domingo, 31 de enero de 2010

UNA NUEVA OPCIÓN

Quince años, edad de decisiones, cambios, especialmente de cambios físicos.
Sí, acababa de dejar de ser aquel niño bajito, gordito, bromista e inquieto para ser todo lo opuesto, aunque en esencia seguía siendo el mismo. El cambio fue notorio y brusco, no me di cuenta como pasó, sólo ocurrió…el misterio de nuestra naturaleza.
A esa edad uno cree poder con todo, arremetes contra aquello que interfiera en tus planes o proyectos, muchos de ellos inalcanzables, inmediatamente hablando claro está, desafiante, ambicioso, el horizonte te queda chico, quieres cambiar el mundo… al menos eso me ocurría a mí.

Ya en ese tiempo giraba en mi cabeza la idea de ser militar, específicamente el de ser un oficial de la marina. Mi ritmo de vida comenzó a cambiar, empecé a hacer ejercicios, salía a correr, me levantaba temprano y me bañaba con agua fría por las mañanas, tenía que prepararme para cuándo llegara el momento.
Lo del agua fría era idea de mi papá, me decía:

-Quieres ser de la Marina, uhm, te van a sacar la mierda ahí, desde ahora acostúmbrate a bañarte con agua fría, porque te van a levantar a las 6:00 AM y tendrás que aventarte al mar a nadar… a ver si aguantas huevón.- siempre tan dulce de palabra él.
Nunca se lo tome muy enserio ese comentario, a pesar de ello hacía lo sugerido, no imagine que literalmente eso sucedería en un contexto no muy distinto…mi viejo el pitoniso.

En mi mente no cavia nada más, no habían más opciones, eso era lo que quería y era lo que alcanzaría a como de lugar. Nada me distraía de mi objetivo, no veía razones por la cual alguien me diga que no puede ser…y tampoco lo permitiría, eso era un hecho.
Obsesionado con la idea, cumplía un horario riguroso de ejercicios, dejaba aquel romance con las sabanas para ponerme el buzo y realizar mi rutina.
Era verano aún, acababa de hacerme aficionado al frontón, siendo los fines de semana mis mini torneos con la gente de “El Circulo”.
Javier, un hijo de japoneses al cual consideré en aquellos días como a un padre, me guiaba y orientaba en mis inicios dentro de aquel grupo juvenil. El buscaba hacer de mi una mejor persona, pero tarea difícil, mi comportamiento era aún el de un energúmeno.
Me habían separado de mi grupo inicial, ahora estaba solo, tenían que encontrar gente más acorde a mi edad. En el grupo anterior era un lunar, tenía ideas maduras, buscaba otras cosas, se me consideraba como mas profundo, por ello me promovieron.

En una de mis conversaciones con el chino, le comente mis deseos de ser militar, él, me miraba profundamente mientras veía con que ardor explicaba mi porque de esa elección. Al finalizar mi convincente discurso me dijo:

-Quiero que conozcas a un amigo y hables con él- siempre he sido muy curioso, así que indudablemente me genero expectativa aquel comentario.

Después de nuestras actividades dentro de “El Circulo” era muy común salir a tomar helados, nosotros teníamos un lugar en barranco, se llamaba “Siete Sabores”, una heladería muy buena, fue ahí donde por primera vez vi un helado de menta y donde la especialidad de la casa era “la montaña rusa”, un jarrón conformado por enormes bolas de helados, definitivamente la mayor atracción del lugar y sueño de todo niño hecho realidad.
Habría pasado alrededor de media hora desde que habíamos llegado, conversando de todo un poco cuando de pronto vi entrando al lugar a un personaje particular, de contextura gruesa, mediana estatura, con pinta de boxeador, llego en un auto lada perlado, tenía puesto un gorro muy curioso, que definitivamente no iba acorde con su edad, de mirada penetrante pero bonachona, aproximadamente de 20 años él, a quien con el tiempo le puse “Popeye” de cariño por el marcado grosor de sus brazos.
Cuando ingreso causo cierto revuelo entre los miembros de “El Circulo”. Todos se le acercaban y lo saludaban con fuertes abrazos y espaldarazos, el saludo clásico que se realizaba dentro del grupo. Era como un icono para el resto, debía de ser alguien importante por la aglomeración formada en aquella heladería, creo que había un aspecto que yo desconocía en ese momento. Sentado al lado del chino observaba todo lo ocurrido, después de unos minutos el chino se levanto y dijo.

-Ya llegó- se lo llevo a un lado a aquel personaje, conversaron un poco y mientras lo hacían veía como me miraban, definitivamente hablaban de mí, eso ni dudarlo, luego ambos se acercaron a la mesa.

