lunes, 24 de mayo de 2010

UN RADICAL Y APRESURADO ADIOS

Disimular mi desconcierto es posible, lo que no comprendía y a lo que no podía ser indiferente es como en unos minutos toda una serie de sensaciones y expectativas se vinieron abajo cual castillo de naipes.
El conocer a alguien en un lugar, como un bar, y volverse a topar con ella es poco probable, pero volverse a topar con la misma persona y que esta esté comprometida y con uno que fue en algún tiempo tu mejor amigo pues déjenme decirles que…. suena imposible.

-Hey… Mateo ¿no vas a felicitarme? – me dijo Pepe, yo con sonrisa congelada me acerco y le doy la mano chocando solo un ladro de nuestros hombros.
-Felicitaciones maricón, ya era hora, por fin dejaremos de cuestionar tu virilidad… ¿eso espero?- diciendo esta última frase con una sonrisa la cual fue directa a Daniela, ella sonrió también.
En ese momento los veía y para mí no eran la pareja perfecta, pero quizás solo era mi idea o un deseo muy personal.

Daniela, chica complaciente, inteligente, emprendedora, de mente positiva, ceñida a las normas, idealista y soñadora, de objetivos claros, ambiciosa, con no mucho tino para decir las cosas siendo este su punto más flaco, de ojos pequeños, con unas piernas espectaculares… me encantaban, de test clara y mediana estatura, voz chillona, escandalosa como ella sola, emocionalmente estable, con una gran capacidad para relacionarse con las personas pero celosa en extremo y engreída como nadie, esas eran algunas de sus características más saltantes.

Después de ese evento la frecuencia con la que nos cruzábamos era mayor, considero que era una casualidad casi forzada… ¿Porqué? me gustaba verla.
Definitivamente después de la presentación que Pepe nos hizo pues mi actitud cambio, el mantener la distancia hacía más compleja mi postura, la evitaba, no la miraba a los ojos, muchas veces hasta me sentía incomodo tenerla cerca, no sé si ella lo notaría.
Pepe llevaba poco tiempo con Daniela, pero para él era suficiente como para pedir su mano, se sentían seguros de ello al parecer o al menos eran lo que reflejaban.
Ella ya era parte del grupo, Daniela iba a las reuniones por su cuenta y en muchas de ellas la vi sola, sin compañía de Pepe, era algo que me sorprendía de sobremanera.

Fue en una de esas reuniones en la que todo empezó, fue en uno de esos momentos en los que todos salen a bailar y de pronto nos vimos solos… ella y yo, sentados uno frente al otro.
Ese día hablamos toda la noche, yo la pase muy bien, comentando de todo un poco, riéndonos de anécdotas que cada uno pasó en situaciones y con personas distintas, en realidad fue el inicio de algo que se veía venir.
Esa fue la primera de un sin número de noches que vinieron después…sin darme cuenta ya estaba involucrándome con ella, todo fue tan rápido, tan sutil pero no sorpresivo porque quizás también era lo que yo quería, sí, una cosa lleva a la otra, el primer beso robado en una de nuestras tantas salidas…un beso mágico, que despertó mi imaginación, hablando mi mente y mi corazón, olvidé que estaba comprometida, olvidé que era novia de mi mejor amigo, olvidé que no debía porque realmente yo quería.
Todo era muy extraño, al conocerla era como si ella fuera la mujer de mi vida, la que debía estar a mi lado, mi complemento perfecto, el engranaje que calzaba en mí.

Ella solía mirarme, sonreía, me abrazaba, me decía que yo ere el hombre que también tanto buscó, que era muy importante para ella, que me necesitaba, que dejaría todo atrás porque realmente quería ser feliz...no por mí, por ella. Yo la miraba, la oía, pero dentro de mi aún la incertidumbre me embargaba.
Muchas cosas giraban en mi cabeza, yo sabía lo que quería y se lo decía con frecuencia, pero ella ¿lo sabría?, ¿sabría lo que realmente ella buscaba?, eran las preguntas que siempre aparecían en los momentos más complicados, momentos que no estaba conmigo pero si con Pepe.

Con Daniela había ya pasado momentos maravillosos, nuestras citas clandestinas eran siempre espectaculares, a pesar que con frecuencia terminaban llenas de cuestionamientos, siempre la pasábamos muy bien. Recordaba, y claro cómo olvidar, la primera noche juntos, el miedo la inundaba, veía reflejado en su rostro por la tarde la seguridad y firmeza de un roble cuando confirmo nuestra primera noche especial, pero llegado el momento temblaba como una hoja a merced del viento. Fue una noche que no olvidaré, que me hizo soñar, que me hizo llegar a pensar en un futuro no muy lejano con ella…fue la noche que un miedo se rompió y se abrió paso a una nueva etapa…una etapa de buscar amar...un amar de verdad, lleno de esperanzas y sueños…expectativas, sí, así fue.

