lunes, 12 de abril de 2010

UNA CHICA LLAMADA DANIELA

Eran los tiempos más tranquilos de mi vida, yo, hombre suelto en el ruedo, sí, no tenía enamorada y en consecuencia no tenía que rendir cuentas a nadie.
Hacía algún tiempo que me había dado un break con Sandrita; mi trabajo y mis estudios me absorbían y ella no lo entendía, mi paciencia tuvo un límite y decidí dar un paso al costado de forma temporal hasta que las aguas se calmen, ella, aún sin comprenderme acepto mi requerimiento…se alejo.
Por aquel entonces no salía de forma frecuente con nadie, creo que ese fue un detalle importante, me encontraba con la guardia baja, mi corazón no estaba dentro de aquella caja de acero en donde con frecuencia lo suelo colocar y así evitar sucumbir al aflore de sentimientos que puedan enternecer mi alma y ablandar mi cerebro.

No buscaba enamorarme, ya eran años, durante los cuales, fui perfeccionando una técnica muy eficaz, la cual me había permitido salir bien librado de todo enredo sentimental del que me podía encontrar, técnica que fue madurando con el paso de los años y que había sido ya parte de mi.

Era verano, el sol arreciante y por momentos casi asfixiantes, en aquella época jamás pensé encontrarme en una situación como la que viví, de la cual no me arrepiento y si he de reconocer algo pues sería que “Me enganche”.
Sí, el hueso duro de roer sucumbió en brazos de quien menos esperó, no porque sea considerada una mujer inalcanzable o algo por el estilo, si no porque era una mujer prohibida.

Yo muy distanciado de diversos círculos de amistades, advocado a mis estudios y nuevo trabajo, vivía tranquilo y contento. Fue que por aquellos días me llega una invitación, un correo masivo de aquellos que busca reunir a la gente y así aprovechar para pegarse la bomba por la ocasión.

Un día, antes de la reunión, se me ocurrió salir a un bar con unos amigos, ahí hablando y contando nuestras hazañas y conquistas temporales, en uno que otro momento regresionando a etapas ya olvidadas, entretenidos en nuestros enredos anecdóticos y hablando de expectativas a corto y largo plazo.
No muy lejos de nuestra mesa, un grupo de chicas bailaban, de entre todas había una que atrajo mi mirada, ella de encantadora sonrisa, cabello lacio suelto, no muy alta…no muy baja…su tamaño era perfecto para mi, llevaba puesto una blusa de color celeste con un ligero nudo a la altura de la cintura, de ojos pequeños pero vivaces, pero era su sonrisa la que me mataba. Sin intención de perderla de vista fui a comprar una jarra más, esperaba en la barra cuando a unos metros ella se acerca a pedir un cigarrillo al barman, yo la observaba y fue un segundo en que nuestras miradas se cruzan, un segundo que para mí se volvió eterno y no quería que terminase, en aquel momento le entregan el cigarrillo que solicitó rompiendo ahí la conexión visual…ella me encantó. No pude evitarlo y la volví a ver, fue ahí cuando me vio y yo sonreí…eso fue todo. De pronto una de sus amigas la llamo y dijo:
-¡Daniela!... apúrate… ya vamos- haciéndole señas e indicándole que ya estaban de salida.

De ella solo me quedo una hermosa imagen y un nombre… Daniela.