-Te presento a Dante- fueron las breves palabras del chino, siempre fue breve, bastante concreto, distraído él, inteligente y un muy buen amigo en aquella época.

Dante, un ex cadete de la Marina, que se había retirado de la escuela de oficiales en su segundo año por un llamado particular, por vocación al menos eso decía. Dante no era cualquier tipo, el venia de una familia conformada por oficiales de la Marina, era la cuarta generación de oficiales, pero su generación se tomo un receso con él, yo diría que fue más que eso.

-Hola, ¿así que tú quieres ser de la Marina no? A ver dime ¿porque?- la pregunta directa insidiosa y creo que hasta perspicaz.

Le solté mis razones, fui claro, directo, pero no conciso, me explaye. No hablaba de cualquier cosa, hablaba de lo que quería ser, de mis anhelos, sueños, expectativas y de cuanto me había costado ir avanzando de a pocos. En ese momento tenia miles de preguntas para él, se las formule, le pedí que me explicara, que me contara, yo no sabia mucho sobre la vida de un marino, pero él a comparación mía sabia demasiado. Hablamos por horas, note como la nostalgia invadía cada una de sus palabras y expresiones, se apasionaba con lo que decía aunque por momentos trataba de relativizar uno que otro evento, todo ello era muy notorio, creo que Dante aún extrañaba aquella vida que dejo atrás…quizás solo era nostalgia…quizás no.

Después de unos minutos Dante arremetió con la siguiente pregunta:

-¿Pensaste en alguna otra posibilidad?- me dijo, a la cual respondí inmediatamente.

-No, esto es lo que quiero y voy a alcanzarlo- fue mi respuesta casi militante y mientras respondía soltó una carcajada muy grande, por un momento creía que se burlaba de mí, luego de ello retomo la conversación.

-Disculpa, me hiciste recordar a mí, cuando tenia exactamente tu edad, pensaba igual, muchas de las cosas que haces las hacia, ejercicios y todo, aunque veo que en mi si dio resultado- mirando sus casi deformes brazos y comparándolos con los míos que al lado de ellos eran risibles.

-Conozco a tu hermano, a Esteban, quiere ser cura ¿no? y a ti ¿eso no se te ha cruzado por la cabeza? ¿Sabias que no existe mucha diferencia entre la vida religiosa y la vida militar?-

-¿como así?-fue mi interrogante, creo que ya había captado más mi atención y fue cuando comenzó.

-En la vida militar te dan formación académica y física, ¿no es así?-

-así es- respondí.

-En la vida religiosa te dan una formación más completa, algo más integral, algo que no te dan en la vida militar, te dan una formación espiritual…bla bla bla…-

Una formación mas completa, mas integral, esas palabras retumbaron en mi cabeza, y pues sí, tenia toda la razón recordaba a Esteban y a sus once amigos, estudiando como locos para sacar un promedio superior a quince, levantándose cuando aún era de noche a romperla en ejercicios, trabajando apoyando al AAHH que los necesitaban, a ancianos, jóvenes y niños, niños como mi recordado “piquiriqui” a quien conocí mudo y hasta donde sé sus primeras palabras fueron…”...hermano Esteban..” grito guerrero porque no quería comer su sopa y necesitaba a su mejor aliado, a su amigo.
Por las noches su vida hecha oración, mucha mística, compartiendo lo realizado en el transcurso del día, sus éxitos y sus fracasos, y si uno caía, pues tenían a once más para apoyarlo, eran más que amigos, casi una familia…eran comunidad.

Durante el camino de regreso iba pensando todo aquello, acababan de romper mis esquemas, antes no existía ninguna posibilidad era un cuarto oscuro, pero ahora habían unas líneas brillantes, rayos de luz dentro de el, parecía el camino a una puerta, la cual solo tenia que empujar para ver un nuevo horizonte, uno no tan cerrado como el que venia viviendo.

Ya en la puerta de mi casa mi nuevo amigo, Dante, se despedía sacando de la guantera de su carro una imagen y entregándomela me dijo.

-El día que te conviertas me lo devuelves- y le respondí con ingenuidad

-Pucha eso quizás nunca llegue, no creo que llegue a ser tan comprometido con mi Fé.- respondiéndome al instante

-Ya veras que sí, lo sé-

Fue el día que en mí todo cambio, después de esa conversa no volví a ser el mismo, tenia una nueva opción y a pesar de estar en oposición a lo vivido por Esteban.

No iba a renunciar a mis planes, no me iba a dar por vencido…

-No, no puedo dudar ahora- fue lo que me dije, entre a mi cuarto mire mis paredes y justo sobre la cabecera de mi cama hallé un clavo en donde colgué aquella imagen observándola yo aún con misterio.

Aquel día fue mi primer paso, lo había decidido, me alejaría de “El circulo”.