata y clavo sus ojos en la carpeta donde se encontraba.
Ya con más calma, veía como escribían el nombre y cargo en la parte superior de una vieja pizarra...sí, en ella los datos de a quién iba dirigida “La carta”.
“La carta”, requisito indispensable antes de realizar el compromiso de un año al discernimiento dentro de La Orden, contenido de carácter legal, caso obligatorio para todos aquellos que optaban por dar un paso más que el resto; claro está que también era para evitar malos entendidos con aquellos que por A o B motivos se alejaban de ella… pero nos decían que todo ello era pura formalidad y fue así como lo tomábamos.
La comencé a redactar de la siguiente manera:
Sr. Gerardo Scott
Superior de la Orden
Estimado Scott:
Yo Mateo con DNI solicito ser parte de la orden, después de haber conocido a esta durante un buen periodo de tiempo y guiado por hermanos mayores que han sido orientadores durante toda mi etapa inicial.
Por ello pido a usted acceda a mi solicitud, ya que esta decisión la hago de manera libre, sin presión de terceras personas y en posesión de todas mis facultades.
Atte.
Mateo.
Mientras escribía “La Carta” iba recordando todo aquello que fui dejando atrás, mi enamorada, mi trabajo, mis amigos, mis estudios, aquellos que sabían no apoyaban mi opción, considerada bastante loca, pero en aquel momento muy lógica para mí, pero aferrado a mi deseo de descubrir y aclarar, con Fe ciega me lance al mar sin saber aún que tan buen nadador podría ser.
Luego de terminar dicho documento, nos dirigimos con emoción a la capilla, aún no sabía qué era lo que iba a suceder pero lo que si intuía era que de ahí en adelante nada iba a ser igual en mi vida.
Ya luego al ubicarnos en nuestros sitios empezó el rito dirigido por un cura de la Orden, el rito era muy similar a la ordenación de un Caballero, canticos y algunas plegarias dentro de ella. Ya al final nos felicitaron y nos daban la bienvenida como integrantes de una nueva familia.
-Juan ¡¡ya somos parte de la Orden!!-
-¡¡Que hablas!! ¡¡Siempre fuimos parte de ella!!- me respondió.
Juan o como en adelante le pusieron en la orden, John Mirror, siempre con su tonito medio irónico y cargado con el que solía responder cuando a él le parecía que decían una cosa fuera de lugar, estudiante de educación, de mirada atenta, de pensamiento profundo, en aquel entonces bastante torpe socialmente hablando, de notable intelecto, fanático y amante de la trilogía de Star Wars, amigo que conocí dentro de un viejo grupo de discernimiento muy informal que lo comandaba “El Pibe”.
-Oye ¿y cómo es hoy?, dicen que nos van a dar la bienvenida con una parrillada ¿Vamos?- me pregunto.
-No sé, no conozco a mucha gente- le dije
-Pero te parece si antes nos vamos a mi casa para sacar una casaca porque me pelo de frio- y mientras yo decía eso me daba cuenta que había cierto temor dentro de mí, un temor que no comprendía.
-Ok- me dijo y me acompaño durante unos 25 minutos, que era lo que duraba el recorrido a casa, y donde el silencio reino muchas veces por grandes trechos.
De camino me miraba yo mismo y sonreía porque todo lo que tenia puesto era nuevo, mi camisa blanca y un pantalón de Dril marrón, unos zapatos marrones, todos ellos comprados con mi sueldo de un trabajo como Asistente de Producción, que recibía por mis prácticas pre profesionales.
Esa noche mientras íbamos al evento, hablábamos cómo de rápido e inesperado sucedieron las cosas, mientras que aún no desaparecía el temor que llevaba conmigo desde que salí del rito.
Al fin, ya en el lugar, notaba que La mayoría había llegado y estaban esperando a que la parrilla encienda.
-Hola que tal ¿y tu quien eres?- fue la pregunta con la clásica palmadita en la espalda que poca faltaba para que me la pasaran al pecho.
-Ah, me llamo Mateo- so pedazo de mierda casi me haces votar un pulmón, me dije mientras todavía me reponía de aquel manotazo.
-Y de dónde eres- me pregunto.
-De San Luis- le respondía mientras me ponía la cara más cojuda que había visto en mi vida.
-¿y eso donde queda?- pregunto.
Realmente era inútil explicar de donde era uno, pues no conocía más que Miraflores, San Borja, Barranco y una parte de surco. Me pase explicándole por más de 20 minutos donde quedaba San Luis y siempre me respondía lo mismo.
-ah, claro púes en La Victoria.-
-Pues si soy de la victoria, y no te me pegues mucho chochera que te quito las billetera- mirándolo sonreí y el algo desconcertado se fue.
