Habían pasado ya algunas semanas desde lo ocurrido, desde mis cuestionamientos, desde aquel poema nunca entregado.
Sandrita había ido a visitarme como era habitual, yo estaba tirado en mi mueble, postura común cuando estoy en casa, dándole vueltas a los últimos acontecimientos ocurridos en mi interior…en mi mente… en mi corazón… la nostalgia me invadía…una nostalgia que ha decir verdad me inundaba y me embargaba.
En mi divagar mental no me había percatado que Sandrita me observaba, ella siempre en todas.
Veía atentamente como jugueteaba con mi cabello, le daba vueltas y vueltas entre mi dedo, haciendo uno que otro nudo, actitud indudable que algo pensaba, que algo me rondaba.
En aquel instante Sandra hablaba con mi mamá, haciéndole la patería, buscando arrancarle una sonrisa… era su aliada, le convenía tenerla de su lado, porque así mi madre me tendría entre ceja y ceja, sin permitirme, o al menos intentar evitar, mis famosísimas salidas a horas no adecuadas con las personas menos indicadas. Pero ahora eso ya no le preocupaba, me notaba distinto desde hace algún tiempo y no era lo de siempre…era algo…algo nuevo ó quizás viejo, pero que la inquietó.
-¿Vamos mi amor?, acompáñame a mi casa porfis ya mi amor si, si, si?- en ese instante dí un salto y me dije a mi mismo. –Es hoy o nunca.-
-Ok, mi amor, ¡Má ya vengo!- fue mi grito nada discreto y que usualmente era el estilo de comunicarnos en mi casa.
-Ve con Dios hijito, ¡Y NO VENGAS TARDE!, saludas a tu mami Sandrita- dijo mi mamá.
-Ya señora, gracias, me despide de todos- fue la respuesta inmediata de Sandra, tan cortes, tan linda, tan patera…
En el camino el silencio se imponía, ella sujetaba mi mano, y la sentía intranquila, creo que no sabía cómo abordarme pero lo hizo.
-Mi amor ¿Qué tal el trabajo? ¿Todo bien?-
-Sí mi amor todo bien, algo ajetreado y preocupado con los cursos pero bien -respondiéndole en automático.
Yo, en aquel entonces, joven estudiante de Administración de Empresas, laborando en el sector industrial, no faltaba mucho para terminar mi carrera y era Asistente de Producción desde hacía casi un año aproximadamente, el puesto soñado para cualquiera dentro de mi rama.
Mi futuro se veía prometedor, lleno de ambiciones, al menos yo lo notaba así.
Dentro de todo con Sandra íbamos bien a mi corta edad ya se había hablado de matrimonio, de formalizar, sentía ya parte de mi vida hecha.
-Sandra, siéntate quiero hablar contigo- vi los ojos de Sandra que trataban de mostrar tranquilidad y atención, pero era lo que ella trataba y no lo que vivía o sentía en ese momento.
-Quiero contarte algo, hace ya algún tiempo, hay ciertas ideas que rondan mi cabeza, cosas que no he aclarado, por miedo, porque de una u otra manera me confunden, pero creo que ya es hora de afrontarlas.- dije.
Sandra me miraba consternada, intrigada, con miedo…y me dijo:
-Sabes no te entiendo ni un carajo, dime qué pasa, dímelo de una vez y déjate de tonterías…¡con quien estas saliendo!…dímelo de una vez, no soy ninguna estúpida.- vociferaba.
-A ver, en primer lugar, no soy tu brother de la esquina para que me hables de esa forma, o te calmas o me largo- yo totalmente enojado, echando chispas me levante de la banca y daba pasos cortos y presurosos, cual león enjaulado.
-Puedes dejarme terminar, no te voy a decir cualquier estupidez, lo que te voy a decir es muy importante para mí y quiero que lo entiendas.- dije tratando de no ofuscarme más.
Tome la pausa más grande, que en aquel momento se volvió eterna, no sabía por donde comenzar, trataba que entienda...no quería confundirla.
-Sandra creo que tengo vocación.... ¡¡QUIERO SER CURA…!!-
No hay comentarios:
Publicar un comentario