lunes, 28 de febrero de 2011

UN CUENTO ESPECIAL

Como olvidar los viejos tiempo en que visitaba a la familia, me divertia, jugaba...era un niño muy activo y vivaz...pero de lo que sí nunca he de olvidar es que disfrutaba la compañia de mi abuelo.
Lo recuerdo siempre sentado cerca a la ventana que daba a la calle, con su vieja radio, un bastón de madera hecho a mano y de mirada invisible...veia la vida de una manera distinta, de una manera especial...asi era él.

Sentado en su regazo oía los mejores cuentos que he escuchado y leido en toda mi vida...


EL OSO Y EL RIO

Había una vez un oso que se llamaba Ben. El vivía en un bosque, rodeado de grandes árboles, grandes montañas y muy cerca un gran rió, el enorme Tempestad, que era así como solían llamarlo.
Tempestad no era cualquier rió, era aquel que proveía de agua a todo el bosque, a muchos animales…pero Ben tenia un ligero problema con aquel rió, malos recuerdos de viejos tiempos.

Una mañana Ben salía en busca de alimento, solía despertase algo tarde por la mañana, le encantaba rascarse la oreja, era algo que mucho le gustaba, los primeros rayos de sol son los que suelen levantarlo cuando entraban por una gran cueva a la que el llamaba hogar.

Fue ese día cuando escucho un gran relincho, era su gran amigo centella, quien se había acercado al rió para beber cuando de pronto resbalo, Tempestad -que era como se llamaba el rió– poseía grandes corrientes y aguas profundas.
Centella luchaba por lograr salir del agua, pero no podía, sentía que tempestad lo llevaba cada vez más allá de la orilla. Ben que ni bien había oído el relincho de centella corrió a ver que sucedía.

Al llegar a divisar a tempestad y en medio del mismo a centella, se detuvo -miro alrededor, a uno y otro lado– sentía que no podía dar un paso mas; al ver a centella luchando contra tempestad se le vino a la mente viejos recuerdos, recuerdos que no podía evitar, que no podía controlar, eran imágenes veloces, muy veloces, recuerdos tan claros, tan perfectos…como si fuera ayer…

-Se veía caminando por orillas de tempestad, con su padre quien le enseñaba a cazar salmón –El pez con el sabor más delicioso, y a mi parecer, -decía Ben– el pez más raro… nadaba contra corriente.

El un simple osezno, su padre un gran oso negro, de fuerza descomunal, pero la cual no fue suficiente para escapar de las aguas turbulentas y engañosas.
Era un día de hermoso sol, radiante, las aguas cristalinas brillaban, veía a mi padre ahí observándome como aplicaba yo lo aprendido, cuando de pronto el rió se fue tornando violento, era como si tempestad no quisiera que nadie entrara en él, éramos tan sólo mi padre y yo, divirtiéndonos, el rió se ponía cada vez mas agresivo.
La mirada de mi padre se torno extraña, yo continuaba en busca del gran salmón, fue ahí que mi padre me pido que saliera, pero yo no quería, quería que él se sintiera orgulloso de mí, ¡no saldría de ahí sin un salmón!.

Mi padre, parado, olfateaba el ambiente, algo sucedería, parecía creer, sus agudos instintos lo llevaron a gruñir como diciendo.
-¡SAL DEL RIO!- pero fue casi instantáneo, tempestad me arrastraba, era como si tempestad formara unos brazos y jalaba de mis patas hacia lo más profundo de sus aguas.
Fue ahí cuando mi padre dio un gran salto y de un zarpazo me saco del rió, aquel golpe me noqueo, pero antes de cerrar los ojos y perder la conciencia, vi alejarse a mi padre, casi ya perdido en el horizonte luchando aún con tempestad…me miro a lo lejos, era una mirada, una mirada de despedida… fue la última imagen que tuve de él.

Fue otro relincho de centella el que me hizo volver en sí, aún con miedo y casi anclado en el suelo sin dominio de mis movimientos.

Centella me vio, ya casi él sin fuerzas, siendo lo único que se llegaba a ver eran sus grandes ojos negros….de pronto algo en mi –como un gran fuego que venía desde la punta de mis garras hasta la punta de mi hocico– me impulso a correr.

Sin pensarlo dos veces me veía nadando… nadando dentro de tempestad.

Centella ya casi sin aliento y perdido, recibió de mi un zarpazo, -fue ahí que descubrí que ya había dejado de ser un osezno, era un oso tan o mas fuerte como lo fue mi padre.

Centella apareció noqueado en la orilla y yo aún dentro de tempestad.

Recordé como perdí a mi padre en el horizonte… y me vi igual…cuando de pronto ese ardor volvió a mí, aquel ardor que me empujo a perder el miedo, que me llevó a lanzarme… lanzarme contra alguien que temí por muchos años … lanzarme por alguien a quien quería, como lo hizo una vez mi padre y estoy seguro que fue el mismo ardor que mi padre sintió cuando me vio en peligro y fue el mismo ardor con el que lucho por salir.
Pataleé, divise la orilla y hacia ella me dirigí, no fue fácil…pero lo logré.

Empapado, llegue a la orilla, me recosté muy cerca de centella, en quien divise tres arañazos, que serán cicatrices que llevará por siempre y que le harán recordar a tempestad, un rió despiadado y a mi… Un amigo que lucho por su vida.

Volví a perder la conciencia por lo cansado que estaba…ese día, ahí recostado, fue la primera vez que soñé … “Soñé que mi padre conmigo caminaba, muy cerca del rió y que saque el gran salmón, pero no era yo ya un osezno…era un oso, tan grande, tan fuerte, tan valiente como él.”


Te extraño abuelito.