lunes, 8 de marzo de 2010

MI ÚLTIMA PELEA FRATERNA

Esteban volvía a la casa, una buena nueva para mí, pero noticia casi infartante para mis viejos y en especial para mi madre, esa fue la herida que demoró en cerrar, su hijo, sí, el virtuoso Esteban, retornaba al nido sin pena ni gloria…

-Anda huevón ¿de verdad?, no jodas, ya pues chévere, ¿cuando vuelves?- yo el primero en enterarme, emocionado porque regresaba mi hermano, mi mejor amigo. Pero lo que no me había percatado es que el tiempo pasa y con ello las personas cambian, yo ya no era el niño de antes y Esteban tampoco.
-Regreso mañana, pero chiton, no digas nada a nadie, yo lo haré a su debido momento- ¿a su debido momento?...eso será en ¿cinco, diez minutos?...me decía, pero bueno eso no importaba, regresaba y todo volvería a ser como antes, al menos eso creía.

Esteban había cambiado, es cierto, con más criterio, pero aún con mucho por madurar, sí, aún le faltaba mucho, se la había llevado fácil, pues aún roto del todo no estaba el cordón umbilical, sobreprotegido por mi madre desde su alejamiento y el poco esfuerzo que tenía que hacer para cubrir sus necesidades limitaron su liberación del regazo materno.

El primer cambio sufrido, me boto de lo que hace algunos años era su cuarto.

-Ya, fuera mierda, desocupa mis cajones y llévate tus cosas- Esteban conflictuado por su retorno, con la pierna en alto me desalojó, yo, molesto por tal hecho y con sentimiento de venganza por aquel trato pinte su puerta con corrector liquido, grabando un sin número de frases sin sentido que a la fecha aún permanecen ahí, ese su regalo de bienvenida...ese su saludo al volverme a ver.

Pero su retorno no era la única novedad, Esteban aún no había contado todo, tenía dos noticias más, una de ellas era que estaba con enamorada, lo cual si fue una sorpresa y de quien aún no pensaba hablar y la otra novedad era que lo habían triqueado en la universidad, Esteban expulsado de la pontificia, noticia que no agradaría a mi viejo.

A raíz de la partida de mi hermano mayor, yo, me volví un usurpador, tome el mando de una jerarquía que no me correspondía, durante todo ese tiempo, alguien tenía que llevar las riendas y me vi como el más indicado.
La ausencia de Esteban me llevo a interactuar con Bernardo, mi hermano menor, fue ahí donde mi vida se bifurca.
La relación que tenía con Bernardo era muy distinta a la que tenía con Esteban, a Bernardo la indiferencia y la autosuficiencia lo embargaba, él, era el todopoderoso, el perfecto, a quien nada se le podía decir, a quien se le permitía todo y a quien uno le tenía que pedir permiso para si quiera pisar su cuarto.

Las peleas entre nosotros, como en cualquier familia, eran inevitables.
Picón de naturaleza, arrebatado, poco tolerante, no me gustaba perder, gritón y alborotador…eran algunas de mis características desde muy pequeño y eso a muchos no le venía bien.
Siempre cuando se daba una trifulca interna, en la cual mis primos también se encontraban inmersos, yo salía perdiendo, y no por mis primos, si no por mis hermanos, quienes los defendían y me pegaban. Frente a estos actos yo nunca reaccionaba, nunca, hasta que ocurrió… mi yo salvaje salió a relucir con quien menos debí.

Por razones de reestructuración mi cuarto se encontraba en mantenimiento y temporalmente me enviaron al cuarto de Bernardo sin más que una sabana, almohada y una cama plegable. Fue un verano, lo recuerdo bien y como olvidarlo... Bernardo limpiando su cuarto me bota mientras hacia yo una siesta.

-Ya, ya, ya, sal de mi cuarto que estoy ordenando- me dijo, lo mire y Salí del mismo. Luego, cuando terminó, volví a entrar y me recosté en mi vieja cama temporal.
-Oe, ¿Quien te dijo que entres?¡¡SAL DE ACÁ!!- lo mire y con una sonrisa le dije
-No, no me voy- respuesta que enfureció a Bernardo caminando hacia mí, yo, de manera inmediata me puse de pie y lo esperé.
-Sal huevón de mi cuarto- y con un peine en la mano manejándolo como navaja, cual piraña, intento pasármelo por la cara, lo esquive y lo empuje.
Bernardo, totalmente descontrolado, arremetió con un puñete y una patada a la vez, con un ligero y rápido movimiento, retrocedí esquivándolo y por instinto arremetí contra él derribándolo con un certero golpe en el rostro,Lo vi caer y me fui.
No vi donde lo golpee, solo lo vi caer, cuando al rato oí en el baño.
-¡¡CARAJO…ME CAGASTE!!- eran las palabras de Bernardo, su voz quebrada me inquietó y me llevó a ver qué era lo que pasaba.
La escena fue escalofriante, vi un camino de sangre que salía del cuarto de mi hermano, llego al baño y encuentro un gran charco de sangre en todo el piso; lo observo y desfigurado él, doy un diagnóstico inmediato sin ser médico: "Tabique fracturado y una hemorragia de la puta madre".

Fue llevado de emergencia, Bernardo regreso con un yeso impresionante en el rostro, fue ahí donde juré nunca más golpear a mi hermano…promesa que por lo sucedido tuve que aplicar con Esteban cuando en situación similar se me enfrento pasado unos meses y a quien a otro estilo, menos salvaje, tuve que retener… estrellándolo contra el suelo y aplicando una llave para inmovilizarlo hasta que se calme.

Sucesos complicados, difíciles…lo imagine con cualquiera…pero con ellos nunca.

Terminó el verano y ya me tocaba definir qué hacer con mi vida, a mi viejo no le llegaba a agradar la idea de mi opción por la vida militar, y aprovechando la coyuntura económica por la cual pasaba mi familia, pues me negó su apoyo ante esa opción, mi única opción.

-concha su madre y ahora...¿qué hago?- recordando que en el colegio me aplicaron un test vocacional y arrojando como resultado administración

-será pues ¿no?- otra salida no tenía.