miércoles, 22 de septiembre de 2010

RECUERDO QUE SE CONVIRTIO EN HISTORIA Y NO EN GEOGRAFIA

Aquella mañana de resaca, me propuse desechar todo aquello que ya no me servía, comencé tirando al suelo todo lo que estaba sobre mi escritorio. Encontré miles de papeles, recibos, voucher y un sin números de cosas que en realidad no le veía el sentido de continuar teniéndolos.

Me senté al borde de la cama y empecé a hacer terapia…rompiendo papeles.
-Sirve, no sirve, sirve, sirve, no sirve…- eran las palabras que decía mientras eliminaba cada uno de ellos, de pronto…en una hoja cuadriculada doblada en mil encontré lo que menos esperé…un poema que le había escrito a Daniela cuando se presento nuestra primera rencilla y breve distanciamiento.

Un cielo vacio y oscuro
¿Acaso habla de la no existencia de estrellas?
Pues no...Ellas ahí se encuentran
Poco o nada visibles...pero ahí están.


EL EMBRUJO DE UN BESO

Si uno mirara directo a tus ojos
cuenta se daría de lo bello y expresivo que son,
pues mirada como la tuya no se encuentra.

Sonrisa contagiante...
de solo mirar tus labios
provoca acercarse lentamente
y robarte un beso... deseo
eso es lo que ahora quiero.

Que desdichado el hombre que lo haga
pues perdido quedará,
porque cruel hechizo llevan aquellos labios,
que con el simple roce ya otros no querrás,
ya otros no recordarás,
ya en otros dejarás de pensar
y solo con aquellos anhelante vivirás…

Por favor, rompe aquel embrujo
Pues me mata y resquebraja
Porque soñando en ellos duermo…
Pensando en ellos me levanto
Sin dejar de olvidar
ni por un segundo de cuanto te extraño
porque no estás a mi lado.


Terminando de leer aquel sencillo, recordaba todos los locos momentos que pase con ella en su viejo auto, la madrugada, cómplice de nuestros encuentros, las calles solitarias testigo de sus locos gritos de amor, nuestras eternas conversas, nuestras interminables despedidas, canciones dedicadas que tocaron lo más profundo de mi corazón…sí, eso y máS pero que ahora sólo eran recuerdos, no muy lejos se convertirían en historias…sí, eso…sólo eso, historias de amor…un efímero amor.

Mirando aquel poema me dije:

-No….no sirve- y lo rompí.

Al rasgarlo llego a mi mente la sonrisa de Sandrita, a mis casi 18 años aún no olvidaba a aquella chica que de la manera más inesperada, ingeniosa y tierna se acerco a mí. Pero no era el momento adecuado de buscarla, ya que había un capitulo de mi vida por cerrar.

Las campanas de una boda sonaban en mi mente, los aplausos, las sonrisas, los flashes de las fotos serian para ellos, había una cierta desazón pero a la vez tranquilidad, porque sabía que ella no era para mí, se casaría, se quedaría con él y sería feliz.

Ya habían pasado más de diez años…todo había quedado como experiencia, muchos gratos recuerdos, que por cierto hasta olvidados creía.
Fue una tarde haciendo compras en un supermercado donde escucho aquella chillona pero graciosa voz…sí era Daniela, de la mano de dos niños, iban cantando… sonreían.

Estoy seguro que me vio, tan seguro de cómo yo haberla visto a ella…fue en ese instante que sentía que tiraban de mi saco, volviendo mi mirada hacia abajo escuché la voz más tierna de este mundo que preguntaba.

-¿Quiénes son? ¿Los conoces?- Con una enorme sonrisa le respondí.
-No mi amor, no se quienes son- mirándola fijamente a los ojos le dije.
-Pero lo que sí sé es que Papá te ama.-