sábado, 20 de febrero de 2010

LA ORDEN

Alberto y Pablo sólo eran dos de una serie de miembros que eran parte de “La Orden”.
Podría citar versículos, capítulos bíblicos, frases, lemas, que de una u otra manera, expresen o describan lo que, en si, ellos eran, podría hablar días y no terminaría, por eso mejor remontarme a los hechos de aquel entonces.

La vida militar me cautivo, siempre me gusto una vida llena de exigencia, retos, donde uno realmente muestre de lo que está hecho, para mí, a mis quince años, no existía mas nada, ni un solo rastro de algo que se asemeje a ello, hasta que aquel dialogo ocurrió.

-puta madre ¿YO CURA? ni cagando- fue mi respuesta mientras reía ante el recuerdo de un simple cuestionamiento hecho por el ex cadete.

Una respuesta no muy sincera a decir verdad, en mi ya albergaba cierta simpatía por aquel grupo extraño de jóvenes, con un objetivo en común… ser distintos, nunca iguales, siempre mejores, creo que eso me llevo a identificarme con ellos. Pero su razón de ser, su enfoque era la realización personal desde un ángulo religioso notoriamente claro, había un objetivo, había un fin, habían razones por la cual luchar, había un ideal...

Mientras, recordaba lo que habían sido esos tres años en las canteras de “La Orden”, es decir dentro de “El circulo”, y como los había llegado a conocer.
Fueron buenos tiempos, fue una buena etapa llena de cambios, de apertura a nuevos horizontes, el ir encontrando un sentido a las cosas, el empezar a pensar y creer que hay algo más grande que el ahora y con miras a un mañana, de incursionar en un área muy alejada a mi y con el tiempo no menos importante pero que había venido siendo relativizada…lo espiritual.

La gente de “El circulo”, era gente común, asiduos participantes de las actividades religiosas juveniles, todas ellas organizadas por los miembros de “La Orden”, Considero que gran parte de mi madurez y visión de la vida y de las cosas fue moldeada ahí.

El ser parte de “La Orden” era ya algo más serio, era hablar de una vida religiosa, y no de cualquier vida religiosa, hablamos de una vida consagrada a Dios, una vida intensa, ruda, llena de exigencias y de retos, lugar donde cualquiera no entra, ambiente selecto, riguroso, extremo, idealista, radical, con un pie en la tierra y otro en el cielo, era así como se sentía, era así como lo veías...desde afuera.

Conforme pasaba tiempo con ellos me iba identificando más y más, tenia sentimientos encontrados, no podía tomar a este estilo de vida como opción, me tenía que ir, y así lo hice.
Aquel día, mi última salida con ellos, vimos una película y luego nos fuimos a comer, todos sonreían, hablaban, opinaban, fue interesante, pero yo ya tenía mis propios planes, sería un oficial de La Marina y punto.