sábado, 3 de abril de 2010

LA PROFE DE INGLES

Viviendo mi nueva etapa académica, rodeado de otro grupo de gente, mi vida a trotes presurosos avanza.
Por cosas del destino llego a conocer a Milagros.

Milagros una muy joven y guapa profesora del curso de ingles del turno noche, de ojos verdes, cabello castaño, de aparente seriedad, del tipo intransigente y estricta, de voz suave pero segura, con un buen señorío de si misma, hacía y deshacía a su antojo lo que mejor le parecía, con notorio poder dentro de la institución educativa, Milagros mantenía una relación muy discreta, pero a todas voces conocida, con quien en aquella época era el Jefe del Departamento Académico, he ahí donde radicaba su derecho auto otorgado de encargada en aquella área.

Por mi parte hacía lo imposible por continuar con los entrenamiento de Judo, acomodando mis horarios, evitando que se crucen y así no verme afectado en ningún aspecto. Mis padres en notoría oposición ante mis deseos de desarrollarme en los deportes de contacto, pues tratan de mantenerme al margen de los mismos, yo no permitiría que eso suceda, es así que me las ingenio para que no se enteren de mis entrenamientos clandestinos y así poder continuar con una de mis pasiones.
De hecho fue difícil mantenerlo oculto en un inicio, pues los golpes y lesiones tanto en el rostro como en extremidades, quemaduras por fricción en piernas y espalda no pasaban desapercibido, mi madre me observaba, sabía que no eran las famosas clases de guitarra por la cual ella pagaba en donde me hacia eso, salvo que creyera que yo era una bestia y que colmando la paciencia del profesor me hacía acreedor de algunos cuantos golpes, siendo eso, para ella, la única razón de ser de aquellas lesiones.
Sí, pagaba lo del Judo con mis supuestas clases de guitarra, clases que ha decir verdad eran de esquina, sentado con amigos y con los famosos funkies aprendiendo notas, canciones, ahí mi exigencia tenía que ser el doble, siendo casi casi un autodidacta en la materia musical.

Fue por un permiso especial que recurro al área académica, es ahí donde interactuó de manera directa con Milagros.
-Buenos días, me dijeron que aquí me podrían dar un permiso para mi ingreso a clases fuera de la hora permitida- le dije a aquella profesora que no levantaba la mirada mientras hablaba sobre mi solicitud.
-Sí, deja tu constancia y se revisará. Te avisaremos uno de estos días- me respondía sin siquiera mirarme.
-No puedo esperar tanto, esto es algo personal y muy urgente- siendo ya una exigencia y llegando casi a ser un reclamo, apoyo mis manos en el escritorio donde ella se encontraba, fastidiado por la indiferencia con que me trataba y el poco interés que le daba a mi situación exprese de manera notoria mi incomodidad.
Fue ahí donde levantó la mirada y dijo.
-Haré lo que tenga que hacer, siguiendo los procedimientos que requiera tu solicitud y te daremos una respuesta lo más pronto posible.- me puso la sonrisa más cachosa del mundo, yo aún de pie frente a su escritorio, fastidiado por la ironía la seguía observando, bajando la mirada continuo escribiendo y dijo.
-I am very busy .. can you leave me alone?-
-Thanks for your help. I wait for your answer, Thank you once again.
Mientras le respondía me observaba algo sorprendida, no se si por lo mal que hablaba el ingles o porque no se lo esperaba.
Devolviéndole la misma sonrisa que me dio durante mi reclamo…me fui.

Solo pasó un par de horas y ya tenía mi permiso aprobado, hasta ahí nada fuera de lo normal. A la semana siguiente la miss Roxana no llegaba a clases, cosa rara ya que ella era la persona más puntual que había visto. De pronto veo ingresar a Milagros, diciendo.
-Good morning chicos, a partir de hoy reemplazare a la mis Roxana quien se hará cargo del turno de la noche- Sí, Milagros de un día para otro le entraron las ganas de volver a ser profesora, ya que en la noche solo iba, dejaba una copia la cual repartía y se iba a su casa.
Durante los primeros días era como si yo no existiera en clases, nunca me llamaba para orales, ni para realizar los ejercicios al frente, en un inicio eso no me incomodo pero luego me preocupo…no quería ser odiado y por ende jalado del curso.

Un día durante la clase de Economía me mandan a llamar del Departamento Académico, era Milagros quien quería hablar conmigo, muy amable me hizo pasar y me planteo una propuesta que me sorprendió, ella fue directa y clara en todo momento.

-Mira, están buscando personal para el área de producción, ¿te interesa?-

Producción...el área soñada, el corazón de cualquier industria, es ahí donde uno observa y participa de manera directa de la transformación de la materia prima en producto terminado, un área que me cautivaba y a donde aspiraba llegar…aunque nunca tan pronto.

-Claro que sí, ¿Donde me tengo que presentar?- fue mi inmediata respuesta
-Bueno tienes que irte ahora a esta dirección- alcanzándome un post-it.
-el proceso es hoy- me dijo.
-¿Hoy? Pero estoy en clases y no me encuentro vestido de forma adecuada- tenía 17 años y como era de esperarse pues un buen polo, Jean y zapatillas son suficientes.
-Mira, solo ve…y por tus cursos no te preocupes, yo me encargo- no lo pensé dos veces, subí corriendo tomo mis libros y cuadernos y salí volando de ahí.

Llegue a la dirección indicada, encontrándome con seis chicos, todos formalmente vestidos, definitivamente era el lunar, me sentía súper incomodo, pero no me quedaba de otra ya estaba ahí. Otro aspecto que me llamo la atención fue que ellos eran notoriamente mayores yo y con experiencia ya dentro del sector.
Hasta ese entonces nunca había trabajado, no conocía una industria por dentro, no sabía nada. Veía como uno leía un libro como si fuera a dar un examen, otro rezaba, un gordito bonachón sudaba a chorros, por mi parte lo único que me preocupa era que no estaba vestido para la ocasión.

Pasamos la entrevista individual, habían transcurrido más de dos horas, y de pronto en la sala sólo nos encontrábamos tres, el lector, un intelectual egresado de la carrera de Administración, el devoto, estudiante del ultimo ciclo de Administración y que comento que había pedido permiso en su trabajo para asistir a la entrevista y por último yo, sí, el mamarracho, en una entrevista con polo, Jean y zapatillas estudiante del segundo ciclo y sin ninguna experiencia de por medio.

Para mi ya era toda una hazaña haber pasado el primer filtro, ahora el tema se complicaba un poco más, nos metieron a los tres en una gran sala de reuniones, en frente nuestro estaba el Jefe de Producción, el Jefe de Recursos Humanos y el Gerente.
Nos bombardearon de preguntas, parecía uno de esos programas concurso que salen en la tele en donde gana el que más respuestas acertadas tiene.
Era agosto del 97, no podría olvidar esa fecha, de todos ellos me terminan eligiendo a mi, a veces pienso que fue el devoto quien con sus oraciones pedía por mi diciendo: “…Perdónalo señor, es un muchacho joven e ingenuo, ayúdalo...”

A partir de eso empecé a entablar una buena relación con Milagros, sentía que me había ayudado, me pareció raro que no dijera a más compañeros de salón, quienes eran tan buenos o mejores estudiantes que yo.
Fue luego que entendí el porque, al iniciar mis labores en aquella industria me di cuenta que era un puesto para egresados o estudiantes de los últimos ciclos y yo ni enterado.

Después de eso creí que ella se merecía mi confianza, pero un solo hecho no debía nublarme, me equivoque, no era amistad lo que ella buscaba y no tardaría mucho en comprender que era lo que realmente quería.