-Oye ¿y todos son así de imbéciles como ese pata?- le dije a Juan.
-No lo sé, además esos huevones estuvieron donde estamos nosotros y los trataron seguro de la misma forma, así es que ya llegará nuestro turno, por ahora solo disfrútalo- lo quede mirando aunque sin compartir esa opinión fui a la mesa por unos panes con hot dog.
Ya de regreso a casa, cuando entre, me había dado con la sorpresa que en la sala me esperaba mi papa, Esteban y Bernardo. Con voz imponente mi padre se levanta y me dice.
- ¿y que es esa estupidez que dicen que quieres ser cura?- yo lo miraba y me mantenía en silencio.
-¿TÚ QUIERES SER CURA?- soltando una carcajada y agregando.
-NO ME JODAS PUES.-
Se formaron pequeños grupos en donde todos hablaban a susurros, yo y tres amigos más esperábamos las indicaciones. Eran las tres de la tarde de un cuatro de diciembre, impecablemente vestido, el sol arreciante, con la incertidumbre de lo que ocurriría, extrañado por mi nueva indumentaria y sintiéndome por momentos como bicho raro…esperaba.
Un gracioso que repetía por segunda vez aquel ritual y aprovechándose de la ingenuidad de los novatos, en donde me incluyo, deslizo una vil broma.
Él, chalaco, muy delgado no haciendo honor a su apellido, pequeño de tamaño, con curiosas gafas, intelectual por donde lo vieras, tenía un parecido al fiel amigo de pinocho, “Pepe Grillo” pero todos lo llamábamos Quique.
Mi acompañante espiritual, Alberto, pero a quien de cariño le decía “El Pibe” por su pasión por todo lo argentino, hincha del boca a muerte, de actitud relajada, un gordito muy impaciente, hombre de oficina con quien llegue a congeniar muy bien, algo duro él en cuestión de expresar sentimientos, nunca me llego a explicar en qué consistía esta ceremonia, así es que con esa broma caí.
-Y ¿que tal?, tú debes de ser Juan, ustedes los cajachos Tito y Percy…y tú…tú debes de ser… ¿eres?-
-Mateo…me llamo Mateo y de seguro eres…¿¿eres??- Un huevón...decía dentro de mí.
-Ustedes díganme Quique, ¿ya están listos para el examen no?..¿Ya habrán estudiado imagino?, saben que en la orden son muy exigentes con ello, si no pasan…no podrán ingresar. Bueno los dejo, los veo durante el examen.- y fue camino al siguiente grupo y así sucesivamente.
Comencé a sudar, a mí nadie me había dicho de ningún examen, yo no sabía nada de religión y con las justas podía encontrar cual era la diferencia entre un padre nuestro y un ave maría.
A decir verdad, entre los exámenes y yo, en aquella época, no había mucha sintonía…es más no sabía cómo había logrado llegar tan lejos…y pensar que le había dicho a Sandrita que tan sólo sería un par de meses y de ello ya había pasado más de un año.
Luego de entrar a una amplia sala de conferencias, nos dieron una hoja y un lapicero,
-Hoy si jalo- me dije, mientras estiraba el cuello para ver si podía observar lo que escribiría el que estaba delante mío y el de mi costado.
Forzándome en ese mismo instante a sentarme derecho y reprochándome por dicha intención me dije.
-¡Vamos Mateo!, déjate de huevadas hoy empieza a hacer algo valioso por tu vida...¡¡Tomemos esto en serio!!-
Ya hacía algún tiempo que mi manera de pensar había cambiado, la veía mucho más madura, más abierta frente a muchas cosas nuevas, mas dispuesta, pero aún me faltaba docilidad, aún había un mounstro que dominar dentro de mí, mi lado salvaje no se había extinguido… solo el tiempo se encargaría de ello.
Fue ahí cuando comenzaron a dar las instrucciones de lo que haríamos, volteando veía como Quique reía. Cruzamos miradas y solo opte por mover la cabeza en señal de cachoza aprobación, esta le quito la sonrisa de manera inmediata y clavo sus ojos en la carpeta donde se encontraba.
Ya con más calma, veía como escribían el nombre y cargo en la parte superior de una vieja pizarra...sí, en ella los datos de a quién iba dirigida “La carta”.
“La carta”, requisito indispensable antes de realizar el compromiso de un año al discernimiento dentro de La Orden, contenido de carácter legal, caso obligatorio para todos aquellos que optaban por dar un paso más que el resto; claro está que también era para evitar malos entendidos con aquellos que por A o B motivos se alejaban de ella… pero nos decían que todo ello era pura formalidad y fue así como lo tomábamos.