Recostados en la cama, ella sobre mi pecho el cual pareciera que buscaba oír mi latir...como si tratara de saber si ella se encontraba dentro de mí. Fue una de esas noches donde me dijo.

-¿Sabes que es lo que quiero?- mientras lo decía se paró de la cama y se dirigió hacia su bolso, mientras yo miraba su maravilloso cuerpo, su gracioso andar, su cabello siempre sujeto para que no interrumpa el recorrido de mis labios por aquellas partes que la hacían estremecer y erizar su piel, para que no oculte lo bello de su rostro, para que no rompa o corte el momento…nuestro momento.
La vi volver con un pequeño cuadro entre manos, se volvió a sentar a mi lado y dijo:

-¡Esto es lo que quiero! ¡Este es mi sueño! Es lo que visualizo- yo veía una imagen dentro de aquel cuadro, veía a una pareja feliz, una casa al fondo con grandes palmeras, que eran iguales a los condominios de Miami, en la puerta de la misma un carro si no me equivoco era un Jaguar, un perro y niños jugando.
-Esto es lo que quiero, a esto quiero llegar, lo enmarque hoy y lo pondré en mi escritorio, así será nuestra vida- yo miraba el cuadro, la miraba a ella y volvía a mirar el cuadro, un cuadro donde era una pareja que no era ni ella ni yo, un sueño que podría visualizarlo con cualquiera, que lo compartía conmigo sí, que me lo proponía a mí, pero ahí no estábamos los dos, si no otros.
-Bonita foto, si me parece bien- fue lo único que dije, no dije más nada, pero si lo pensaba.

Ideas invadían mi mente, giraban como un huracán, ahora pensaba y veía como los días pasaban y una boda se aproximaba... y ella no decía nada.
No quería presionarla, quería que ella maneje todo, me dijo que se alejaría que lo haría, que acabaría con toda esa farsa, porque lo de ella era costumbre e ilusión.

Para mí todo seguía igual, no le preguntaba nada al respecto, esas eran sus cosas, cosas que tenía que solucionar ella sola, pero yo ya estaba en medio y de por si era complicado, lo único que me quedaba era sólo esperar el momento, que hiciera lo que para ella era lo mejor.

Habían pasado ya algunas semanas cuando se aparece Pepe en mi casa muy tarde, toco la puerta y lo hice pasar, no sabía lo que quería, no sabía a qué venía, lo veía algo tenso, su ingreso fue muy raudo y veloz, estaba parado en mi sala, tomo aliento y dijo.
-Mateo, disculpa la hora, pero quería hablar contigo, esto es muy importante y no es cualquier huevada- lo veía que caminaba por toda la sala, no comprendía aún que era lo que me iba a decir, por un minuto pensé que lo sabía, que se había enterado de todo, que venía a arreglar las cosas como hombres. Yo preocupado pues no quería ningún escándalo dentro de mi casa, me pare delante de él y le dije.
-¿Puedes hablar de una vez? o ¿prefieres que vayamos afuera?- mi mirada era seria, pero la de él era evasiva, muy esquiva. Yo parado frente a él con los brazos cruzados observando todo sus movimientos cuando entonces hablo.
-Mateo, quiero que seas mi padrino de Bodas- me quede helado, lo miraba, yo, totalmente confundido sin saber que decir me senté en el mueble, lo peor vino después.
-Vengo de la casa de Daniela y justo le comente la idea-
-¿Ella que te dijo?- fue mi inmediata pregunta.
-Nada que sí, estaba de acuerdo.-

No sabía que decir en ese momento, no sabía que pensar, Daniela continuaba siendo parte de una boda que supuestamente cancelaria y lo peor de todo quería que estuviera presente.
Daniela, para mí, no era cualquiera, yo estaba enganchado, si enganchado con ella, mi corazón latía al ritmo de su respiración, en mi mente y sueños la veía a ella.
Pepe muy pronto saco de su casaca un sobre…era la tarjeta de su boda, todo seguía en pie y yo en medio de los dos, extendió su mano y me dio la tarjeta.

Aquel día muy sutil y diplomáticamente le dije a Pepe que no podía aceptar tamaña responsabilidad, que no me sentía digno y que estaba muy agradecido por su propuesta que nunca la olvidaría, tuve que decirle eso, porque la verdad era que me sentía como un hijo de puta y como un huevón, pero eso no tenía que saberlo él, me bastaba con saberlo yo.

Aquella noche, después que se fue Pepe, de seguro pensando en quien pedir que sea su padrino, rompí la tarjeta, prendí un pucho y me chupe media botella de whisky, un chivas, que mi viejo tenia ahí guardado para eventos especiales, este era uno, el destierro de Daniela de mi vida. Sí, me iría sin despedirme, me borraría del mapa y los dejaría ser felices.

Pero la verdad es que Pepe no me había contado la historia completa, historia que sólo supe años después y que el tiempo se encargaría de esclarecer.