La comencé a redactar de la siguiente manera:
Sr. Gerardo Scott
Superior de la Orden
Estimado Scott:
Yo Mateo con DNI solicito ser parte de la orden, después de haber conocido a esta durante un buen periodo de tiempo y guiado por hermanos mayores que han sido orientadores durante toda mi etapa inicial.
Por ello pido a usted acceda a mi solicitud, ya que esta decisión la hago de manera libre, sin presión de terceras personas y en posesión de todas mis facultades.
Atte.
Mateo.
Mientras escribía “La Carta” iba recordando todo aquello que fui dejando atrás, mi enamorada, mi trabajo, mis amigos, mis estudios, aquellos que sabían no apoyaban mi opción, considerada bastante loca, pero en aquel momento muy lógica para mí, pero aferrado a mi deseo de descubrir y aclarar, con Fe ciega me lance al mar sin saber aún que tan buen nadador podría ser.
Luego de terminar dicho documento, nos dirigimos con emoción a la capilla, aún no sabía qué era lo que iba a suceder pero lo que si intuía era que de ahí en adelante nada iba a ser igual en mi vida.
Ya luego al ubicarnos en nuestros sitios empezó el rito dirigido por un cura de la Orden, el rito era muy similar a la ordenación de un Caballero, canticos y algunas plegarias dentro de ella. Ya al final nos felicitaron y nos daban la bienvenida como integrantes de una nueva familia.
-Juan ¡¡ya somos parte de la Orden!!-
-¡¡Que hablas!! ¡¡Siempre fuimos parte de ella!!- me respondió.
Juan o como en adelante le pusieron en la orden, John Mirror, siempre con su tonito medio irónico y cargado con el que solía responder cuando a él le parecía que decían una cosa fuera de lugar, estudiante de educación, de mirada atenta, de pensamiento profundo, en aquel entonces bastante torpe socialmente hablando, de notable intelecto, fanático y amante de la trilogía de Star Wars, amigo que conocí dentro de un viejo grupo de discernimiento muy informal que lo comandaba “El Pibe”.
-Oye ¿y cómo es hoy?, dicen que nos van a dar la bienvenida con una parrillada ¿Vamos?- me pregunto.
-No sé, no conozco a mucha gente- le dije
-Pero te parece si antes nos vamos a mi casa para sacar una casaca porque me pelo de frio- y mientras yo decía eso me daba cuenta que había cierto temor dentro de mí, un temor que no comprendía.
-Ok- me dijo y me acompaño durante unos 25 minutos, que era lo que duraba el recorrido a casa, y donde el silencio reino muchas veces por grandes trechos.
De camino me miraba yo mismo y sonreía porque todo lo que tenia puesto era nuevo, mi camisa blanca y un pantalón de Dril marrón, unos zapatos marrones, todos ellos comprados con mi sueldo de un trabajo como Asistente de Producción, que recibía por mis prácticas pre profesionales.
Esa noche mientras íbamos al evento, hablábamos cómo de rápido e inesperado sucedieron las cosas, mientras que aún no desaparecía el temor que llevaba conmigo desde que salí del rito.
Al fin, ya en el lugar, notaba que La mayoría había llegado y estaban esperando a que la parrilla encienda.
-Hola que tal ¿y tu quien eres?- fue la pregunta con la clásica palmadita en la espalda que poca faltaba para que me la pasaran al pecho.
-Ah, me llamo Mateo- so pedazo de mierda casi me haces votar un pulmón, me dije mientras todavía me reponía de aquel manotazo.
-Y de dónde eres- me pregunto.
-De San Luis- le respondía mientras me ponía la cara más cojuda que había visto en mi vida.
-¿y eso donde queda?- pregunto.
Realmente era inútil explicar de donde era uno, pues no conocía más que Miraflores, San Borja, Barranco y una parte de surco. Me pase explicándole por más de 20 minutos donde quedaba San Luis y siempre me respondía lo mismo.
-ah, claro púes en La Victoria.-
-Pues si soy de la victoria, y no te me pegues mucho chochera que te quito las billetera- mirándolo sonreí y el algo desconcertado se fue.
-Oye ¿y todos son así de imbéciles como ese pata?- le dije a Juan.
-No lo sé, además esos huevones estuvieron donde estamos nosotros y los trataron seguro de la misma forma, así es que ya llegará nuestro turno, por ahora solo disfrútalo- lo quede mirando aunque sin compartir esa opinión fui a la mesa por unos panes con hot dog.
Ya de regreso a casa, cuando entre, me había dado con la sorpresa que en la sala me esperaba mi papa, Esteban y Bernardo. Con voz imponente mi padre se levanta y me dice.
- ¿y que es esa estupidez que dicen que quieres ser cura?- yo lo miraba y me mantenía en silencio.
-¿TÚ QUIERES SER CURA?- soltando una carcajada y agregando.
-NO ME JODAS PUES.-
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